Alfonsina Storni y la magia de "Dos palabras": un homenaje a la dulzura del amorEl poema "Dos palabras" de Alfonsina Storni evoca la dulzura y renovación de una expresión amorosa común, transformándola en algo extraordinario. A través de imágenes sensoriales y un lenguaje lírico, se celebra el poder emocional de las palabras, destacando su capacidad para expresar sentimientos profundos y auténticos.
Dos palabras
Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas de ser dichas. Palabras que de viejas son nuevas. Dos palabras tan dulces, que la luna que andaba 5 filtrando entre las ramas se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras que una hormiga pasea por mi cuello y no intento moverme para echarla. Tan dulces dos palabras 10
que digo sin quererlo —¡oh qué bella la vida!— Tan dulces y tan mansas que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman. Tan dulces y tan bellas
que los dedos más largos de mi mano derecha 15
se mueven hacia el cielo imitando tijeras. Mis dedos quisieran
cortar estrellas.
Alfonsina Storni: El dulce daño. Buenos Aires, ImprentaMercatali-Siocuedad Cooperativa Editorial Limitada “Buenos Aires”, 1918.
Reproducción digital de la edición original: https://huellasfeministas.ar/wp-content/uploads/2023/09/Storni-El-dulce-dano-AS-P-01.pdf Poema recitado por Manuela Velasco (Proyecto “Amamos la poesía”, de la Real Academia Española y Conde Nast España e Hispanoamérica): https://www.youtube.com/watch?v=636rh-nCcaY
Alfonsina Storni Martignoni nació en Sala Capriasca (Suiza) el 29 de mayo de 1892. Abatida tras contraer un cáncer de mama, que se agravó, terminó suicidándose en la playa La Perla, ubicada en Mar del Plata -ciudad situada en el sudeste de la provincia argentina de Buenos Aires-, arrojándose al mar desde un rompeolas. Era el 25 de octubre de 1938. Tenía 46 años. Está enterrada en el Cementerio de la Chacarita de Buenos Aires. Una leyenda popular difunde la idea de que caminó mar adentro hasta ahogarse. Su muerte inspiró al compositor y pianista Ariel Ramírez y al escritor y letrista Félix Luna a componer una canción que alcanzó un gran éxito: “Alfonsina y el mar”. Interpretación de Mercedes Sosa en directo, grabada en el Town Hall de Nueva York en febrerro de 1974: https://www.youtube.com/watch?v=AHiqZoatqy0 Interprertación a la guitarra (y arreglo) de Edith Pageaud: https://www.youtube.com/watch?v=Sz97IhSs574
Storni fue una mujer bastante singular: hija de inmigrantes, escritora, maestra, madre soltera con un hijo, feminista... Su ideología -recogida por su voz poética, que ahonda en sus circunstancias vitales personales- chocó frontalmente con los sectores más conservadores de su época, pero sirvió de acicate a jóvenes lectoras que vieron en Srotni la expresión poética de sus propios anhelos. La etapa poética más productivo de Alfonsina Storni comprende desde 1916 a 1925, con ntítulos mcomo La inquietud del rosal (Buenos Aires, Editorial Librería “La Facultad”, 1916), El dulce daño, (Buenos Aires, Imprenta Mercatali-Cooperativa Editorial Limitada Buenos Aires, 1918) Esta misma editorial también publicó Irremediablemente (1919) y Languidez (1920). Y hasta 1925 no aparece el quinto libro de Storni: Ocre, publicado en Buenos Aires por la Editorial Babel (56 poemas, distribuidos en dos partes -de 43 y 13 poemas, respectivamente-). Y en 1926 sale a la luz Poemas de amor (Buenos Aires, Editorial Nosotros), que contiene un conjunto de 47 poemas en prosa. El dulce daño se publica por primera vez en Buenos Aires, en 1918 (Imprenta Mercatali-Cooperativa Editorial Buenos Airees). Tras los dos primeros poemas, a modo de presentación (“Así” [Hice el libro así: / Gimiendo, llorando, soñando, ay de mí...] y “Este grave daño” [Este grave daño que me da la vida, / es un dulce daño, / porque la partida que debe alejarme de la misma vida / más cerca tendré…]), el libro recoge otros 57 poemas, divididos en 6 secciones: “Ligeras” (4 poemas), “Los dulces motivos” (18 