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John le Carré
John le Carré (Foto: Archivo)

John le Carré: el espía que surgió de la niebla para maravillarnos con sus novelas de espías

miércoles 16 de diciembre de 2020, 12:20h

Hace escasas fechas de la muerte del escritor británico John le Carré, seudónimo de David Cornwall. El autor, el más reconocido entre los escritores del género de espías, falleció el pasado sábado de una neumonía en Cornualles, la provincia más occidental de Inglaterra donde vivía retirado desde hace varios años, a los 89 años de edad. La noticia se encargó de difundirla la agencia literaria Curtis Brown.

El destino ha querido que en estos momentos estuviese leyendo la estupenda novela “El verdadero tercer hombre”, de la periodista televisiva Nuria Verde. En ella, cuenta la relación de Graham Greene con España y sus viajes veraniegos por nuestras tierras, siempre acompañado por el sacerdote Leopoldo Durán y el profesor de inglés de la Universidad Complutense Aurelio Verde. En el libro estoy descubriendo muchas anécdotas del escritor desconocidas para mí; cómo por qué no le concedieron el premio Nobel, no como se ha dicho que fue por ser católico sino porque fue amante de la mujer de uno de los miembros del jurado que acabó suicidándose.

Sin embargo a John le Carré no le atrajo mucho nuestro país ni los premios literarios, nunca quiso ese tipo de reconocimientos; de ahí, que no le diesen un premio Nobel más que merecido . Que yo recuerde sólo habló de nuestro país y de pasada en su novela “Una verdad delicada”, que estaba ubicada en la colonia británica de Gibraltar, un auténtico refugio de piratas desde siempre, y ahora un verdadero paraíso para el tráfico de drogas y de armas, que es tan frecuente como la brisa oceánica. En la novela, trata, precisamente, del tráfico de armas yihadista. Pese a tratar un tema tan interesante es, posiblemente, una de sus novelas más endebles. Todo escritor tiene derecho a echar un borrón en su bibliografía.

Es sabido que en España las novelas de espías no tienen mucha tirada. Para intentar solucionarlo, los escritores Fernando Martínez Laínez, José Luis Caballero y Pere Cardona, entre otros, crearon el Club le Carré y en el que suelo participar. En febrero de 2019 se organizó el curso universitario “Letras y espías” en la Universidad Rey Juan Carlos, en colaboración con la cátedra Servicios de Inteligencia y Sistemas Democráticos. Tuve la oportunidad de moderar la mesa redonda “Escritores y Servicios Secretos en la Guerra Fría”, donde intervinieron los escritores José Luis Muñoz, Pere Cardona y José Carlos Somoza. Ni que decir tiene que se trató la obra de John le Carré y de manera especial “El espía que surgió del frío”.

Esta célebre novela se publicó en 1963 y dos años después tuvo una adaptación cinematográfica dirigida por Martin Ritt y protagonizada por Richard Burton. Berlín era la estrella de la cinta y, por supuesto, su ya desmantelado muro. Fue la novela que más dinero le dio al autor de Poole, con el dinero ganado se compró una bonita mansión en Suiza, hay que recordar que él estudio, además de en Oxford, en Berna. Desde su despacho podía ver las cumbres nevadas del Eiger y el Jungfrau en todo su esplendor.

En total son 25 las novelas que John le Carré publicó, además de cuatro libros de no ficción y memorias, donde destaca la maravillosa “Volar en círculos” y que no debería perderse ningún amante del género. También escribió diversos libros de relatos. Diez de sus novelas tienen como hilo conductor al agente Smiley y en ellas narra algunas de sus experiencias en el MI6, los servicios secretos en el extranjero de su Graciosa y longeva Majestad. Cuando comenzó a hacerse famoso abandonó dicho servicio para dedicarse en exclusiva a la literatura.

Uno de los mayores disgustos de su vida se lo llevó cuando fue acusado injustamente de doble espía. John le Carré siempre se mostró muy crítico con el agente doble Kim Philby y con el conocido grupo “Los Cinco de Cambridge”, sin embargo Graham Greene se mostró más indulgente con estos traidores a la corona que pasaron mucha información sensible a los soviéticos; que se encargaron, posteriormente, de desmantelar la red que los británicos habían tejido en el lado oriental del Telón de Acero.

