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Ortega y Gasset

Una lectura crítica de "La rebelión de las masas"

En octubre de este año que se encamina a su extinción, la editorial Sapere Aude ha puesto en circulación el libro “Convivir con el enemigo” del escritor de Argamasilla de Alba Pedro Menchén.

La editorial Gota a Gota de la Fundación FAES ha iniciado una nueva colección de biografías centrada en figuras relevantes del panorama intelectual vinculados al mundo liberal-conservador: Biografías Intelectuales. Se trata de una serie de perfiles de teóricos de la política, historiadores, economistas, filósofos, etc., que hayan hecho una aportación característica y reconocible a la línea de pensamiento con la que se identifica la Fundación.

José Ortega y Gasset era conocido con el sobrenombre de "El americano", estudió bachillerato en el malagueño colegio de San Estanislao de Kostka en la barriada de El Palo. Su discípula veleña María Zambrano también formó parte del nutrido grupo de españoles que dejaron huella con sus
andanzas por tierras americanas. Y solo cito un par de ejemplos de hijos de Málaga, pero vaya par de ejemplos.

A pesar de lo mucho que se ha escrito y se seguirá haciendo del filósofo Ortega y Gasset y del poeta Antonio Machado, no existía “ningún trabajo específico que analizara la relación entre ambos”, al menos, a criterio de lo que manifiesta en el introito de este cuidadísimo ensayo Pedro Menchén, denominado “Ortega y Gasset y Antonio Machado. El dilema de las dos Españas”, publicado en la editorial Ars Poética.

La “Epístola a los romanos” (8: 26) contiene la frase siguiente: “gemitibus inenarrabilibus”, o “gemidos inenarrables”, que nos mueve a meditar que hay ideas, conceptos, sentimientos o visiones incomunicables, ajenos, que no podemos entender, ni comprender ni interpretar, luego, menos traducir, y menos si en lejana (1) lengua han sido expresados. Para entender, dígase, ideas, tales como la de “justicia” (¿quién se jacta de claramente comprender eso de la “Vulgata” que dice: “iustus autem ex fide vivet”, de la “Epístola a los Romanos”, cap. I, vers. XVII?) (2), “eternidad” o “infinito”, es imperioso poseer facultades filosóficas.

En 1925, en texto titulado “La deshumanización del arte”, preguntó José Ortega y Gasset lo siguiente: “¿Qué significa ese asco a lo humano en el arte? ¿Es, por ventura, asco a lo humano, a la realidad, a la vida, o es más bien todo lo contrario: respeto a la vida y una repugnancia a verla confundida con el arte, con una cosa subalterna como es el arte?” El arte moderno, comenta el egregio filósofo español, es bello, es estilo, por ser deshumanizado, lo que representa fúnebre paradoja porque lo bello es icónico valor humano.

“El Estado de las autonomías ha supuesto, se quiera reconocer o no, un proceso abierto a la secesión”

Entrevistamos para nuestros lectores al historiador Pedro González Cuevas, profesor de historia en la UNED. Es un reputado autor que se ha especializado en el estudio de la historia de la derecha política y del conservadurismo español. El profesor González Cuevas ha abordado el estudio de Acción Española, y ha profundizado en algunas de las figuras más importantes del pensamiento político conservador, entre los que destacan Ramiro de Maeztu, sobre el que escribió una biografía, Charles Maurras, Carl Schmitt, Maurice Barrès, José Ortega y Gasset o el filósofo Gonzalo Fernández de la Mora. Recientemente acaba de publicar la obra “La razón conservadora: Gonzalo Fernández de la Mora”, que ahonda en una de las más importantes figuras del conservadurismo español del que fuera embajador, ministro y filósofo.

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Supongo que se habrán enterado de que se acaba de cumplir el centenario del Desastre de Annual y, claro, de las largas y hondas repercusiones que aquella matanza de soldados españoles tuvo en la política y, como consecuencia, en la historia del país. Valga recordar que la más inmediata fue, ante la divulgación desde las Cortes del escarnecedor “Expediente” del general Picasso, el pronunciamiento y luego dictadura del capitán general de Cataluña —por cierto, especialmente alentado por la patronal del Principado; esa misma que ahora figura tanto en los periódicos—, Miguel Primo de Rivera. Tal hecho no solo concluirá con la llamada Restauración, iniciada por Cánovas en 1875, sino hasta con la monarquía que había repuesto. Pues Alfonso XIII —como estos días les habrán recordado las crónicas— estaba desventuradamente unido a las improvisaciones y chapuzas que propiciaron aquella sangría y, por descontado, se convirtió en tan adepto a la autocracia proclamada como salvavidas por aquel simpaticote general jerezano, que su trono no pudo sobrevivirla.

Revisando el otro día una entrevista que me hizo el veterano periodista de cultura Antonio Arco para La Verdad de Murcia, descubro, con no poco estupor, que ya hablaba yo de un virus muy peligroso en 2018. Bien es verdad que no me refería exactamente al Covid-19. “El mundo va a ser destruido por la estupidez, no por el mal”, rezaba el titular de aquella conversación impresa a doble página. También me refería, de paso, a otras amenazas para la especie humana, incluyendo la degradación de los ecosistemas y los desequilibrios de la economía y de la demografía. La ventaja de ser un cenizo es que uno corre un riesgo mucho menor de equivocarse que cualquier optimista. Aunque lo de la pandemia, en concreto, no puedo decir que lo viera venir, por mucho que el cine y algún magnate informático nos habían advertido sobre esta posibilidad.

Buena parte de los escritos propagandistas son simple falsificación. Los hechos son suprimidos, las fechas alteradas y las citas sacadas de contexto y manipuladas para cambiar su significado.

(George Orwell)

"Ortega y Gasset. El gran maestro" es el título del nuevo ensayo que acaba de publicar la editorial Almuzara, obra de Agapito Maestre quien estudia la figura de este pensador: “un filósofo-ciudadano, un filósofo en la calle, cuya idea central fue la vertebración del Estado-nación democrático y la crítica de su deriva totalitaria”.

Se trata de la última edición de Obras completas del pensador español más importante de la historia. Estas Obras completas, publicadas por primera vez entre 2004 y 2010 y casi inencontrables durante los últimos años, ponen a disposición del lector la totalidad de los escritos orteguianos. El relanzamiento de esta edición se llevará a cabo en dos fases: la primera, en mayo, se centra en la publicación de los cinco primeros volúmenes de la colección, y la segunda, en septiembre, incluye los cinco restantes que se completará poco después con la versión digital de toda la obra.

Gran diferencia existe entre la prosa y la poesía. La primera es algo que llega a nosotros y la segunda algo que nos lleva a las cosas. Un artículo de Larra, por ejemplo, puede presentarnos un objeto y descifrar las causas que lo han producido, y un soneto de Lope de Vega, en cambio, nos puede hacer creer que el asunto que trata no depende de nada, que es por sí mismo lo que es. Un discurso de Ortega nos enseña que la categoría de “necesidad” enseñorea a nuestra razón, y un cuarteto de Garcilaso nos mueve hasta la noción de lo trascendental, de lo que no depende de lo empírico. Tales son, sospechamos, las más pronunciadas distinciones que dividen prosa y poesía.