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"Historia de la Edad Media. Siglos IV a XV. Volumen I", de Miguel Ángel Ladero Quesada

Editorial Dykinson. 2025
martes 03 de febrero de 2026, 21:20h
Historia de la Edad Media. Siglos IV a XV
Historia de la Edad Media. Siglos IV a XV

Este libro nos aproxima a una época que cada vez está mucho más y mejor considerada, siendo ya muy variado el número de historiadores que somos medievalistas, con concepciones diferentes, a veces antagónicas, pero siempre enriquecedoras. Los humanistas y los ilustrados menospreciaron al Medioevo, entre los siglos XV al XVIII.

En este volumen el profesor Miguel Ángel Ladero Quesada nos acerca lo que ocurrió en tiempos, lugares y personas durante más de mil años. Desde la Alta, la Media y la Plena Edad Media. El concepto definitorio del tiempo histórico, parte de lo que significa civilización, que sirve para enmarcar los sistemas que son la definición de la realidad histórico-social. El autor define en tres los niveles de civilizaciones, pero siempre en el entorno del Mare Nostrum de los romanos, es decir el Mar Mediterráneo. El primero se cualifica por sí solo y corresponde al Mediterráneo Oriental, ahí dominaros las civilizaciones imperiales del Alto y del Bajo Egipto, y además las Mesopotámicas de Sumer, Akkad, Asiria, Mitanni, Elam, Babilonia y Hatti, aderezadas estas por los israelitas y los cananeos o fenicios, desde el año 1000 hasta el siglo cuarto a.C. El segundo se desarrolla en las orillas del propio Mediterráneo, por autoría de las civilizaciones griega, romana y parta o persa, desde el año 1000 a. C. y los siglos IV o V d. C. El tercer nivel corresponde, sensu stricto, a lo que el autor define como siglos medievales.

Y en el nacieron, en torno al Mediterráneo, desde la Europa noroccidental hasta el Oriente Medio, nuevas civilizaciones sobre las que todavía se basa parte de nuestro presente. Me refiero a la civilización greco-cristiana, cuyo centro fue Constantinopla y sus territorios los del antiguo Imperio romano de Oriente más los invadidos a costa suya y habitados por pueblos eslavos y búlgaros en la Europa del S.E. Y al Islam, nueva religión que conquistó y definió desde los siglos VII y VIII un amplísimo espacio de civilización desde el Asia Central hasta el N. de África e Hispania, espacio formado en gran medida a costa de Bizancio, de la Persia sasánida y también del occidente mediterráneo, aunque su centro fue siempre Oriente Medio. Y, por supuesto, me refiero a nuestra Europa, nacida sobre las tierras del antiguo Imperio Romano de Occidente, ampliada en otras germánicas, célticas y eslavas, y organizada en aquellos siglos como Cristiandad latina en torno al primado del obispo de Roma”.

Constantinopla va a heredar, sin ambages, y sin bruscas rupturas, lo que era la sociología y la política en el Senatus Populusque Romanus occidental, pero ahora ya en oriente, y que se denominará con el nombre regional de Bizancio. No obstante, algo importante mutará con respecto a la Roma tradicional, y que será la causa primordial de su enfrentamiento con el Papado de rito latino de Roma, e inclusive a la desafección que producirá en el Medioevo por parte de los cruzados cuando vayan a conquistar Tierra Santa, y tengan que atravesar el Imperio Romano de Oriente. El Islam nace, se desarrolla y crece, de forma inesperada sobre varios pueblos paganos de Arabia, llegando a conquistar, con la violencia que les permite el Corán, y manu militari, desde Mesopotamia hasta Hispania. El Cristianismo de rito latino, nacido de Roma, deberá evolucionar durante siglos y nunca permanecerá inmutable. Todo lo contrario que el Islam y Bizancio que se estancarán hasta el desideratum, los mahometanos siguen estancados hasta en tiempos relativamente próximos a la actualidad, y Bizancio cayó con estrépito en el siglo XV para no volverse a levantar.

Por el contrario, la Europa occidental o Cristiandad latina protagonizó un crecimiento en todos los órdenes desde el siglo XI, después de sus difíciles comienzos, y generó en su seno un nuevo tipo histórico de civilización que la distinguió poco a poco pero definitivamente del fondo común a todas las civilizaciones agrarias, mediante cambios y crisis internas desde finales del siglo XIII, de tal manera que extendió su influencia desde el XVI y dominó progresivamente durante varios siglos sobre el resto del planeta, puso las bases de una Historia verdaderamente única de la Humanidad y contribuyó indirectamente, en definitiva, a la ruptura reciente de otras civilizaciones con respecto a su propio pasado. Sin embargo, durante los primeros siglos de la modernidad europea, hasta la segunda mitad del siglo XVII e incluso más acá en algunos aspectos, es de notar la lentitud de las transformaciones de los sistemas sociales y la permanencia e incluso consolidación de muchos elementos culturales construidos en los siglos medievales”.