poemas) -estas dos primeras secciones son las más alegres y de mayor calado lírico-, “Los fuertes motivos” (13 poemas), “Movilidad interior” (7 poemas), “Bajo la noche” (6 poemas) y “Hielo” (9 poemas). Obra entrañable que aborda tanto el amor como el desamor, aunque también sirve de cauce de expresión a una amplia gama de sentimientos, e incluye, asimismo, algunas referencias a la vida cotidiana, lo que le da pie para ejercer una aguda crítica social. En el libro se perciben tanto influencias románticas como modernistas (son evidentes las huellas de Bécquer y de Rubén Darío, fundamentalmente). Leído en su conjunto, el libro no deja de sorprender por la sinceridad con que se expresa la poetisa, por la originalidad de las ideas y la forma metafórica en que muchas de ellas se plasman, y por esa simbiosis de tradición e innovación que será una constante en la producción poética de Storni. Y de este libro hemos elegido el poema “Dos palabras”, que ocupa el séptimo lugar de la sección “Los dulces motivos”; un titulo que sintetiza su contenido, porque esas dos palabras que en el poema no se citan -“Te quiero”-, absolutamente renovadas frente al desgaste que comporta la usualidad- pueden seguir expresando una infinita dulzura cuando brotan desde el sentimiento amoroso más auténtico. Más aún, esas palabras tienen la facultad de movilizar todo el ser del “yo poético”: “al oído” (verso 1), “en mi boca” (verso 7), “por mi cuello” (verso 8), “el cuerpo [todo, como si esrtuviera embadurnado de olorosos aceites]”, “los dedos de mi mano derecha” (verso 15). Porque de lo que se trata es de manifestar el valor que la palabra puede tener cuando se convierte en una poderosa vía de expresión del sentimiento amoroso más auténtico. Componen el poema 18 versos sujetos a ritmo heptasilábico, ya que, salvo el verso 2 -que es un decasílabo-, el resto es una combinación de alejandrinos -con cesura central 7//7- y heptasílabos. Son alejandrinos los versos 1, 5, 7, 8, 11, 13, 15 y 16; y heptasílabos los versos 3, 4, 6, 9, 10, 12, 14, 17 y 18. Hay pausas internas marcadas por los signos de puntuasciòn en los versos 2, 3, 7 y 11 (las rayas enmarcan una expresiva ecfonesis). Y son dignos de mención los encabalgamientos que se producen en el primer agrupamiento estrófico: versos 1-2 (“palabras comunes”), 2-3 (“palabras cansadas / de ser dichas”), 3-4 (“palabras / que de viejas”, un encabalgamiento oracional). Pero quizá lo más destacado sea la distribución de las rimas asonantes a lo largo de los cinco agrupamientos estróficos, al margen de los cánones clásicos (versos 1-3, 5-9, 10-13, 14-16 y 17-18), porque hay un predominio irregularmente distribuido de la asonancia /á-a/ que, con su perceptibilidad acústica, introduce en el poema una grata eufonía. Esta es la citada distribución de rimas:
Agrupamiento estrófico 1: versos 1, 2 y 3 (“palabras/cansadas/palabras”); el verso 4 queda libre, aunque la rima /é-a/ se repite en los versos 14, 15, 16, 17 y 18 (“nuevas/bellas/derecha/tijeras/quisieran/estrellas”). Agrupamiento estrófico 2: versos 5, 6, 7 y 9 (“andaba/ramas/palabras/echarla”); el verso 8 queda libre (/é-o/: intento”). Agrupamiento estrófico 3: versos 10, 12 y 13 (“palabras/mansas/derraman”); el verso 11 queda libre (/í-a/; “vida”). Agrupamiento estrófico 4: No figura la rima /á-a/. Los versos 14, 15 y 16 riman en asonante /é-a/ (bellas/derecha/tijeras”), Agrupamiento estrófico 5: Tampoco figura la rima /á-a/, y continúa la rima /é-a/ de la anterior agrupaciòn estrófica: “quisieran/estrellas” (versos 17 y 18),
