Dentro de la magnífica colección de la editora Ático de los Libros, una de las más conspicuas en Historia Antigua e Historia Medieval, que son realmente mi especialidad, hoy nos acercamos en este ensayo-reseña a una obra curiosa e inteligente, novedad absoluta en cuanto a los hechos narrados, ya que se refiere a que ocurrió con todos los complotados y asesinos del Dictator Perpetuus, Gaius Iulius Caesar, asesinado en las idus (15) de marzo del año 44 a.C., en el Senado del SPQR/SENATUS POPULUSQUE ROMANUS. El libro se abre con un listado, esencial para la comprensión y cuantificación de la gran magnitud de la oposición existente en la urbe capitolina contra Julio César; desde Casio de Parma, quien sería el último de los asesinos de César en pasar a mejor vida y ejecutado en Atenas. Gayo Casio Longino sería el cabecilla e instigador del magnicidio citado, además de cuñado de Marco Junio Bruto. Marco Junio Bruto, hijo de Servilia, la última amante y despechada de Julio César. Décimo Junio Bruto, sería realmente el amigo y lugarteniente de César en las Galias, y quien convencería al político para ir al Senado aquella malhadada jornada. Gayo Trebonio sería el primero de los asesinos en fallecer torturado por Dolabela. Publio Servilio Casca asestaría la primera y, a la postre, mortal puñalada. Tilio Cimbrio, quien se vengaría de César por no permitir la vuelta del exilio de su hermano. Poncio Aquila, lugarteniente de décimo Bruto, despechado por la confiscación de sus tierras para entregárselas a Servilia. Lucio Minucio Básilo, engañado por Julio César en no darle un gobierno provincial. Quinto Ligario, partidario de Gneo Pompeyo y perdonado por Julio César. Servio Sulpicio Galba, porque César había tenido una aventura con su mujer. Pacuvio Labeón, abogado de Marco Junio Bruto. Décimo Turulio, ejecutado por Octaviano tras Accio. Dentro de los mayores simpatizantes del magnicidio, se pueden citar a Marco Tulio Cicerón, el gran enemigo de Marco Antonio, al que tildaba de mujeriego y borracho sin medida. Servilia, la amante de César y la madre de Marco Bruto, despechada porque Julio César había vuelto con su esposa Calpurnia. Y, como no, Porcia la esposa de Marco Junio Bruto. Los vengadores más eximios serían, sobre todo, los componentes del triunvirato: Gayo Julio César Octaviano, sobrino-nieto e hijo adoptivo del dictador. Marco Emilio Lépido, muy próximo en la política cesariana, y hombre de enorme riqueza. Y, Marco Antonio, general y lugarteniente de César, quien negociaría con Cicerón sobre la amnistía de los asesinos, pero Octaviano lo convencería para la venganza final sin paliativos. En el listado exhaustivo, esencial y documentado existen otros nombres, que se deben leer y conocer. «La fascinante persecución a los asesinos de Julio César. Muchos hombres acabaron con la vida de Julio César, pero solo uno daría caza a los asesinos. A partir de la primavera del 44 a.C., el hijo adoptivo de César, el futuro emperador Augusto, se cobraría su terrible venganza: estaba decidido a acabar con los asesinos de los idus de marzo; y no solo con Bruto y Casio, sino con todos y cada uno de los diecinueve hombres que habían conspirado contra el dictador. Tras más de una década de violenta persecución a través de varios continentes, el último de los conspiradores en morir fue Casio de Parma, un poeta, dramaturgo y marinero casi desconocido que luchó en todos los bandos durante las guerras civiles que asolaron a la moribunda República, salvo en el ganador. Durante catorce años, los asesinos de César trataron de escapar a los cazadores enviados por Octaviano, pero, uno por uno, fueron cayendo hasta que solo Casio permaneció en pie. Su apasionante huida, que hasta ahora no ha sido más que una nota a pie de página en los anales, se convierte en esta obra en un tapiz que retrata el convulso final de la República romana. ‘El último asesino’ es el relato épico de una caza que un emperador quiso ocultar, una historia trepidante de torturas y terror, de política y poesía. Es, en definitiva, una vívida narración de uno de los periodos más turbulentos de la historia de Roma en el que se enfrentan la venganza y el instinto de supervivencia». Deseo destacar que, casi por primera vez se utiliza, de forma fehaciente, la nómina rigurosa del heredero-descendiente, de 18 años, de Julio César, que era el de Gayo Julio César Octaviano, y no el