Feliz cumpleaños, Cahiers du Cinéma. La ya legendaria revista francesa de crítica cinematográfica cumple setenta y cinco, pero quien le rinde su homenaje más memorable es un cineasta texano, Richard Linklater, nacido precisamente en el año en que Jean-Luc Godard estrenaba su icónica À bout du souffle. Pesimamente traducida al español como Al final de la escapada cuando bastaba con su lectura literal –Sin aliento-, Linklater recrea lo que fue su desopilante making off en Nouvelle Vague.
Hace una década, cuando el crecimiento económico de China comenzó a desafiar la hegemonía de EE.UU., hasta el punto de contemplar la posibilidad de una guerra “inevitable” entre las dos potencias, un politólogo estadounidense, Graham T. Allison, publicó un ensayo clave para iluminar el mundo contemporáneo a la luz de una lámpara encendida veinticinco siglos atrás: “¿Pueden América y China escapar de la trampa de Tucídides?”.
A diez días de la Final de Copa que enfrentará a la Real Sociedad con el Atlético de Madrid, y ante la ola de entusiasmo que viene concitando en San Sebastián -muy por encima de la recabada en la Villa y Corte-, conviene hablar de fútbol como lo que es. Un fenómeno sociológico en el que se cruzan un fractal de vectores, de lo dramático a lo catártico pasando por lo litúrgico, con una disyuntiva clave: ¿Aliena o cohesiona? Es decir, ¿es el nuevo opio del pueblo, abierto a derivadas violentas, o un catalizador de identidades abiertas a su vez a la transmisión de un ethos?
Memoria histórica: entre los estertores de la dictadura y la emergencia de la democracia ya triunfaba un cine así. Lo capitalizaba la santísima trinidad de la caspa y la sal gorda -Esteso, Pajares y Ozores-. Cincuenta años después resulta muy ilustrativo el éxito de Santiago Segura, hoy con ‘Torrente presidente’. La sexta entrega de su ya mítica saga redunda en los mismos códigos, con un factor diferencial.
Hace cuatro días, viendo los cazas norteamericanos e israelíes volando rumbo a Teherán me vino a la memoria una columna publicada en esta sección de TL hace cuatro años. Glosaba otro vuelo, este de Air France, también escoltado por cazas americanos: el que emprendió en 1979 el ayatolá Jomeini, entonces refugiado en París. La CIA lo consideró la opción idónea tras la caída del Sha, por aquellos tiempos en que la “amenaza inminente” era la expansión del comunismo en Oriente Medio.
¡Eh, Petrel!, ese saludo y el libro que cuenta todo lo demás fue uno de los mitos de mi generación. Lo escribió el donostiarra Julio Villar en 1972, después de completar su primera vuelta al mundo en solitario a bordo del ‘Mistral’, una embarcación de fibra, tan ligera como una pluma. Cuatro años de navegación, treinta y dos mil millas náuticas.
La película comienza con una mujer tendida en posición fetal, en un bosque, entre las raíces de un roble y una fosa que, al final, se convertirá en el telón de un escenario, también con una negra puerta al fondo. Ahí está todo. El vínculo entre feminidad y naturaleza, tierra madre, que define a su realizadora, Chloe Zhao. También su exploración de ese “país desconocido de cuyos límites nadie regresa”, como lo describe el mismo Shakespeare en ‘Hamlet’.
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Era un contrato espinoso, intrincado como un zarzal, y todo él sujeto a una cláusula de propiedad reservada”. Esta frase, extraída de una novela satírica de Italo Calvino - ‘La especulación inmobiliaria’-, vale para ilustrar la tormenta perfecta que sacude nuestro país desde la calle al Parlamento, en torno al problema más acuciante de los españoles, según el CIS: el de la vivienda.
Dos aceleraciones simultáneas, ya a quince días vista. La nave Orión proyectada a seiscientos kilómetros por segundo rumbo a la cara oculta de la luna. Y los misiles Tomahawk impactando sobre Teherán mientras el presidente que bendijo la misión Artemis II alardea de poder destruir una civilización en una hora. ¿Quién destruye civilizaciones? Nuevo epíteto para el rey del mambo apocalíptico: parafraseando al Conan de Schwarzenegger, “Donald el Bárbaro”.
Cuando usted se pregunta cómo acabará la operación ‘Furia Épica’ hay quienes ya están obteniendo sustanciosos beneficios a todas las escalas. Comencemos por la más pedestre pero no menos macabra. BBC News cuenta la historia de Stew, un joven de Montana aficionado a las apuestas online. Hace un par de meses detectó un aumento significativo en los envíos de pizza en el entorno el Pentágono. A través de su aplicación -Kalshi- apostó diez dólares a que el ayatolá Jamenei estaría muerto para el 1 de marzo. Sólo fue uno más entre los miles de usuarios que le generaron cerca de cincuenta millones de dólares en beneficios a este portal de apuestas on-line antes de que esta modalidad fuera cancelada.
Día uno: “Será una excursión a corto plazo”. Día tres: “La guerra está prácticamente terminada”. Día nueve: “¿Cuándo acabará? No lo sé”. Día trece: “¿Por qué hundimos barcos iraníes? Porque es más divertido”. Parecen frases extraídas de ‘Torrente presidente’, pero definen la retórica del presunto amo del mundo, ese carcamal llamado Donald Trump, obsesionado con moldearlo a su manera aun al precio de desencadenar cuatro shocks globales de consecuencias impredecibles.
Aunque le cueste creerlo cuando constata que el tiempo medio de espera para una intervención quirúrgica oscila entre seis y doce meses, nuestro país cuenta con una de las tasas de médicos por habitante más altas de Europa -dobla el promedio de la OCDE-. Cerca de 176.000 doctores dentro de la Sanidad Pública, una notable calidad asistencial, cobertura universal. Pero, debajo de todo eso, ¿qué?
Alrededor de su primer año de vida, el niño pronuncia sus primeras palabras con significado. Suelen ser papá y mamá. Durante el segundo, forma frases cortas. Al cuarto, gracias a papá y mamá, ya dispone de su primer móvil. Un juguete más, en absoluto inofensivo. A los siete, el 25% habilita una cuenta en TikTok. A los 13, el 60% interactúa en Instagram. Dentro de esa franja, la alarma suscitada hace tres años en Gipuzkoa respecto a los chats de contenido pornográfico -el 25% de violencia extrema- que tanto escandalizaron a nuestra comunidad educativa, incluidos los presuntos educadores basales de esos niños: papá y mamá.
Imputemos una parte de la tragedia a la fatalidad. Ese tren Iryo que acababa de descarrilar en Adamuz, apenas nueve segundos antes de que el Alvia que venía en la dirección contraria colisionara con sus vagones de cola. En nueve segundos, cuarenta y seis muertos. Pero al día siguiente dos descarrilamientos más, también con víctimas.
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