El poema se presenta cono una confesión y, al mismo tiempo, como un análisis del “yo poético” acerca de la impresión anímica que le producen las “dos palabras” que “el tú”, de manera íntima -y casi confidencial- le ha trasladado (verso 1: “Esta noche al oído me has dicho dos palabras”); unas palabras que, dichas por otras personas y en otras circunstancias, resultarían “comunes” (verso 2: muy sabidas por su empleo habitual), ”cansadas” (verso 2: semánticamente agotadas a fuerza de su continua reiteración) y “viejas” (verso 4: estropeadas por el uso), pero que en este caso se muestran renovadas (verso 4: “son nuevas”), “dulces” (versos 5, 7, 10, 12 y 14: que sugieren ternura), ”mansas” (verso 12: que transmiten apacibilidad) y “bellas” (verso 14: hermosas por su autenticidad). El poema no pretende convertirtse en un simple juego para que el lector adivine de qué dos palabras se trata, y que en el texto no se explicitan; precisamente porque desde los primeros versos es fácil deducir que esas dos palabras son “te quiero”. Y, precisamente, la adjetivación se ha encargado de ampliar connotativamente el significado de una expresión estereotipada que, una vez escuchada por el receptor, podría no originar la menor respuesta emocional; o, como es el caso, le puede llevar a exclamar en plan jubiloso “¡oh qué bella es la vida!” (verso 11, una exclamación retórica entre signos de admiración con la que se expresan sentimientos intensos). Parte de la eficacia comunicativa del texto está en su “concepción arquitectónica”, al poner en pie idénticas construcciones sintácticas que le confieren una gran coherencia interna. Así sucede con la construcción, en ocasiones anafórica y, otras veces, en suave hipérbaton, “Dos palabras tan dulces que...” (verso 5), “tan dulces dos palabras que…” (versos 7-8 y 10-11), “tan dulces y tan mansas que…” (versos 12-13), “tan dulces y tan bellas que…” (versos 14-16). Esa construcción sintáctica (“tan+adjetivo[s]+que) es de tipo consecutivo, intensificando la cualidad experesada por el adjetivo y relacionándola con la consecuencia que se expresa en la subordinada introducida por la conjunción “que”, de manera que se obtiene así una ponderación exagerada:
Versos 5-7: “tan dulces [dos palabras]¸ que la luna que andaba / filtrando entre las ramas / se detuvo en mi boca”(con perífrasis verbal “andar+gerundio”, que denota la acción que dicho gerundio expresa; adviértase, además, la relación temporal y aspectual de los verbos empleados: “andaba filtrando… se detuvo” ). La imagen de una boca que recibe la iluminación de una luna en éxtasis tiene sugerentes efectos sinestésicos. Versos 7-8: “tan dulces dos palabras / que una hormiga pasea por mi cuello / y no intento / moverme para echarla”. Ahora se da un salto cronológico para trasldar las acciones al tiempoo presente, lo que las hace más vivas: “pasea [una hormiga]… no intento [moverme]. El nivel de ensimismamiento llega a tales extramos que incluso no se percibe la molestia que pudiera originar una hormiga paseándose por el cuello del “yo poético”. Versos 10-11: “Tan dulces dos palabras / que digo sin quererlo —¡oh qué bella la vida!—. El verbo se mantiene en presente de indicativo: “digo”. Repárese, por otra parte, en la eficacia expresiva de la ecfonesis, entre rayas y signos de admiración. Versos 12-13: “Tan dulces y tan mansas / que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman”. El verbo continúa en presente de indicativo: “derraman”. El hipérbaton obedece a exigencias rítmicas y tímbricas (la asonancia /á-a/). Desecho el hipérbaton, las palabras se volverían mates: “derraman aceites olorosos sobre el cuerpo”). Versos 14-16: “Tan dulces y tan bellas / que los dedos más largos de mi mano derecha / se mueven hacia el cielo imitando tijeras”. Persiste el empleo del presente de indicativo: “se mueven”. Los versos 17 y 18 explican esta imagen puramente esteticista, en una optación irrealizable: “Mis dedos quisieran / cortar estrellas”.
De Alfonsina Storni ya nos ocupamos en un artículo publicado en esta misma revista digital el 13 de septiembre de 2025, y titulado “Alfonsina Storni: Un viaje poético desde 1916 hasta 1925 con Ocre como culminación”; artículo en el que analizamos el poema “Dolor”, incluido en Ocre, y al que se tiene acceso en el siguiente enlace: Puedes comprar su obra en:
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