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Laury Leite
Laury Leite

Entrevista a Laury Leite: “La literatura subvierte nuestra noción de la realidad”

Autor de "La gran demencia"
martes 27 de octubre de 2020, 13:00h
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El escritor mexicano-canadiense acaba de publicar con Huso Editorial su nueva novela, una obra llamada a conmocionar a los lectores de nuestro tiempo. Conmocionar porque les presenta los antecedentes de nuestra realidad como un espejo roto en mil pedazos.

La gran demencia
La gran demencia

En esta entrevista Laury Leite habla de los temas de su libro, de la condición de extranjero del escritor y dice dudar de que “los libros de entretenimiento tengan una larga vida. Quizá se lean en universidades como documentos kitsch de una época en decadencia”.

¿Cómo es su vida literaria en Canadá?

Bastante tranquila, la verdad. Hago muy poca “vida literaria” en el sentido de ir a tomar algo con otros escritores y hablar de literatura. Pero leo y escribo mucho. Creo mi vida literaria sería más o menos igual en cualquier parte del mundo. Mi esposa da clases y traduce y con ella sí hablo mucho de los libros que nos gustan. Vivimos en un departamento con dos perritas, en una agradable reclusión. A veces intento hablar de libros con mis perritas, pero no les importa mucho. Hace un par de años Grushenka, una de mis dos perras, la más inculta, destruyó una bonita colección que teníamos de libros de Shakespeare y luego les hizo pipí encima. Supongo que por su nombre prefiere a Dostoievski.

Para un escritor, ¿tiene alguna ventaja ser extranjero?

Un escritor siempre es un extranjero de un modo u otro. Un escritor busca crear un lenguaje propio dentro de un lenguaje heredado. Un escritor, también, busca crear un mundo propio dentro de un mundo ajeno. Ahí radica su extranjería.

Luego, la extranjería te da la posibilidad de mirar el mundo con cierta distancia y tal vez algo más de objetividad. Al menos te ayuda a darte cuenta de la naturaleza artificial de nuestras construcciones sociales. Como saben los geógrafos, un espacio determinado solo se convierte en un lugar una vez que lo nombramos y lo atiborramos de asociaciones. Como la idea de nación me parece un poco ilusoria, supongo que la idea de extranjería también me lo debería parecer. Lo cierto es que yo no alcanzo a separar mi experiencia de la vida de mi experiencia de extranjería. Siempre he sido extranjero en todos lados, estoy acostumbrado a eso. Mi mamá es mexicana y yo nací y crecí en México, pero mi papá es de Brasil. Viví muchos años en Cuba, España y ahora Canadá. Mis primos son mexicanos y brasileños, tengo una hermana cubana, un tío francés y una esposa canadiense. También, con el nombre que me pusieron mis padres ya me dejaron tatuado el signo de la extranjería. Cuando voy a México, la gente no cree que soy mexicano y me pregunta cómo es que hablo tan bien el idioma español. En fin. Pero no hay que olvidar que todos somos extranjeros, inmigrantes. Todos. El ser humano es extranjero en todos los continentes salvo en un perímetro muy reducido en el norte de África. La historia de nuestra especie es la historia de nuestras migraciones.

¿Qué cuenta La gran demencia?

La gran demencia” cuenta la historia de Daniel, un joven fotógrafo, que vuelve a casa de sus padres en la periferia de la Ciudad de México para pasar el invierno con su familia. Su actitud subversiva desencadena una serie de crisis en las vidas de sus padres Romain y Ana Laura —ex-hippies que hace mucho se asentaron en un modo de vida más convencional—; su hermano Román —un arquitecto exitoso que proyecta un hotel en la playa donde sus padres vivieron en una comuna—; y su hermana Ana Laura —una nihilista que intenta destruirle la vida a la gente a su alrededor por diversión. Cuando Daniel descubre “La gran demencia”, un manuscrito sobre la naturaleza subversiva del arte en el que un amigo suyo estaba trabajando antes de suicidarse, y entra en contacto con un grupo de revolucionarios, su vida cambia para siempre.

¿Considera usted que la suya es una novela híbrida, que conjuga la ficción y el ensayo?

Sin lugar a dudas. Todo lo que escribo tiende hacia el ensayo o hacia un registro ensayístico. Pero en esta novela en particular, metí tres ensayos largos sobre arquitectura, arte y sistemas políticos. Siempre fue la idea, son los pilares sobre los que se sostiene el libro. Sin esos ensayos, la novela no tendría sentido. Me interesaba esa posibilidad brechtiana de romper el hechizo de la ficción y reflexionar sobre el comportamiento de los personajes, sobre el momento histórico en el que se desarrolla la acción. Es una herramienta que usan mucho Robert Musil y Hermann Broch, dos de mis escritores favoritos. Yo intenté adaptarla a nuestra época para hablar sobre nuestro comportamiento desde una perspectiva histórica.

¿Qué subvierte la literatura?

Creo que subvierte nuestra noción de la realidad. Pone en tela de juicio nuestras convicciones y valores. Marcuse dice cosas que me gustan mucho sobre esto. En “La dimensión estética” dice algo así como que la facultad subversiva de las obras de arte no está sujeta a presentar un contenido didáctico o propagandístico que promueva una revolución, sino que al contrario, su potencial político fluye en la transformación de la realidad hacia una forma estética que la remodela y la redefine. Creo que Marcuse tiene razón. Me parece que si el arte suscita cambios en la racionalidad corriente, lo hace de manera indirecta, y si los artistas buscan batallar contra la realidad establecida por su sociedad, la mejor arma de insurrección que tienen a su disposición no es una exaltación publicitaria de la Revolución, sino una remodelación del lenguaje con el que trabaja el aparato social.

¿Los clásicos de este tiempo serán los libros de entretenimiento o aún tenemos mucha literatura oculta por descubrir?

Yo creo que siempre hay mucha literatura por descubrir. Seguimos descubriendo autores que en su vida publicaron poco. Kafka es el ejemplo más visible, pero hay mil más. Walter Benjamin sería otro caso notable. Murió casi olvidado y ahora es uno de los pensadores más leídos. Nunca se sabe qué piruetas da la historia, pero dudo mucho que los libros de entretenimiento tengan una larga vida. Quizá se lean en universidades como documentos kitsch de una época en decadencia. Siempre se han escrito libros comerciales que ya casi nadie recuerda, salvo los historiadores. Pero quién sabe qué pasará con los libros de nuestra época. Se publica tanto y se lee tan poco que quién sabe qué cosas quedarán en un futuro. Si la historia nos enseña algo es que es muy probable que haya un autor por ahí con una novela maravillosa que nadie quiere publicar porque la consideran una “novela mala” y que dentro de cien años todo el mundo la va a leer, todo el mundo la va a saber apreciar. Siempre ha pasado. Sería ingenuo pensar que nuestra época es la primera en no cometer ese error de juicio.

¿Qué deben esperar los lectores que se enfrentan a la literatura de Laury Leite?

Espero que lo que escribo les resulte intelectual y emotivamente estimulante y les proporcione distintas perspectivas desde donde contemplar el mundo. Espero que aunque mis libros traten de temas duros, los lectores se la pasen bien leyéndolos. Que encuentren cierto placer estético. La vida es muy corta para pasársela mal.

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