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Corpus Bargas
Corpus Bargas

EL OLVIDADO “CORPUS BARGA”

sábado 24 de enero de 2026, 17:16h

El pasado 12 de enero, sin otro título, en esta revista (Todo Literatura) leía un artículo en el que se rememoraba el fallecimiento de Ramón Gómez de la Serna -escritor y periodista vanguardista, adscrito al Novecentismo- al tiempo que se le recordaba como el ínclito autor de las “Greguerías”, género literario creado por él (sic.) y se insertaban 20 de éstas.

La vida rota
La vida rota

Yo que tengo buen recuerdo y estima por el referido Ramón Gómez de la Serna, de inmediato reparé en su excelso tío Andrés, Rafael, Cayetano, Corpus García de la Barga y Gómez de la Serna, cuyo nombre, por evidentes motivos de largura cambió por “Corpus Barga”, uniendo su cuarto nombre -que le había sido impuesto por haber nacido el día del Corpus de 1887, en Madrid, donde su padre, Felix García de la Barga, ejercía de Vicepresidente de las Cortes, -, con la segunda parte de su primer apellido porque, siendo ya un caballero, nadie se atrevía a llamarle “Don CORPUS” que parecía nombre de zarzuela o de comedia de los hermanos Alvarez Quintero, según el propio CORPUS decía. Ni él lo aceptaba. D. Felix, su padre, estaba integrado en la Unión Liberal, fundada por D. Leopoldo O’Donnell, de quien se convirtió pronto en seguidor durante la Restauración Borbónica. Mas tarde, militando, en el Partido Fusionista tuvo un importante papel en la designación de Amadeo de Saboya como Rey de España, tras el destronamiento de Isabel II, dada su proximidad al General Prim, presidente del Consejo de Ministros.

CORPUS BARGA era, además, nieto, por parte materna, de Pedro Gómez de la Serna, Abogado, ministro de Espartero y Presidente del Tribunal Supremo.

Felix García de la Barga y Gómez de la Serna, casó con una prima: Eulalia Gómez de la Serna, hija del anterior, 23 años menor que él. Algo parecido a lo que aconteció con Antonio Machado.

CORPUS BARGA, se inició en el mundo de la literatura y de las ideas anarquistas de la mano de Pio Baroja -irresoluto anarquista, cuyos ideales reflejó inmejorablemente en su obra, “La lucha por la vida”- cuya familia regentaba una panadería en la C/ de la Misericordia, junto a las Descalzas Reales, en la llamada “Casa de Capellanes”, cercano a la C/ Trujillo, de Madrid, donde vivía su familia,“en un caserón misterioso, enorme y destartalado”, según lo describía su sobrino Ramón. Complementó su formación ácrata con las enseñanzas recibidas de Azorín que, también lo era y, en última instancia, de manera practica, a través de un Capataz de la mina de Carbón de Peñarroya (Córdoba) a donde su padre le envió a hacer prácticas ya que, inicialmente, había elegido la carrera de Ingeniería de Minas como profesión a futuro.

En la Panadería de los Baroja -como dejó escrito Manuel Vicente en el diario “ABC”: solía coincidir con un señor de larga barba y quevedos, con otro que solo lloraba por un ojo, con otro que era cojo y con el pelo cortado a cepillo… personajes atrabiliarios de aquel Madrid, de Boteros, de Solana. Poco después se supo que aquellos personajes eran Valle-Inclán, Pío y Ricardo Baroja. Y se hicieron amigos. Y pasó a ser asiduo visitante de los célebres cafés de la época: “El Rincón de Levante”, “El café de Fornos” o “El café de Pombo” donde, su sobrino Ramón, abocado al mundo de la literatura por interés de su tío, lideraba la tertulia literaria. En estos cafés, especialmente en “el Rincón de Levante” -uno de los lugares de encuentro más famosos de la intelectualidad madrileña de la época- coincidía con escritores como Unamuno, Azorín, Baroja, Valle Inclán, Maeztu o poetas como Juan Ramón Jiménez o Antonio Machado.

Su actividad literaria dio comienzo, apenas con 17 años, con un librito de poemas que tituló “Cantares” pero, no debieron ser muy afortunados los versos, tanto que los hizo desaparecer. No quedó ni rastro de esta obra salvo unos pocos versos publicados en la revista “Gedeón”.

Tras diversas vicisitudes por las que pasó: enfrentamiento con las fuerzas de Orden Público, arrestos y hasta encarcelamiento en un barco de la Marina Española, en San Sebastian (era hijo y nieto de quien era) debido a las ideas anarquistas que le habían imbuido Baroja y Azorín, y como quiera que devoraba un libro tras otro, de todo género (“para mí la lectura es escribir otro libro con el libro de otro” Lima 15.2.74), inició su despuntar como escritor, con apenas 19 años, con una colaboración en el diario “El País”: “La soberbia del Mercurio”. En este periódico y en “El Imparcial”, llegó a publicar cientos, miles de crónicas, artículos y decenas de ensayos” llegando a ser un acreditado periodista, literato, novelista, poeta y traductor y convirtiéndose en una de las grandes plumas que España ha tenido en el Siglo XX, como afirmó Carlos Parra, en “Escritura y Pensamiento”.

