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Luis Miguel Sánchez Tostado
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Luis Miguel Sánchez Tostado (Foto: cortesía del autor)

Entrevista a Luis Miguel Sánchez Tostado:La incultura hace que las pasiones estén más sujetas a la emoción que a la razón"

Autor de “La cuarta bestia”
Por Javier Velasco Oliaga
miércoles 03 de noviembre de 2021, 22:00h

Luis Miguel Sánchez Tostado es un conocido y respetado historiador jienense y criminólogo. A los muchos libros que lleva ya publicados ahora añade una novela ciertamente muy interesante, donde realiza una mezcla de géneros que va de la novela negra a la histórica, de la novela de no ficción a la ensayada. Su título es “La cuarta bestia” y que acaba de ser publicada por la Editorial Almuzara.

Luis Miguel Sánchez Tostado
Luis Miguel Sánchez Tostado (Foto: cortesía del autor)

El próximo día 10 de noviembre la presentará en el certamen de Novela Histórica de Úbeda -el más reputado del género- y ha despertado el acto mucha curiosidad por haber sucedido en tierras de Jaén. En la singular obra narra uno de los crímenes más escalofriantes perpetrados el pasado siglo. La acción discurre a caballo entre los siglos XIX y XX y es un fiel mosaico de cómo se vivían en aquellos años de desolación y caciquismo, reflejo de una sociedad que vivía unos momentos políticos convulsos. Con acertada pluma, describe los hechos recreándose tanto en lo costumbrista como en la investigación de aquellos acontecimientos que helaron el corazón a gran parte de la población española incluido al gobierno de la nación. En la entrevista, Sánchez Tostado nos da algunas de las claves de su novela sin descubrirnos lo que realmente pasó.

Autor de 37 libros y galardonado en 19 certámenes. Ha escrito sobre divulgación histórica, ensayos, cuentos, memorias y ahora novela. ¿En qué género literario se encuentra más a gusto?

Mi especialidad es el ensayo, género al que pertenecen la mayoría de mis obras, pero en los últimos años estoy sintiendo una especial inclinación por la narrativa de ficción y la novela ensayada.

La cuarta bestia” conjuga varios estilos. ¿Le gusta utilizar el mestizaje de géneros en sus obras”?

La cuarta bestia” es género negro, pero también encaja con la narrativa histórica por cuanto se ambienta en un periodo muy significativo de la historia de España, entre los siglos XIX y XX, y también con la novela ensayada porque está basada en un crimen real. Se han respetado los personajes históricos reales, los lugares, las fechas y los sucesos, por lo que estamos ante una novela de no ficción. Creo que su éxito estriba en presentar un hecho real con la intriga y el suspense propios de un thriller de ficción.

Usted conoce perfectamente la historia contemporánea de Jaén, sobre todo de la guerra civil y del maquis. ¿Cuándo se le ocurrió ir hasta finales del siglo XIX y escribir sobre el crimen de Pedernales?

Fue precisamente investigando la figura legendaria del maquis Tomás Villén “Cencerro” cuando me topé de casualidad con esta tremenda historia. Años atrás recogía testimonios de ancianos en Castillo de Locubín y una señora muy mayor me contó aquella historia de 1898. No podía creer que un caso tan espeluznante, que marcó un hito en los fastos de la criminalidad, no se hubiera documentado ni divulgado. Con el tiempo retomé esa historia pendiente y, cuando reuní información suficiente, decidí contar aquel insólito caso en forma de novela.

¿La investigación del libro es tal y como cuenta en el libro en primera persona?

Sí. Comencé buscando documentación judicial en los archivos de Jaén y Granada. Luego indagué en los fondos de la Chancillería de Granada, que fue donde se celebró el juicio. Allí robaron en su día el sumario, pero encontré la sentencia íntegra. Después, en la Hemeroteca Nacional de Madrid, busqué todo lo que se publicó en los periódicos de la época. Se escribió mucho sobre el caso entre 1898 y 1902, sobre todo en torno al juicio y las ejecuciones con garrote vil. El caso fue tan sonado que llegó hasta el Consejo de Ministros y sobrecogió al presidente Sagasta. Incluso Emilia Pardo Bazán lo cita en una de sus obras.

