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Nuestro poema de cada día
Gerardo Diego
Gerardo Diego

Gerardo Diego. Viacrucis: Octava y novena estación

Poesía de Semana Santa, VI.
Jueves Santo (2 de abril de 2026)

Evangelio de San Lucas 23:27-28.

«Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: 'Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos'»

Octava estación: Jesús consuela a las mujeres que lloran por él.

Qué vivo dolor aflige

a estas mujeres piadosas,

madres, hermanas, esposas,

sin culpa del crucifige.

Jesús a ellas se dirige.

Sus palabras, oídlas bien.

-Hijas de Jerusalén.

Llorad vuestro llanto, sí,

por vosotras, no por mí.

Por vuestros hijos también.

La primera de las décimas se inicia con una oración exclamativa formada por cuatro versos, aun cuando Diego no haya empleado los signos de exclamación. Ese «qué» con que arranca la décima es, pues, un adjetivo exclamativo con que se ponderan las cualidades, en este caso negativas, de lo designado por el nombre al que modifica y que, además, va antecedido de un calificativo: «Qué vivo dolor…». Y ese dolor compunge a todo tipo de mujeres, ya sean «madres, hermanas, esposas», si bien el poeta se apresta a aclarar que Jesús no es el responsable de la pesadumbre que les aqueja. Y el poeta, forzado por la rima, se refiere a Jesús como «crucifige», palabra latina, inexistente en castellano, que podría en el contexto traducirse por «el que va a ser crucificado», aunque hablando con propiedad no se trate de la adaptación de un participio de futuro. Pero lo cierto es que así resuelve Diego la rima /-íge/ de los versos 1, 2 y 5 («aflige/crucifige/dirige». Y Jesús les habla a las mujeres de Jerusalén, pidiéndoles que canalicen su llanto hacia ellas mismas y hacia sus hijos, y no tanto hacia Él. Y de nuevo la rima que exigen los versos 8 y 9 (aguda con el fonema vocálico cerrado anterior /i/) fuerza los monosílabos «sí/mí». De igual manera, Diego ha necesitado, para completar la décima, que tres palabras rimen en consonante /-én/ (son las palabras agudas de los versos 6, 7 y 10 («bien/Jerusalén/también»). Y es el propio poeta el que exhorta a esas «mujeres piadosas» («piadosas» porque exhiben conmiseración) de Jerusalén a que escuchen las palabras de Jesús: «Sus palabras, oídlas bien»; con lo cual el poeta se entremezcla, como un personaje más, en los hechos acontecidos, aumentando su implicación emocional y el clímax poético. La décima, en cuanto a rimas, queda, pues, de esta manera: a (/-íge/) b (/-ósas/) b (/-ósas/) a (/-íge/) / a (/-íge/) c (/-én/) / c (/-én/) d (/-í/) d (/-í/) c (/-én/).

Fredrich Overbeck. Jesús consuela a las mujeres .que lloran
por él. Acuarela sobre cartón. Museos Vaticanos.

Por nosotros mismos, cierto.

Pero ¿quién por ti no llora?

Haz que llore hora tras hora

por mí tibio y por ti yerto.

Riégame este estéril huerto.

Quiébrame esta torva frente.

Ábreme una vena ardiente

de dulce y amargo llanto,

y espanta de mí este espanto

de hallar cegada mi fuente.

