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Nuestro poema de cada día
Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 27 de julio de 1898-Ciudad de México, 7 de diciembre de 1986).
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Concepción Méndez Cuesta (Madrid, 27 de julio de 1898-Ciudad de México, 7 de diciembre de 1986).

Dos poemas de los inicios poéticos de Concha Méndez

De las tres etapas que jalonan la trayectoria poética de Concha Méndez (juventud y vanguardia; guerra civil y exilio; intimismo y reflexión existencial), nos centramos en la primera, compuesta por tres libros en los que se advierte la influencia del neopopularismo de Rafael Alberti y de Federico García Lorca: Inquietudes (1926), Surtidor (1928) y Canciones de mar y tierra (1930), obras en la que, además, incorpora temas vanguardistas propios de lo que por entonces se consideraba “la modernidad”, y que habían sido ajenos a la poesía.

Concha Méndez: Surtidor. Madrid, Editorial Cuadernos del vigía, 2018
Concha Méndez: Surtidor. Madrid, Editorial Cuadernos del vigía, 2018

Abramos las páginas de Surtidor. La obra se compone de dos partes: la primera -“Canciones”- la forman 53 breves poemas; la segunda -“Ritmos”-, tiene 24 poemas, de mayor extensión. Destacan en estos poemas la sencillez del lenguaje y las sorprendentes imágenes de corte vanguardista. No cabe duda de que este libro abrió caminos poéticos inéditos entre las escritoras españolas del momento. Y hemos elegido para su comentario dos poemas: los titulados “Nadadora” y “La patinadora”.

Nadadora
Mis brazos:
los remos.
La quilla:
mi cuerpo.
Timón: 5
mi pensamiento.
(Si fuera sirena,
mis cantos
serían mis versos.)

Concha Méndez: Surtidor.
Madrid, Imprenta Argis, 1928.

Sheila Blanco: Cantando a las poetas del 27. (2020)

“Nadadora”, de Concha Méndez.

https://sheilablanco1.bandcamp.com/track/nadadora-de-concha-m-ndez

[El poema ser repite dos veces].

En este breve y conciso poema -incluido en su segunda obra, tras Inquietudes, Concha Méndez pone en pie una alegoría de la que sin duda es protagonista: el cuerpo femenino es un barco (y de ahí la presencia de los vocablos remos, quilla y timón): los brazos son los remos que lo impelen, y la mente es el timón que lo maneja (versos 1-6). La estrofa final (versos 7-9), con reminiscencias mitológicas, simboliza no solo su propia voz poética que, como las sirenas, es enormemente seductora, sino también la expresión de su propia autonomía personal.

En la sencillez métrica, pareja a la sintáctica, radica parte de la perfecta estructuración del mensaje poético. Tres agrupamientos estróficos (versos 1-2, 3-6 y 7-9), con predominio del verso trisílabo (versos 1, 2, 3, 4, 5 -agudo- y 8); hay, además, dos versos hexasílabos (el 7 y el 9) y un pentasílabo (el 6). En cuanto a la rima, se mantiene la asonancia /é-o/ en los versos 2, 4, 6 y 9 (“remos/cuerpo/pensamiento/versos”), mientras que los restantes (1, 3, 5, 6 y 7) quedan libres. Podemos deducir, por el tipo de métrica usada, que Méndez se ha valido de ella para sugerir el movimiento de quien nada en la superficie del mar. Y cuanto a la sintaxis, los versos 1-6 presentan un estilo nominal (ausencia de verbos y solo nombres precedidos o del determinante artículo (“los/la”) o del determinante posesivo de primera persona (“mi”). Los versos 7- conforman en periodo condicional con verbos copulativos: “Si fuera sirena” (pròtasis), “mis cantos serían mis versos” (apódosis). Esta combinación de métrica y sintaxis le confieren al poema una suave musicalidad.

Veamos las tres “comparaciones náuticas” de las que se sirve Méndez para construir un poema que reivindica la capacidad de la mujer para gozar de su libertad personal:

Versos 1-2:Mis brazos; / mis remos”: Cualquier avance requiere esfuerzo; o dicho de otra manera: el inmovilismo -la falta de cambio en todos los órdenes- puede conducir al ahogamiento de las propias expectativas vitales. De ahí la identidad “brazos/remos”.

Versos 3-4:la quilla: / mi cuerpo”. Dado que sobre la quilla se asienta todo el armazón de un barco, se requiere fortaleza para resistir las acometidas que acechan sin hundirse, De ahí la identidad “quilla/cuerpo”.