¿Cómo decidió la estructura de la obra?

Al principio iba a escribir un ensayo, pero pronto me di cuenta que la carga dramática de aquella historia invitaba a contarla de otra manera. Tenía suficientes atractivos para presentarla con suspense, jugar con la intriga, y decidí utilizar el flashback con dos historias intercaladas y distantes en el tiempo. Funcionó bastante bien.

Tenemos en la novela dos narradores. Su propia voz en primera persona y otra voz omnisciente, que se alimenta de los recuerdos de don Virgilio. ¿Por qué decidió utilizar ambas voces?

La voz omnisciente en tercera persona se utiliza para los capítulos del siglo XIX, y la primera persona en los del siglo XXI, puesto que es el autor quien lo protagoniza con su entrevista al viejo abogado don Virgilio.

¿Se consigue así mayor tensión?

Efectivamente. Pienso que además se enfatizan las fronteras del flashback creando dos historias completamente distintas con dos ritmos diferentes y, al mismo tiempo, relacionados entre sí.

“Incluirme en la novela me pareció la forma más aproximada a cómo se llevó a cabo la investigación histórica”

El que aparezca usted en la novela, es un recurso de autoficción que en España han utilizado Javier Cercas o Lorenzo Silva. ¿Se ha encontrado cómodo haciéndose protagonista de su novela o le ha dado pudor?

En mi caso no es auto ficción. Durante muchos años he entrevistado a muchos ancianos para mis obras. Tengo decenas de grabaciones de aquellas entrevistas. Algunos me aportaron valiosos testimonios, sobre todo en mis trabajos en torno a la guerra civil, la guerrilla antifranquista, el exilio, determinados crímenes, etcétera. Incluirme en la novela me pareció la forma más aproximada a cómo se llevó a cabo la investigación histórica. No tengo por qué sentir pudor.

La novela tiene un formato de thriller, capítulos cortos, sospechosos que van cambiando, diferentes tramas, etc. ¿Considera su novela un thriller negro?

Encaja perfectamente con el thriller negro y sus elementos tradicionales: un asesinato planificado, una investigación policial o judicial, una atmósfera decadente, personajes oscuros, diferentes sospechosos y desenlaces dramáticos.

¿Qué tiene de costumbrista “La cuarta bestia”?

La obra está muy documentada en cuanto a usos y costumbres de aquel tiempo en la Sierra Sur, desde las tradiciones locales de antaño, hasta las antiguas teorías criminológicas como las de Garofalo o Lombroso, desfasadas hoy, pero realmente pintorescas que se aplicaron en el juicio contra los procesados.

La novela tiene diversas partes, una investigación criminal, una trama judicial, etc. ¿Alguna le ha resultado más difícil que otra a la hora de narrar la historia?

Ha sido más cómodo trabajar sobre información conocida a través de soportes documentales como las crónicas periodísticas. Lo más difícil fue encontrar los nexos de unión entre los episodios donde no había un fondo documental previo. En estos casos recurrí a una ficción deductiva basada en indicios, intuición y memoria popular. Aunque esos capítulos de ficción no alteran la trama, sí fueron especialmente dificultosos, precisamente porque evitaba altera el desarrollo de los acontecimientos reales.

El presentismo tiende a devaluar la narración histórica, le resta enteros

Utiliza en la novela un lenguaje propio de comienzos de siglo. ¿Es importante huir del presentismo en una novela como la suya?

El presentismo tiende a devaluar la narración histórica, le resta enteros. Hay que documentarse bien, trasladarnos a aquellos años, describir la sociedad de entonces, sus hábitos y costumbres, captar el espíritu de la época, la interdicción de anacronismos e introducir al lector en una atmósfera histórica constatable y, por tanto, creíble.