La segunda décima se inicia con un plural sociativo, al pedirle el poeta a Jesús que también llore por él («Por nosotros mismos, cierto»). Y con una interrogación retórica de enorme eficacia expresiva, precedida de la conjunción adversativa «Pero» –para oponer actitudes–, Diego lo que en realidad afirma es que toda la Humanidad llora por Jesús y su destino («Pero ¿quién por ti no llora?»). El poeta quiere contraponer su tibieza –su posible indiferencia– ante la frialdad –ya casi la rigidez– de un Jesús próximo a la muerte. Y a partir del verso 5, y extendidos al 6 y al 7, el poeta los inicia con imperativos que alcanzan el tono de fuerte súplica a Jesús: «Riégame» (verso 5), «Quiébrame» (verso 6), «Ábreme» (verso 7). Los versos 5 y 6 mantienen la misma estructuras paralelística: verbo en presente de imperativo («Riégame/Quiébrame»)+determinante demostrativo («este/esta»)+adjetivo epíteto («estétil/torva»)+nombre («huerto/frente»). En cuanto al verso 8, las leves modificaciones en la reiteración de la construcción paralelística (cambio de determinante y de posición del adjetivo) vienen exigidos por el número de sílabas del verso y el tipo de rima («Ábreme»: verbo en presente de imperativo+«una»: determinante indefinido+«vena»: nombre+«ardiente»: adjetivo epíteto). A partir del verso 5, la adjetivación se va haciendo cada vez más dura, ya sea con los calificativos antepuestos al nombre («estétil huerto», «torva frente», «dulce y amargo llanto», «cegada frente») o con el calificativo pospuesto («vena ardiente»). Y no hay duda de que el verso 8 es todo un hallazgo poético, porque se combina una sinestesia y a la vez una antítesis con ribetes de oxímoron («dulce y amargo llanto»), un verso cargado de simbolismo que dota al llanto del poeta de un sentido trascendente. Incluso es relevante, por su sonoridad y significación, la similicadencia del verso 9: «y espanta de mí este espanto». En definitiva, el poeta le suplica a Jesús que escuche su «dulce y amargo llanto», y que transforme su «estéril huerto» y «cegada fuente» que lo llenan de «espanto». En esta ocasión, la consonancia de las rimas no parece ofrecer mayores problemas (en todo caso puede llamar la atención la presencia del fonema oclusivo dental sordo /t/ en la palabra final de todos los versos, menos del segundo y el tercero: «cierto/yerto/huerto/frente/ardiente/llanto/espanto/fuente»): a (/-érto/) b (/-óra/) b (/-óra/) a (/-érto/) / a (/-érto/) c (/-énte/) / c (/-énte/) d (/-ánte/) d (/-ánte/) c (/-énte/).

Escuela veneciana del siglo XVIII. Jesús consuela
a las mujeres,que lloran por él. Catedral de Padua.

Gerardo Diego. Viacrucis: Novena estación.

La tercera caída de Jesús tampoco está explícitamente recogida en los Evangelios canónicos, como tampoco lo están ñas otras dos (estaciones 3 y 7).

Novena estación: Jesús cae por tercera vez.

Ya caíste una, dos veces

la rota túnica pisas

y aún entre mofas y risas

tendido a mis pies te ofreces.

Yo no sé a quién me pareces,

a quién me aludes así.

No sé qué haces junto a mí,

derribado con tu leño.

Yo no sé si ha sido un sueño

O si es verdad que te vi.

La primera de las décimas de la novena estación recoge la tercera caída de Jesús, entre las burlas del populacho (el poeta distingue «mofas» y «risas»: la mofa implica la burla con escarnio, mientras que la risa es la simple demostración de alegría). Y recuerda las dos caídas anteriores, añadiendo ahora el dato de que «la rota túnica pisas»; y lo hace mediante un expresivo hipérbaton que anticipa el complemento al verbo; un complemento que al estar formado por adjetivo («rota»)+nombre esdrújulo («túnica»), permite un curioso «juego fonético» de sorprendentes efectos sonoros: «rota túnica». Y de nuevo el poeta se implica en la tragedia que ante sus ojos se representa, ya que la nueva caída le sirve a Jesús para postrarse ante sus pies («tendido a mis pies te ofreces», verso en el que otro hipérbaton coloca el verbo al final del mismo. En los cuatro versos siguientes, el poeta expresa su perplejidad ante lo inédito de la situación: «Yo no sé a quién me pareces, / a quién me aludes así. / No sé qué haces junto a mí, / derribado con tu leño». Ignorancia («Yo no sé…» -oración dos veces repetida, la primera de las cuales va precedida por el «yo» enfático que señala inequívocamente al propio poeta-), interrogación –indirecta– que carga el desconocimiento en el pronombre interrogativo («a quién me pareces, / a quién me aludes…»). Y ahora el poeta se refiere a la cruz con otra metonimia de la materia por el objeto: «leño», voz no empleada con anterioridad. Lo dos versos que rematan la estrofa presentan al poeta dubitativo que indaga si la experiencia vivida es real o no pasa de ser un sueño. Tal es su nivel implicación: «Yo no sé si ha sido un sueño / o si es verdad que te vi» (caído en tierra ante sus propios pies). A la hora de elaborar la décima, el poeta ha recurrido a tres finales de verso con palabras terminadas en el fonema vocálico anterior cerrado /i/ («así/mí/vi»), que le confieren a la expresión ese tono lacerante que los acontecimientos narrados exige. La décima ofrece, pues, esta distribución de rimas consonantes, de acuerdo con el esquema tradicional: a (/-éces/) b (/-ísas/) b (/-ísas/) a (/-éces/) / a ((-éces/) c (/-í/) / c (/-í/) d (/-éño/) d (/-éño/) c (/-í/).

