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Katerina Gogou
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Katerina Gogou

Katerina Gogou: La “niña terrible” de la poesía griega

Por Pilar Úcar Ventura
martes 07 de septiembre de 2021, 13:00h

Katerina Gogou fue actriz de teatro y de cine, famosa por sus papeles de estereotipos femeninos a los que imprimía su propio carácter de mujer sin ataduras políticas, lejos de las corrientes conservadoras y escritora de poemas sin título, exprime la verdad indignada por un “orden social establecido” contra el que grita en versos sin compás, iracundos y desgarradores.

“ Y de todo lo que leí …

solo una cosa retengo:

“lo que importa es permanecer humano…

No llores. Tú eres la esperanza”

Versos más que realistas, reales y sinceros: desde la íntima profundidad de una poeta que conoció hasta el túetano el barrio de Exarcheia, epítome de la anarquía en unos tiempos en que primaba el orden estricto, en su Atenas natal. Katerina Gogou nació en 1940. Todos sus poemarios le brotan de una rabia contenida, que al final se desparrama en un alarido aterrador. Quizá se atisbe cierta luz pero ella no pudo más con su vida y la cruzó sin mediar palabra: se suicidó de una sobredosis de pastillas y de alcohol a los 53 años de edad.

En su obra se atrevió a hablar, como nadie hasta entonces, del “lado oscuro” de Atenas: la prostitución

Famosa actriz de la época, su pasión consistía en escribir versos, de forma narrada, sin rima, sueltos, blancos y asincopados. Su poesía azota conciencias y modelos políticos sin compasión, a modo de una bestia amordazada. Sin preámbulos que anticipen ni prevengan al lector, nos sumerge en el abismo más hondo. Casi herética. Rebelde y contestataria, anárquica vital y convencida; en 1978 publicó Three Clicks Left ('Τρία κλικ αριστερά') su primera colección de poemas. Se devanó el seso y las entretelas literarias para dar sentido a su existencia, porque nunca deseó evadirse de unas circunstancias que la atenazaron: desde su difícil infancia en la que padeció la hambruna de un país ocupado tras la guerra mundial, sin alimentos y con miles de muertos en la capital, hasta la censura más cerril de su obra por parte de las autoridades gubernamentales. Díscola y poco dada a plegarse a unos dictados que marcaban el terror policial, llenaban campos de exiliados y atiborraban islas de prisioneros por sus ideas; sus datos biográficos se encuentran dispersos y quizá sea su producción no solo poética sino también su trabajo cinematográfico los que más y mejor aporten una auténtica semblanza de la escritora.

La mayoría de sus obras componen un cuadro de lo más personal, reflejo de un carácter indómito, implicado y consecuente con todas las circunstancias del momento que le tocó vivir y que no dudó en criticar desde su perspectiva de combate activo: la comodidad pequeño burguesa que olvidaba los principios revolucionarios, la vida marginal y castrante de las prostitutas, el poder y la explotación jerárquicos.

Junto a los compositores Pavlos Sidiropoulos y Nikolas Asimos forman el grupo de los tres artistas radicales que melodiaban sus composiciones líricas. Su funeral concitó a miles de personas que rendían homenaje a una luchadora impenitente.

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