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El profesor Mark Lilla presenta su libro
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El profesor Mark Lilla presenta su libro (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI)

“MEJOR NO SABER”

Por Álvaro Bermejo
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beralvatelefonicanet/7/7/18
sábado 06 de junio de 2026, 08:07h

Supongamos un acróbata trepando a su trapecio, decidido a ejecutar un triple salto mortal. ¿Le gustaría ser informado en ese preciso momento acerca del número de decesos en su profesión? Supongamos una pareja presuntamente feliz tras treinta años de matrimonio. Una pregunta en el aire, o en el trapecio: ¿Me quieres todavía? Por lo general, si se llega a formular, se temen las consecuencias. ¿Mejor no saber?

Es la tesis planteada por el profesor norteamericano Mark Lilla en su último libro: Ignorancia y felicidad. Sobre el deseo de no saber. Una tesis de plena actualidad a la luz del tsunami de escándalos excrementales que vienen afectando al gobierno de Pedro Sánchez, a su familia, y ahora también a su “faro moral”, Rodríguez Zapatero.

No me escandaliza la corrupción -está en la naturaleza humana- sino precisamente eso: el deseo de no saber, el empecinamiento de la grey socialista en negar lo evidente y defender lo indefendible. Todo se resuelve con una doble valoración, tan cínica como irrisoria. Primer argumento: “estamos siendo víctimas de una persecución judicial”. Pues claro: ¿A quién ha de perseguir y persigue las Justicia? A los presuntos delincuentes. Segundo argumento: “son procesos políticos”. Segundo pues claro: Todo es política. Incluso ese funesto deseo: el de no saber.

Para Lilla también está en la naturaleza humana, es más emocional que instintivo. Se complementa con el deseo de saber, como la pulsión por pisar el acelerador o el freno. Y va por ciclos históricos, como si unos raros bacilos psicológicos se propagasen de mente a mente. ¿En qué momentos? En los que preferimos las mentiras confortables a las verdades incómodas. La demagogia al debate. La oscuridad a la transparencia.

Esta no es una cuestión de justicia, por más que la presunción de inocencia se pelee con otra, a cada sumario más clamorosa, la de culpabilidad. Es una cuestión ética. En vez de rendición de cuentas y asunción de responsabilidades políticas, lo propio de cualquier democracia, activar el modo resistencia como una virtud. Fanatizarse. Constreñir el partido a una secta. Arrasar un noble ideal hasta reducirlo a cenizas. Sin una reacción desde las bases, sin una revolución interna que diga basta ya.

Si el PSOE hoy está hecho un cuadro el suyo es ‘El Grito’ de Munch. Un personaje atacado por una crisis de pánico en medio de un puente que no conduce a ninguna parte. Las manos apretando sus oídos, para no escuchar. En su boca un grito desquiciado. Pero mudo.

¿Realmente es mejor no saber, vivir dentro de una jaula mental? ¿O esa jaula sólo es la coartada para no enfrentar verdades a las que no podremos sobreponernos? “Es un lugar común afirmar que el conocimiento es poder” -escribió George Eliot- “pero, ¿quién se detiene a pensar en el poder de la ignorancia?” Se refería a la peor de todas: la voluntaria.

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