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Camino del Calvario/Tercera caída de Cristo. ¿Jan Van den Hoecke?.
Segundo cuarto del s. XVII. Origen: Hospital de san Lázaro.
Sevilla. Iglesia de San Luis de los franceses. (Diputación de Sevilla).

Y yo caigo una, dos, tres,
y otra vez más, y otra, y tantas.
Siempre tus espaldas santas
me sirvieron de pavés.
Ahora siento bien cuál es
la razón de tus caídas.
Sí. Porque nuestras vencidas
almas no te tengan miedo
caes, oh humilde remedo,
y a abrazarte las convidas.

En esta segunda décima, el poeta presenta sus continuas caídas; y lo hace acumulando diferentes palabras, aparte de la serie numérica, que expresan reiteración, y que el empleo de la coma se encarga de intensificar su significado. («otra vez más, y otra, y tantas»); sin embargo, cuanto más cae, más auxilio encuentra en las «espaldas santas» de Jesús, que le han servido de protección (el «pavés» es un escudo oblongo que se utilizaba para cubrir casi todo el cuerpo del combatiente; y aun cuando la palabra no sea de uso común, el poeta la ha elegido no tanto por la rima –que además–, cuanto por el hecho de que alude con toda propiedad a su capacidad protectora). Y ello lo asocia con las tres caídas de Jesús («Ahora siento bien cuál es / la razón de tus caídas»). Diego asocia las caídas de Jesús con su capacidad para perdonar a las almas que encuentran en el refugio («y a abrazarte las convidas») y no tienen nada que temer. El verso exclamativo «¡Oh, humilde remedo!» implica el seguimiento por una persona de las mismas huellas y ejemplos de otra; por lo que las caídas de Jesús, vinculadas a las del poeta, sugieren el camino de la redención. La décima incluye tres finales de verso agudos («tres/pavés/es»), pero no ofrece especiales dificultades técnicas (adviértase que seis de las palabras que riman contienen consonantes dentales): a (/-és/) b (/-ántas/) b (/-ántas/) a (/-és() / a (/-és/) c (/-ídas/) / c (/-ídas/) d (/-édo/) d (/-édo) c (/-ídas/).

La tercera caída. Placa de cerámica pintada en su totalidad con un único color azul que recuerda a los orígenes de la cerámica de l’Alcora. La realizó la ceramista M.ª Carmen Albaro, basada en el grabado de La Caída en el Camino del Calvario (también conocido como El Pasmo de Sicilia) por Rafael Sanzio. Se encuentrra instalada en la calle Calvario, núm, 29, de Alcora /Castellón).
Información sobre “Homenaje cerámico a 'les tres caigudes' en la Semana Santa de l'Alcora”, publicado e nel periódico Mediterráneo el 12 de marzo de 2024:
https://www.elperiodicomediterraneo.com/comarcas/2024/03/12/homenaje-ceramica-tres-caigudes-caidas-cruz-jesus-semana-santa-alcora-99353224.html

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