Versos 5-6: “Timón: / mi pensamiento”. La fortaleza de la mente, apoyada en una férrea voluntad, evita dejarse arrastrar por la corriente y es indispensable para mantenerse a flote.

Los versos que cierran el poema (7-9: “(Si fuera sirena, / mis cantos / serían mis versos.”) -periodo condicional escrito entre paréntesis- reivindica el papel de la mujer en el mundo del arte y, por tanto, su derecho a alzar su voz poética con toda libertad.

Desde luego, el título del poema -“Nadadora”-, visto su contenido alegórico, es todo un acierto: “persona que practica el deporte de la natación, trasladándose en el agua con ayuda de los movimientos necesarios.

Concha Méndez no ha escrito un poema que se titule “La ciclista”. Sin embargo, su amiga Maruja Mayo, en 1927 pintó el cuadro -hoy en paradero desconocido- con ese título, y para ello se inspiró el Concha Méndez: una mujer en bañador pedaleando y elevada sobre el sillín de una bicicleta, y que encarna el ideal de la mujer “moderna” de su época: en este caso, la bicicleta como símbolo de liberación. Recordemos que Concha Méndez era una gran deportista.

La patinadora
Danzarina de las nieves.
De los vientos mariposa.
Sobre una mar de blancor
vuela la patinadora,
y desciende las vertientes 5
como el claror de la Aurora.
El rumor de las alturas,
el rumor de las corrientes,
lleva en su falda plisada
hecha ritmos, hecha pliegues. 10
Vuela la patinadora
descendiendo las vertientes;
mariposa de los vientos,
danzarina de las nieves.

Y pasamos de la “Nadadora” a “La patinadora”. Y de nuevo el poema tiene como trasfondo alegórico la liberación de la mujer, fuera de los espacios domésticos. Hay que imaginar a Concha Méndez -nacida en Madrid- en sus años jóvenes, deslizándose por las laderas nevadas de la Sierra de Guadarrama, con ligereza de movimientos (versos iniciales y finales del poema), en un descenso rítmico que la forma métrica del poema ayuda a visualizar, y estableciendo entre si figura y la naturaleza circundante un clima de total armonía.

Los versos octosílabos se distribuyen en cuatro agrupamientos (versos 1-2, 3-6, 7-10 y 11-14). Y aunque los dos versos iniciales y finales dicen lo mismo, no están colocados en el mismo orden ni con sus elementos morfosintácticos distribuidos de idéntica manera (¡cuanta razón tienen los estructuralistas encabezados por Saussure al afirmar que “la lengua es forma y no sustancia”!); en cualquier caso, enmarcan a la perfección la estructura poemática. y metafóricamente describen a la patinadora con gran acierto poético. En cuanto a la rima, predomina la asonancia /é-e/ (versos 1, 5, 8, 10, 12 y 14: “nieves/vertientes/corrientes/pliegues/vertientes/nieves”); aunque los los versos 4, 6 y 11 presentan rima consonante /-óra/ (“patinadora/Aurora/patinadora”). El resto de los versos carece de rima (los versos 2, 3, 7, 9 y 12). Nos encontramos, por tanto -versos 4 al 12- con tres estrofas de cuatro versos con rima asonante en los pares, que constituyen otras tantas coplas.

Puede advertirse, pues, que las repeticiones -con las peculiaridades indicadas- le otorgan al poema una estructura circular que ayuda a crear la impresión de un permanente vuelo de la patinadora que sugestiona por su carácter ágil y por su belleza plástica. No en vano, la patinadora es la ““danzarina de las nieves”, la “mariposa de los vientos”. Por lo demás, ese “vuelo” de la patinadora, aun siendo la máxima expresión física de un deporte, lo es también -y sobre todo, como antes señalábamos- representa una profunda sensación de libertad y de realización personal, acorde con las “inquietudes femeninas” de la época, que Concha Méndez representa como figura destacada de “las sinsombrero”: una mujer moderna, entusiasta del deporte, con iniciativa propia. En definitiva, un “vuelo jubiloso”, lleno de luminosidad (verso 6: “como el claror de la Aurora”), que arrastra consigo “El rumor de las alturas, / el rumor de las corrientes” (versos 7-8), y del que participa hasta su indumentaria, convirtiendo ese vuelo en una auténtica danza con resonancias musicales (versos 9-10: “lleva en su falda plisada / hecha ritmos, hecha pliegues”.

Pasemos a un análisis formal de los distintos agrupamientos estróficos.

