www.todoliteratura.es

Siglo de Oro español

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra

Se ignora cuándo Miguel regresó de su primera expedición militar de Flandes a su «dulce España», pero sin la menor duda se enfrentó a una nueva realidad, es decir, estar en la Guerra de las Alpujarras, segundo levantamiento contra la Corona de Castilla, después del primer estallido de la rebelión de las Alpujarras (1499-1501), en el que intervino su abuelo paterno Juan de Cervantes. Fue como un sueño hecho realidad, a Miguel y a Rodrigo se les brindó la intervención en «la guerra a fuego y a sangre».

Ed. Cátedra / Anaya

Es una auténtica delicia, acorde a la inteligencia preclara del gran Calderón de la Barca, esta obra. Hasta los nombres utilizados emocionan, o deberían hacerlo, al lector. Me voy a remitir a la más que esclarecedora contraportada de la obra. Ingalaterra es INGLATERRA; y el Cardenal Wolsey es el cardenal VOLSEO. Como es de rigor en la época en que habita don Pedro Calderón de la Barca, el maniqueísmo contra Inglaterra es conspicuo y paradigmático.

No os engañen las rosas que a la Aurora
Diréis que, aljofaradas y olorosas
Se le cayeron del purpúreo seno;
Manzanas son de Tántalo, y no rosas,
Que pronto huyen del que incitan hora
Y sólo del Amor queda el veneno.

En un barroco tiempo en el que fue posible (como ahora) escoger entre el apellido paterno y el materno, Luis de Góngora y Argote (Córdoba 11 de Julio 1561- Córdoba 23 de Mayo de 1627) eligió -intuyo que por esdrújulo- el de su madre. Y así, de llamarse Argote -que tiene rima fea- pasó a nombrarse Góngora, más sonoro y “gongorino”, dónde va a parar.

La reciente publicación de “El Parnaso español” de Francisco de Quevedo, según edición de José Antonio González de Salas de 1648, a los tres años de la muerte del autor, es un acontecimiento de los que reconcilian con este tiempo amargo, y con la labor de la Real Academia Española en su Biblioteca Clásica.

La Sociedad Cervantina de Alcázar de San Juan se ha decidido a enviar a la imprenta su adaptación del Quijote cervantino, que hasta ahora podía leerse y descargarse en su web cervantesalcazar.com, así como en Instagram a razón de dos planas diarias y con más de un millar de seguidores.

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra
Conforme a mi artículo «Miguel de Cervantes Saavedra quiso emigrar dos veces a América Latina» (eHumanista, 2013), y no una vez como lo anuncian equivocadamente algunos eruditos. La carta autógrafa, del 17 de febrero de 1582 en Madrid, del autor de Las novelas ejemplares (1613) dirigida «al ilustre señor Antonio de Eraso, del Consejo de Indias de Lisboa», documenta que Cervantes pidió una vacante en el Nuevo Continente, y confesó que se entretenía «en criar La Galatea», la primera novela pastoril (K. Sliwa, Documentos, 124-25).

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra

Conforme al excelente libro La antemuralla de la Monarquía. Los Tercios españoles en el Reino de Sicilia en el Siglo XVI (Madrid, 2010), del benemérito historiador Carlos Belloso Martín, Universidad Europea Miguel de Cervantes, el héroe de Lepanto y su hermano Rodrigo, soldados de la compañía del capitán Manuel Ponce de León (1539-1549) del Tercio del Maestre de campo Diego Enríquez de Castañeda y Manrique (1535-1601), invernaron en la isla Μελίτη, «dulce como la miel», entre 1573-1574, sede de La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta.

El ensayo "Secretos a voces. Historia y política bajo la ficción literaria" escrito por la catedrática y filóloga Rosa Navarro Durán ha obtenido el XXV Premio Internacional de Ensayo Jovellanos, que convoca cada año Ediciones Nobel y celebra con esta edición un cuarto de siglo de historia. La obra galardonada analiza aspectos ocultos que la literatura del Siglo de Oro escondía bajo sus textos. Secretos a voces cuyos ecos casi se habían apagado, y es necesario desvelar para verlos en los textos y darles ese sonido que sí debieron escuchar sus contemporáneos.

