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Edición testing
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En el fondo de cientos de comedias y dramas del Siglo de Oro se hallan textos que son joyas esperando pacientemente su oportunidad de salir de nuevo a la luz, para solaz y divertimento de los espectadores de hoy en día, para conocimiento de los entusiastas de la escena, desarraigándose del abismo del polvo difuso y controvertir a los que consideran que sus temas y personajes están desfasados, anticuados, fuera de lugar y de tiempo.
Todo, siempre, nuestro, juntos
Cada vez que empiezo una reseña, una crónica nueva teatral, debo preparar el terreno. Por supuesto, acudo a ver la representación, no suelo tomar notas, aunque algunas veces sí, normalmente tampoco indago en la sinopsis, en el historial del grupo, dirección, texto, interpretación y, podríamos decir, voy a que me sorprendan. Después, ya indagaré, me documentaré, ahondaré en la temática, y analizaré, en general, toda la puesta en escena. Y, eso sí, esa misma noche, aunque sea impúdicamente tarde, escribiré esa reseña con el terreno bien preparado, quemado, despejado de malas hierbas, artigado, para procurar ser ecuánime, sincero, profundo, analista y, ¿por qué no?, emocional y poético.
Soledad y silencio
Al cumplir cierta edad, no digamos cuánta, mucha, (además, lo bueno es que se van cumpliendo, de lo contrario el camino es que se ha truncado ya), se agolpan en las sienes, en el cuerpo, en el corazón, tantas esperanzas que después pasaron de largo. Esas ilusiones que se cumplieron o no, pero de las que ya no se puede retroceder, porque, como escribió José Manuel Caballero Bonald, “somos el tiempo que nos queda”.
Que a mi voz la atrape el silencio
Grito y silencio, labios sin palabras, labios sin besos, ardiente pasión, mirada interior, sangre callada, desafección en el resto de la sociedad que excluye al diferente, al que tiene algún impedimento, castillos en el aire, la fantasía de una boda, los celos, y otros problemas personales, la música, el desentendimiento, la capacidad de amar.
Lo tenemos merecido
¡Qué pequeño resulta el enemigo si yo soy más grande! Al menos, eso es lo que hay que creer en estas tragedias griegas, donde el oráculo dice lo que va a suceder sin posibilidad de cambio alguno en el destino prescrito. Y el coro, además, al unísono, repitiendo ideas y conceptos que asaltan a la cabeza.
Héroe pícaro
¡Atentos Vuestras Mercedes, que ha llegado al Teatro Alcázar, teatro de la villa (y corte), aquel histrión de pelo alborotado y níveo a declamar unas cuantas palabras y verdades para gozo de damas, caballeros, escuderos, mozas… y gatos!
| | Una forma de vida
(Foto: Carla Maro) |
Sobre la comunicación epistolar
Estimados espectadores: me dirijo a vosotros, con toda la humildad del mundo, para ofreceros mis impresiones de la obra que está actualmente en el Teatro de la Abadía, Una forma de vida, basada en la novela del mismo título de Amélie Nothomb sobre un soldado con obesidad mórbida que escribe a la autora por medio de cartas y se establece una relación epistolar que los une y conecta más profundamente de lo que ellos mismos se pensaban.
El contador de historias
Con esta vida que llevamos de vorágine y rapidez, de prisas, que parece que vamos perseguidos o persiguiendo a alguien, en esta huida hacia adelante que no nos reporta, en realidad, nada, a veces, cuesta darse cuenta de lo que tenemos.
Poeta de corbata
Sola en la sala, versos con faldas, tus manos me atrapan, isla ignorada, fui partícipe de tu soledad acompañada, viniste conmigo a decirme que la poesía no es un cuento, mientras yo te leía en voz alta.
| | Todos los ángeles alzaron el vuelo |
“Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte” escribía en el primer verso del poema ‘Hombre’, Blas de Otero. “Al borde del abismo”, continúa, en el poemario ‘Ángel fieramente humano’.
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