¿Ha tenido que documentarse sobre cómo discurrían los juicios a comienzos del siglo pasado?

Evidentemente. Me topé con la ausencia del sumario judicial, que sin duda alguien hizo desaparecer para evitar que se conociera escandalosos detalles. Sin embargo, tuve la suerte de encontrar valiosos testimonios hemerográficos pues, debido a la expectación que desató el caso, los periodistas cubrieron con gran detalle el juicio y publicaron casi literalmente las exposiciones de los magistrados, el ministerio fiscal, las defensas, los peritos y los testigos. Incluso las interesantes batallas dialécticas de los letrados.

Uno de los personajes que más me ha gustado es la esposa del juez municipal. Esa fijación por la mirada de los criminales hace que se descubra al culpable. Como criminólogo, ¿ha disfrutado perfilando ese personaje que es el más psicológico de la novela?

Es un personaje muy interesante. Hay personas intuitivas que tienen una especial habilidad para leer en los ojos, porque son las ventanas por donde el alma se asoma a la vida y desvelan emociones que las bocas silencian. Saber interpretarlos es todo un arte. Cuando trabajaba en Instituciones Penitenciarias, un día un interno me preguntó por qué sabía que me había mentido, me preguntó quién me lo había dicho. Cuando le dije que los delatores fueron sus ojos no supo qué decir. Deberíamos prestar más atención a los ojos y menos a las palabras.

Es dura esa crueldad casi animal de los asesinos. ¿Eran unos tiempos violentos o fue una excepción?

Por aquellos años la muerte estaba a la orden del día, los anarquistas tiraban bombas, los jóvenes se enrolaban en las guerras de Cuba y Filipinas y en los campos la gente se apuñalaba por cuestiones de lindes. El desastre del 98 no fue más que un reflejo de la crisis española marcada por el subdesarrollo, la injusticia social y la pobreza. Era un tiempo convulso en Europa, pero en España la situación se agravaba por el analfabetismo y la pobreza. Había un 70% de analfabetos y en zonas como Jaén o Granada, donde se producen los hechos, más del 80% de la población no sabía leer ni escribir. Esto hace que las pasiones estén más sujetas a la emoción que a la razón. En el ámbito rural estos problemas se agigantan con una sociedad profunda, hermética y muy religiosa. Las cuestiones de tierras fueron el origen de conflictos que van más allá de la razón, hasta el punto de producirse situaciones delirantes, como las que se describen en esta novela, que te ponen los pelos de punta.

¿Se ha sofisticado la crueldad desde los tiempos que narra en la novela?

La crueldad ha existido siempre, sólo cambian los procedimientos. En el ámbito rural la crueldad se encarna en ensañamientos, en los abusos de poder. En la actualidad la crueldad es más poliédrica, tiene muchos rostros, algunos nuevos como el bullying o los delitos tecnológicos, por ejemplo.

Los dibujos que incluyen el libro me parecen muy acertados. ¿De quién fue la idea de incluirlos?

Elena Ortega Yáñez es una magnífica ilustradora. Ya ilustró mi cuento infantil “El gnomo Tornasueños” para un proyecto solidario. Cuando leyó el borrador de “La Cuarta Bestia” me dijo que le encantaría ilustrarla, yo acepté y me sorprendió, porque ha sabido captar con precisión las secuencias de la novela y la atmósfera decadente de la sociedad decimonónica.

Tenemos entendido que se trabaja en un guion cinematográfico.

Sí, y es algo que me hace mucha ilusión. El director cine Luisje Moyano leyó la novela y le encantó. En seguida me propuso hacer un guion cinematográfico y en él trabajamos en este momento. Está quedando fabuloso.

¿Veremos pronto “La cuarta bestia” en la gran pantalla?

Pues ahora mismo estamos en el primer paso. En cuanto el guion esté concluido y registrado, junto a una memoria y un elenco actoral, se ofrecerá a productoras cinematográficas. Esta fase es más compleja y podría demorarse, pero tengo la convicción de que este proyecto de largometraje va a salir adelante.

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