Fue el escritor y espía británico muy crítico con el servicio británico MI6, en una de sus últimas novelas Un traidor como los nuestros (2010) trata el tema de la corrupción dentro de dicho servicio y de la de los diputados ingleses con respecto al dinero negro, que inundó Gran Bretaña proveniente de las mafias rusas. Probablemente, esté en el ADN de los británicos su pasado de corsarios. Londres sigue siendo la sede principal de los bancos que burlan la justicia respecto al dinero negro. Gibraltar y la isla de White son las dos grandes bases de ese tráfico ilegal de fortunas. Le Carré siempre se mostró crítico con esas prácticas y en la novela lo demuestra, donde un profesor de poesía ayuda a un desertor de esas mafias rusas.

El papel protagonizado por Ewan McGregor en su adaptación cinematográfica da vida a un profesor que tiene una vida destrozada por culpa de las infidelidades y que el azar le hace que se meta en una truculenta aventura llena de sordidez y violencia. Muchos de los personajes de John le Carré tienen esas características: a raíz de una decepción personal se imbuyen en una trama enrevesada, donde no sólo hay una peripecia de espionaje sino que el drama humano está muy presente. Esta es una de las novelas más brillantes del genio de Cornwall.

La relación con el cine ha sido fundamental en la vida del escritor británico. Como hemos apuntado, su relación empezó con “El espía que surgió del frío”, excelente producción británica, y continuó con “Llamada para el muerto” con la que dio paso a su periplo por Hollywood. “La casa Rusia”. “El sastre de Panamá”, “El jardinero fiel” y “El topo” fueron algunas de sus obras que se adaptaron en los estudios cinematográficos de Estados Unidos. Lo siguieron series como “La chica del tambor” o “El infiltrado”, entre otras, donde él fue productor de las mismas. Una curiosa anécdota es que a John le Carré le divertía aparecer en esas adaptaciones cinematográficas con unas apariciones breves, al igual que le gustaba hacerlo al gran Alfred Hitchcock en sus películas.

El agente Smiley fue su protagonista más longevo y atractivo. En diez de sus novelas aparece este agente, en algunas de manera muy secundaria. Su espíritu sobrevuela todas sus obras. En 1990 con “El peregrino secreto” decidió darle un largo descanso que duró hasta “El legado de los espías” (2017), su penúltima y genial novela. Con John le Carré desaparece también George Smiley, el arquetipo por excelencia del espía que lucha contra las mafias de toda índole.

Como apunté al comienzo del artículo, lamentablemente la novela de espías no vende mucho en España, tienen más éxito las adaptaciones cinematográficas y televisivas que las novelas. Sin embargo, hay algunos escritores españoles han publicado excelentes obras de este popular género. Hemos tenido espías como Joan Pujol “Garbo” que engañó a Hitler en el desembarco de Normandía o Luis M. González-Mata “Cisne” que trabajó para el dictador Francisco Franco, sus memorias son espectaculares, como lo es el libro “El origen del mal”, de Juan Carlos Somoza que refleja a la perfección el espionaje franquista en el norte de África.

Este género comenzó a popularizarse en España con la novela “Carne de trueque” de Fernando Martínez Laínez, también, Fernando Rueda ha publicado varios libros de no ficción y novelas sobre el tema de espionaje centrado en la “Casa”, tanto del CESID como del CNI. Recientemente el autor de novela negra vallisoletano César Pérez Gellida ha publicado las novelas “Todo lo mejor” y “Todo lo peor” centrándose en los servicios de información de la STASI, de la desaparecida República Democrática Alemana. Parece que hay un nuevo renacer del género que gracias a autores como John le Carré están haciendo que salgamos de esa niebla que todo lo oculta y enturbia en el mundo de los servicios de información, con ellos se disipará esa pertinaz neblina y conoceremos cómo funcionan los servicios de información que se mueven en las sombras. Esperemos que el merecido homenaje que se merece no tarde en producirse en cuanto se disipe la niebla de la pandemia que estamos sufriendo.

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