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra

El benemérito historiador Julio Mayo Rodríguez, archivero municipal de los Palacios y Villafranca, de la provincia de Sevilla, y autor de los excelentes estudios históricos y culturales, verbi gratia, «Descubrimiento de la Imagen de Nuestra Señora de las Rocinas: estudio interpretativo de la leyenda que vincula a la ermita y a la Virgen del Rocío con Almonte» (Huelva, 2015), «Francisco de Paula Baquero, cofundador de la Academia Sevillana de Buenas Letras» (Sevilla, 2009), y «Romería y procesión de la Virgen de Consolación de Utrera: siglo XVII y XVIII» (Sevilla, 2000), descubre tres nuevas joyas documentales de vital importancia, con una firma autógrafa del «Rey de la Literatura española», para la biografía del «Príncipe de las Letras españolas», dejadas en el tintero por los biógrafos cervantinos.

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra
La benemérita investigadora lucense Ana Naseiro Ramudo, Doctora en Patrimonio y Documentación Histórica, Cultural y Artística por la Facultad de La Coruña, y autora del excelente libro, intitulado: «A fábrica de tabacos da Coruña e a fábrica de mistos», descubrió tres nuevos documentales de capital importancia sobre las casas de Complutum en la calle Mayor en el corral de los de Cervantes.

No es la primera vez que Pedro Miguel Lamet se adentra en la historia de la Compañía de Jesús. Ya lo hizo en 2011 con El último jesuita, donde abordaba la persecución contra la institución en tiempos de Carlos III. Ahora, en el V Centenario de la herida y conversión que transformaron al gentilhombre Íñigo de Loyola, el autor regresa con Para alcanzar amor, novela histórica protagonizada por uno de los personajes más fascinantes e influyentes de la Historia de España.

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra

El héroe de Lepanto, «católico y fiel cristiano» (El Quijote, I-XIX), y lector de unas Horas de Nuestra Señora, el 4 de junio de 1593 en Sevilla, no solo afirmó ser «hijo y nieto de personas que han sido familiares del Santo Oficio de Córdoba» (K. Sliwa, Documentos, 262-63), sino también aseveró creer «firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la Santa Iglesia católica romana» (El Quijote, II-VIII), y estar en Roma, donde «besé los pies al Sumo Pontífice, confesé mis pecados con el mayor penitenciario, absolvió me de ellos, y dióme los recaudos necesarios que diesen fe de mi confesión y penitencia… visité los lugares tan santos como innumerables que hay en aquella Ciudad Santa» (La española inglesa).

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra

Los documentos legales convalidan indiscutiblemente que el comisario del «Rey Católico» quiso emigrar dos veces a América Latina y no solo una vez como lo propagan algunos eruditos erróneamente («Miguel de Cervantes Saavedra quiso emigrar dos veces a América Latina» (eHumanista, 2013). La carta autógrafa, del 17 de febrero de 1582 en Madrid, del autor de El Trato de Argel (1582) remitida «al ilustre señor Antonio de Eraso, del Consejo de Indias de Lisboa», documenta que Cervantes pidió una vacante en el Nuevo Continente, y confesó que se entretenía «en criar La Galatea», la primera novela pastoril (Sliwa, Documentos, 124-25).

La Sociedad Cervantina de Alcázarde San Juan propone un camino de cuatro sencillos pasos para llegar a la lectura y conocimiento de la obra universal de Miguel de Cervantes: un audiolibro, el Quijotegram (los azulejos del parque Cervantes en Instagram), el libro Las aventuras de don Quijote de la Mancha nunca así contadas, y por fin, el Quijote de Cervantes (texto académico).

Biblioteca Castro, Madrid, 2017

La literatura erótica ha ocupado siempre un lugar prominente para los lectores, acaso porque en ellas se encierren tantos secretos ocultos que, por el hecho de ser de esa naturaleza, se desee con más fervor conocer. Quepa decir, a la vez, que este libro no es, ‘sensu stricto’ un libro de contenido erótico; diríamos, eso sí, libre en cuanto a que la temática amorosa –muy dilatadamente entendido el término, esto es, la coyunda entre hombre y mujer no sólo en lo físico, sino con todo el aparato socio-simbólico que entraña- está aquí presente, y ello le otorgaba al libro un cierto carácter de libertinaje en la medida en que era un desafío al orden social establecido.