de Octavio. Aunque se utilice, no muy correctamente el nombre de Cayo por Gayo que sería de lo más ortodoxo. Además, la palabra IDUS es femenina y no masculina, por lo tanto, serán LAS IDUS DE MARZO. Por lo tanto, estamos ante una obra, de mucha luminosidad, y relativa a como pasó a mejor vida el último magnicida cesariano, Casio de Parma. La obra comienza con un tinte novelado, fragante y excelente, ya que se ha refugiado en Atenas, y la gran polis del Ática le está descubriendo su categoría para poder vivir y escapar, además, de sus perseguidores que desean eliminarlo. Sabe que el retornar a su patria romana es total y absolutamente imposible, ya que allí Octaviano ha decidido no dejar títere con cabeza y acabar de una vez por todas, con todos los que tuvieron la osadía de trastocar todos los planes de su tío-abuelo, quien luego le prohijaría. Gayo Julio César Octaviano tiene claro que la disciplina hereditaria familiar no será arrumbada. Casio de Parma ya no podrá pasear por las calles romanas próximas al Foro, mientras que en Atenas inclusive habría conseguido ya seguidores para sus obras de teatro. “Catorce años después del asesinato del dictador, de una conjura que no había conseguido cambiar el mundo, Atenas seguía siendo un lugar privilegiado para los escritores, los disidentes y los pensadores, para los soñadores obstinados, para los veteranos de las guerras recientes que escribían sobre batallas perdidas y para los viejos soldados que les explicaban cómo podían haberlas ganado. Gracias a su pasado, la ciudad ofrecía una especie de asilo”. La vetusta capital del Ática seguía poseyendo ese trofismo innegable a no someterse a ningún tipo de autocracia; en la urbe capitolina del Lacio ya ocurre todo lo contrario, y la cuestión ira a mucho peor, sobre todo cuando tenga lugar la nacencia de lo que se definirá como el Principado y el Imperio de Roma. Su auténtico factotum será este joven, que no acepta ya mandatos de nadie, quien inaugurará una auténtica dinastía de tipo imperial, con una auténtica policía política para que le proteja a él y a su nuevo régimen, que será la guardia pretoriana, que cometerá incontables magnicidios de emperadores a posteriori, mutando incluso dinastías a su libre albedrío. Estamos, por consiguiente, ante una obra esclarecedora y de calidad indubitable, ya que rescata del olvido a otro de los personajes que asesinaron a Julio César; ahora estará en el bando de Cleopatra VII de Egipto y del triunviro Marco Antonio, a los que no tiene la más mínima simpatía, pero sí odia mucho más al ‘hijo del divino César’, Octaviano sumamente peligroso. No obstante, Casio de Parma siempre había luchado por turnos junto a cada uno de los asesinos del Dictador Perpetuo, Gayo Julio César, pero cuando la guerra civil da comienzo el Último Asesino del gran político de Roma ya se encuentra solo. El definitivo conspirador del complot anticesariano está convencido de que le está llegando su final, y por ello tendrá tiempo bastante como para reflexionar sin ambages sobre su devenir. “En Atenas pudo dedicarse a la poesía, la suya y la de sus amigos, en lo que, en términos prácticos, era casi un estado de paz. La ciudad que lo rodeaba era el mejor lugar para comprar palabras, ya fueran en griego o en latín, antiguas o modernas, y reemplazar todos los rollos de papiro que había extraviado a lo largo de sus campañas navales. Leyó las epopeyas de Homero y las grandes tragedias: la Ilíada, sobre la cólera; la Odisea, sobre la supervivencia; Esquilo, sobre la venganza; Sófocles y Eurípides, sobre madres que asesinan a sus hijos. Tenía al alcance de la mano las mejores obras escritas en latín por el maestro de la oscuridad cómica, Tito Maccio Plauto, nacido no muy lejos de Parma, así como las de Marco Pacuvio y de Lucio Accio, ambos autores trágicos, sí bien ninguno tan bueno como cualquiera de los griegos. Casio, además estaba escribiendo sus propias tragedias”. Curiosamente Casio de Parma estaba escribiendo una obra que debería ser importante, y sobre el gran legislador republicano Lucio Junio Bruto. En suma, una obra delicada e inteligente como todo lo que publica, según mi leal saber y entender, Ático de los Libros. ¡Libro Positivo y muy curioso, a la par que novedoso! «Virtus et vitium sunt contraria. ET. Ab imo pectore». Puedes comprar el libro en:
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