Y hay que establecer una ‘lenta amabilidad’, para que el corazón lo sepa, para decir cómo eran las cosas, no solo por sus términos y vocablos, sino para que el concepto se aclare en las sombras, para que la sensación no sea de absoluto vacío.
Si las palabras desaparecen, el silencio duele. Desaparece también la memoria, decir te quiero, te necesito, ayúdame, compréndeme en mi calvario.
No se puede luchar contra el tiempo, eso es verdad. ¡Cuántas veces afirmamos sin género de dudas, ‘yo firmaría por llegar así’ cuando vemos a un anciano o anciana nonagenarios estar en plenas facultades, al menos mentales! Teniendo en cuenta, también, que a medida que vamos perdiendo a esas personas se nos va degastando la memoria, la historia personal de cada uno, lo que vivieron, las experiencias únicas e irrepetibles.
Por eso tienen que contarnos y tenemos que preguntar. Tenemos la obligación emocional de saber, de conocer, antes de que las palabras pierdan su significado.
Una delicada puesta en escena que acompaña a Gloria Muñoz con otros dos intérpretes de probada sensibilidad y solvencia como son Macarena Sanz y Rómulo Assereto, que pone un nudo en la garganta que nos impide pronunciar bien las lágrimas que se nos quedan a pie de lagrimal en el aplauso final, contundente y sincero que provocan.
La afasia que padece la protagonista no solo es una enfermedad constatada, sino que es una metáfora de la necesidad de expresar, del aislamiento y soledad e incomunicación que sufren muchos de nuestros mayores. Porque si no es por la afasia, es por la sordera, que también hace estragos.
Como trama paralela está la necesidad de agradecimiento, Las gratitudes, reconocer a aquellas personas que hicieron algo por nuestras vidas, que nos ayudaron, que pasaron dejando una huella indeleble que, en muchos casos, hicieron que fuéramos como somos. Y cuando alguien se preocupa por alguien, deja de ser un extraño. Forma parte de nuestro ser, diríamos que se convierte en familia, en el concepto noble y empático de lo que supone una familia bien avenida.
Con dosis de humor, precisamente por la equivocación en el lenguaje, en las palabras mal colocadas, es perfectamente entendible si hablan de canapés de sermón y chichones, por ejemplo. Sí, a la hora de dar las gracias, y como nos decían nuestros progenitores, “¿cómo se dice?”: ‘muchas gracias, de mierdad’, y pudiéramos decir ‘muchas garcías’ por traernos este ‘trato’.
INFORMACIÓN
LAS GRATITUDES
Texto original: Delphine de Vigan
Dirección: Juan Carlos Fisher
Reparto: Gloria Muñoz, Macarena Sanz y Rómulo Assereto
Traducción: Pablo Martín Sánchez
Adaptación: Marta Betoldi
Escenografía y vestuario: Juan Sebastián Domínguez
Espacio: Teatro de La Abadía