Versos 1-2. La patinadora es “Danzarina de las nieves. / De los vientos mariposa”; es decir, que imaginativamente se la compara con dos figuras caracterizadas por la gracia de sus movimientos: una “danzarina” -que implica destreza en la danza- y una “mariposa” -por la agilidad y rapidez de su vuelo, formando con sus alas bolsas de aire que le proporciona la propulsión necesaria para ascender y descender de manera más o menos errática. Ambas imágenes poseen un innegable fuerza visual y son el soporte estilístico idóneo para el desplazamiento de la patinadora por la nieve. Por otra parte, el verso 2 está montado sobre un hipérbaton, ya que el complemento nominal (“de los vientos”) se ha anticipado al nombre del que depende (“mariposa”). Y como puede observarse, la poetisa, en lugar de utilizar oraciones con verbos conjugados, recurre a sintagmas nominales con los que describe y personifica a la patinadora; y, en ambos casos, las construcciones “Danzarina de las nieves” y “mariposa de los vientos” (deshecho el hipérbaton), son aposiciones explicativas del nombre ”patinadora”. Parece como si la patinadora estuviera desafiando, con su agilidad manifiesta, la gravedad, lo que amplifica la sensación de absoluta libertad.

Versos 3-6. De entrada, los versos 3-4 están montados sobre un hiperbaton, que ha retrasado el sujeto, posponièndolo al verbo, y adelantado el complemento circunstancial, convertido así en lo que se llama “sujeto lógico” -que experimenta el estado descrito por el verbo- (sin hepérbaton, este sería el orden habitual de los elementos oracionales: “La patinadora vuela sobre un mar de blancor)”. “Mar de blancor” (verso 5) es una metáfora para referirse a la superficie de nieve sobre la que la patinadora “planea” con total soltura (la poetisa ha preferido el sustantivo “blancor” a “blancura”, quizá por su mayor sonoridad, pues ambos son sinónimos y el empleo de uno u otro no altera el cómputo silábico y tampoco afecta a la rima, pues es un verso blanco. El descenso por las vertientes de la patinadora se compara con “el claror de la Aurora”, en una imagen esteticista que representa la luminosidad del amanecer: la patinadora, por tanto, refleja en sus movimientos la belleza cromática que la Aurora implica. Y de nuevo ha preferido la poetisa el nombre “claror” a “claridad”, porque quizá traslada mejor la idea de “resplandor”, además de ofrecer una sonoridad más “sutil”(compárese “blancor/claror” y ”blancura/claridad”).

Versos 7-10. Los versos 7 y 8 están montado sobre un paralelismo morfosintáctico (artículo+nombre+preposición+artículo+nombre) y rítmico (octosílabos con acentos en las sílabas 3.ª y 7.ª), que ayuda a visualizar la imagen de los versos 9-10: la velocidad en el descenso se contagia a la propia ropa, con su vertiginoso ritmo. La propia palabra “rumor” -otra palabra aguda, como “blancor” y “claror”-, repetida en los versos 7 y 8, completa ese sonido sordo y continuado que emite la patinadora en sus desplazamientos sobre la nieve, que también se traslada a las dobleces de su falda plisada, tal como apostilla la bimembración del verso 10: “hecha ritmos, hecha pliegues”. La patinadora se integra, pues, en la naturaleza en perfecta armonía con ella.

Versos 11-14. En realidad estos versos son pequeñas modificaciones en versos anteriores. En el verso 4 leemos “y desciende”, lo que ahora se expresa con gerundio , en el verso 12: “descendiendo” (gerundio de acción concomitante a la del verbo al que se refiere -verso 11: “vuela”-). Y los dos versos finales ordenan los versos 1-2, en un nuevo paralelismo morfosintáctico (nombre+preposiciòn+artículo+nombre) y rítmico (octosílabos con acentos en las sílabas 3.ª y 7.ª).

Sin duda, Concha Méndez, como poeta vanguardista, introdujo nuevos temas en la lírica de su época, como los de tipo deportivo, encarnando en su propia persona un tipo de mujer independiente, alejada de los tópicos finiseculares.

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En esta misma revista digital ya publicamos un artículo sobre Concha Méndez (10-09-2025), titulado “La voz poética que desafía la hipocresía social en su obra”, y en donde comentamos el poema que empieza con el verso ”Quisiera tener varias sonrisas de recambio”, incluido en Lluvias enlazadas, obra publlcada en La Habana, en 1939 (Imprenta La Varónica), y en la que queda de manifiesto el desarraigo que produce el exilio. A este artículo se puede acceder en el siguiente enlace:

https://www.todoliteratura.es/noticia/61495/el-rincon-de-la-poesia/concha-mendez-la-voz-poetica-que-desafia-la-hipocresia-social-en-su-obra.html

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