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"Caída y ascenso de las estructuras de poder en la Alta Edad Media", por VV. AA.

Editorial La Ergástula
Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez
martes 27 de julio de 2021, 13:00h
Caída y ascenso de las estructuras de poder en la Alta Edad Media
Caída y ascenso de las estructuras de poder en la Alta Edad Media
Estamos ante otro magnífico esfuerzo literario, como todo lo que presenta esta editorial madrileña. La contraportada define el plan del trabajo, y no me resisto a citarlo sensu stricto.

Durante los siglos posteriores a la desaparición del Imperio Romano, sobrevino un complejo período de fragmentación política. Durante los siglos V al XI, la caída y auge de nuevos reinos en el Mediterráneo occidental necesitó de variados mecanismos de legitimación para implantar su dominio sobre otras comunidades. Para ello, esgrimieron diferentes estrategias adaptadas a las necesidades de cada realidad geográfica y territorial con el fin de presentar a los diversos gobernantes como herederos de un orden antiguo, dentro de una concepción teleológica y providencialista de la Historia”. En la página 96 se cita taxativamente, que el reino asturleonés se encontró siempre en clara desventaja con los mahometanos. Este término inexistente en las crónicas, e inventado por un castellanista como Sánchez-Albórnoz, está sometido al consenso historiográfico, y me sorprende y encocora este hecho. Pero si consideramos que Ordoño I o Alfonso III el Magno, reyes ya de León, ocupan esa denominación, no fueron vencidos nunca por los musulmanes; y sí el calificativo es de Ordoño II o Ramiro II, monarcas y emperadores de León, renuncio a analizar el término.

Como es de esperar Castilla aparece sensu stricto, siempre genial e individual, ironía pura y dura. Se indica, taxativamente, como se iban explotando las múltiples debilidades del Estado cordobés. A partir de mediados del siglo IX, en función del poder del ya Regnum Imperium Legionensis, el territorio se va reconquistando, utilizando las formas de cabalgada lenta, del asedio y de la batalla sensu stricto. Según el Epitoma rei militaris el campamento se debe construir en un lugar próximo al enemigo, y el lugar debe tener abundante madera, pasto para los caballos y agua, además es necesario que el lugar sea muy salubre. El capítulo de Giovanni Collamati relativo a los monarcas anglosajones es de mucho interés; sobre todo por lo interesante de los personajes a analizar, uno es el rey Eduardo “el Confesor”.

El problema de los historiadores, que se acerquen a esta época, estriba en que solo existe un mínimo porcentaje (18%) de los casi dos mil textos que han llegado hasta ahora, que se conservan en cartularios redactados con posterioridad a la batalla de Hastings. Es muy eximio que toda la documentación diplomática es definida como “la voz del rey”. El rey Alfredo “el Grande” reconstruyó el reino de Wessex, resistió a los vikingos daneses, y se dedicó a la preservación y el fomento de la cultura escrita. Alfredo tiene la certidumbre de que es el primer soberano anglosajón que se considera, paladinamente, como el monarca de todos los anglosajones libres. Solo se han conservado, menos de veinte documentos, sobre este reinado, y la titulación regia es Rex Anglorum et Saxorum. Como historiador leonés y leonesista, que sigue rigurosamente la historia del imperial Reino de León, deseo acercarme al capítulo dedicado al rey Alfonso V de León “el de los Buenos Fueros”, del profesor Díaz-Plaza y Casal.

Está claro que, por ser rey de León, no tiene interés preferente para la historiografía, pero para mí lo es, y el capítulo lo merece muy mucho. Este soberano crea la legislación de la Plena Edad Media más paradigmática de la época, EL Fuero de León del año 1017. “Así, la ‘Historia Silense’ recoge apenas un esbozo del periodo de gobierno de Alfonso V, señalando, sin más, que fue un hombre justo y piadoso con los pobres y que murió, debido a un flechazo, en el asedio de Viseo al quitarse imprudentemente la armadura por el calor”. El obispo legionense Pelayo de Oviedo, indica que repobló León. Está claro que asciende al imperial trono legionense cuando muere, año 999, su padre Vermudo II de León; por lo tanto es un niño que debe restañar las heridas de aquel dictador sanguinario que fue Almanzor. Cuando sea rey de León, Fernando I, vengará la muerte del monarca leonés al cortarle las manos al saetero regicida de Viseo. “Así, a la muerte de Vermudo, le seguiría la inmediata proclamación y unción regia de Alfonso V en el trono de su padre”.

Ya en un documento de abril del año 1007, el soberano de León es presentado, sin ambages, como restauratoris et defensoris atque edificatoris catholice Ecclesie. Corrección reiterada a la pseudotitulación de la inexistente monarquía astur-leonesa, en la página-147. El objetivo de la recuperación del poder público, según se entiende en el neogoticismo, se refiere a la protección de la Iglesia católica, en función de cuatro parámetros: el goticismo ideológico del poder regio+la recuperación de la justicia+la restauración de la Iglesia+la idea del reino. Todos los capítulos presentan un epígrafe dedicado a las aclaratorias conclusiones; y en el caso de este capítulo el gran rey de León, Alfonso V, consigue recuperar el calificativo de rex legislator. Me gusta la frase de devolver al corral regio a Castilla; y es de agradecer el calificativo de notable para este soberano. En suma léase este libro, que merece parabienes y lisonjas sin cuento.Venari, lavari, ludere, ridere hoc est vivere”.

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