Mas tarde, escribió “Clara Babel” y “La moral de la juventud”. Y tras una estancia en el municipio Cordobés de Belalcazar, del que era oriunda su familia, redactó su primera novela: “La vida rota”, de la que, posteriormente, se desdijo, reescribiéndola y publicándola bajo el título de “Los galgos verdugos”. Por ello, recibió el premio de la crítica literaria, al tiempo que la Asociación de la Prensa de Madrid, le nombraba “Periodista de honor”.

Ingresó en la redacción de “El Capital” donde escribió numerosos artículos entre los que cabe destacar: “Como se proyecta la aviación sobre la humanidad”. También escribió en “Los lunes”, “El Imparcial”, ya referido, o “La correspondencia de España” quien, posteriormente, lo destinaría a Viena como corresponsal, desempeñando cargos de este tipo en Paris, Viena, Budapest, Bucarest y Berlín.

Y, como CORPUS era un joven ácrata rebelde también envió sus colaboraciones al periódico “El Intransigente” fundado por “Alejandro Lerroux”, a la sazón Presidente de la República.

En 1910 viajó a París donde se convirtió en Consul literario, acompañante, anfitrión y guía de escritores españoles famosos que caían por allí: Baroja, Unamuno, Valle Inclán, Ortega y Gasset, Blasco Ibañez y su sobrino Ramón. También trató a Colette, Maiskovski, a Ilya Ehrenburg, a Kerenski o Trotski, y las marquesas proustianas que abrían salones en Saint Germain. Participando en tertulias con Modigliani, Apollinaire, Coucteau y Picasso.

Desde París enviaba crónicas a “El Sol”, “La correspondencia de España”, “El intransigente”, “El Radical” y la “Nación” de Buenos Aires, como responsable de su Agencia en esta ciudad con la ascensión de los nazis, la marcha sobre Roma de Mussolini y la España de la República y la guerra.

En Paris se exilio hasta la proclamación de la República en España, cambiando la literatura, un oficio que no permitía comer, por el periodismo, un trabajo que consentía sobrevivir. Pronto se hizo un nombre en la prensa hispanoamericana y, también tuvo la corresponsalía de “El Sol”.

Al proclamarse la República volvió a Madrid. De entonces se cuenta la anécdota de haber acusado a Benito Pérez Galdos, en la tertulia del “Café de Levante”, de farsante por haber por claudicar ante el poder, sin haber llevado sus propósitos al fin que predicaba. Un miembro del Ateneo, allí presente, le emplazó a decírselo en público, en el Teatro Español, en cuya balconada se le estaba haciendo un homenaje. Dicho y hecho, cogió su gaban y se fue directo a la Pl. de Sta. Ana donde le acusó de “viejo farsante” pronunciando, por tres veces consecutivas: ¡Viva la anarquía”. Esto le valió su detención por las fuerzas de Orden Público, aunque, más tarde, fue puesto en libertad por carecer de antecedentes penales y, reitero, por ser nieto de quien era. Sus padres ya, habían fallecido, ella, la madre, de enfermedad, él, el padre de “amor”, una semana después de la primera.

Cuando se firmó el tratado de Versalles, la “Asociación de la Prensa Parisina” envió un mensaje de saludo y votos por la Paz, a su correspondiente de Madrid, a través de CORPUS BARGA.

Arturo Ramoneda cuenta (El Escritor y su Siglo -XX-) que Juan Ramón Jiménez recomendó a Pedro García Morales que leyese “El Sol” porque, en él, escribía CORPUS BARGA cosas que están bien y, a veces, muy bien.

Su firma se hizo habitual, también, en la prensa latinoamericana: “La Voz de Nuevo México” y “La Pluma de Montevideo”.

Habiéndose trasladado a Berlín para dirigir la agencia del periódico “La Nación”. Allí escribió un libro de relatos que contenía: “Pasión y muerte” o “Mary y los altos hornos” y “Apocalipsis”.

En esta etapa conoció a Charlie Chaplin y llegó a entrevistar a Churchil, Hinderburg, Hitler, el general Joffre, Lenni, Mussolini y hasta el Papa Pio XII.

Participó en debates relativos al “Estatuto Catalan” junto a Víctor Pradera y Ramiro de Maeztu, mostrando su plena oposición al mismo por que la descentralización de España, que, en el mismo se proclamaba, era contraria al espíritu nacionalista que lo informaba.

En la Segunda República, colaboró en publicaciones como “El mono Azul” y “Hora de España”, pronunciando conferencia sobre la actitud de los republicanos y los intelectuales durante la contienda.

Colaboró en la expatriación a Suiza (Ginebra) de las obras del Museo del Prado (las “Meninas” entre otras) y de las Obras de la Biblioteca Nacional, para protegerlas de las bombas que caían sobre Madrid.

En las postrimerías de la Guerra, camino del exilio a Francia, ayudó a la familia “Machado” (Antonio, José, la madre de ambos y la esposa del segundo) a encontrar un lugar donde alojarse en Colliure, llevando, materialmente, en brazos, a la madre de Antonio y José porque, la pobre no podía ni andar.

Finalizada la guerra volvió a París donde se exilió a la edad de 52 años, reanudando sus escritos y colaboraciones en periódicos de Latinoamérica. Al tiempo fue requerido por la “Universidad de San Marcos” (Lima/Perú) para dar clases de Periodismo en el Instituto de Comunicaciones. Poco después, éste, se convertiría en Facultad de Letras y CORPUS fue nombrado su Director.

Falleció el 8 de agosto de 1975.

Está enterrado en el Cementerio Británico de Lima.

Ya, NADIE LE RECUERDA.

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