Por todo lo que antecede, deseo indicar, de forma taxativa, que la Edad Media no fue una época homogénea y simple, sino todo lo contrario. Lo paradójico y lamentable del hecho descalificador del Medioevo, por parte de la prepotencia de los humanistas de los siglos XV y XVI estriba en que ellos mismos serían los primeros beneficiarios y continuadores del legado cultural tan paradigmático del Medioevo. Por lo tanto, estimo modestamente que se debería acuñar una nueva terminología, menos peyorativa, y aunque es difícil por no decir imposible eliminar el concepto de Edad Media, se puede utilizar asimismo el de Siglos Medievales y, por que no decirlo, el de la Era de las Catedrales. Entre el final del Imperio Romano de Occidente y el inicio de las estructuras sociopolíticas típicamente medievales se produce un espacio de tiempo entre los siglos III y VIII, que comienza con las reformas internas, múltiples y muchas veces basadas en la inútil buena voluntad, y las migraciones necesarias y esperadas de los pueblos germánicos. Son tiempos muy difíciles, ya que las estructuras de orden y de civilización de Roma se van hundiendo, existe una importante inestabilidad social, con predominio del poder de las aristocracias rurales, que crean unas estructuras de dependencia y de clientelismo. Estamos en la época de creación de nuevos territorios, con una lenta e inexorable complejidad territorial, y con una masiva cristianización de aquellos germanos provenientes del paganismo, por lo que la conversión al cristianismo latino católico occidental fue en ocasiones muy somero o superficial. Existen otros datos esclarecedores y de conocimiento necesario, uno es el de la expansión de los monasterios, aunque la penuria cultural se extiende por gran parte del tejido social. Se conoce con el nombre de Patrística al conjunto de los textos escritos por un buen número de autores cristianos, entre los siglos II al VI, y que se encargaron de la clasificación y sistematización de la fe cristiana ortodoxa.

Son, especialmente, los debidos a los llamados padres griegos (Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa, Cirilo de Alejandría y Juan Crisóstomo) y a los latinos (Ambrosio, Jerónimo, Agustín, Gregorio I papa), a los que es indispensable añadir los nombres de Boecio y Casiodoro en el siglo VI, Isidoro de Sevilla en el primer tercio del VII y Beda en el VIII, ya en una época de ‘patrística tardía’. Se denomina Escolástica a la reflexión y escritos posteriores, en especial a partir de finales del XI”.

Por el contrario, en Bizancio o Imperio Romano de Oriente, desde mediados del siglo VI y tras producirse el fracaso estrepitoso, de los planes políticos, del gran emperador Justiniano, que no consiguió llevar a efecto todos sus planteamientos socio-culturales; ya que padecerá las migraciones eslavas y búlgaras y, sobre todo, la fulgurante expansión del Islam, por lo que todo ello conllevará su caída el 29 de junio de 1453.

«La expresión Edad Media se emplea hoy, principalmente, para delimitar un milenio de historia de la civilización europea occidental en su evolución interna y, también, en su continua relación con otras dos civilizaciones contemporáneas suyas: la cristiandad griega o bizantina y el mundo islámico, más las respectivas áreas de influencia. La referencia a las grandes civilizaciones asiáticas es también necesaria para tener noticia de contactos con ellas, establecer comparaciones y disponer de una perspectiva que permita apreciar la historia global del Viejo Mundo. Estos criterios han inspirado tanto la definición de periodos históricos a estudiar como la distribución de contenidos en cuarenta y cuatro capítulos y el porcentaje de páginas dedicado a cada ámbito de civilización: así se explica con mayor detalle en las páginas de introducción y conclusión. Esta Historia de la Edad Media es un libro de síntesis escrito para la enseñanza universitaria, pero también para su uso por otros lectores, sean o no historiadores profesionales, que necesiten una obra de referencia e información básica, amplia y útil desde diversos puntos de vista. Por tal motivo, es algo más extensa que la mayoría de los manuales destinados a primeros cursos de estudio, aunque también puede utilizarse fácilmente para este propósito puesto que permite diversos niveles de lectura, además de incluir 210 textos de época seleccionados para comentario y una guía de información bibliográfica con 2.500 títulos clasificados por materias».

Estamos, por lo tanto, ante una obra magistral sobre la Edad Media, completa, rigurosa, categórica, esclarecedora, justa y necesaria, que califico, sin circunloquios, como de lectura y consciencia obligada. ¡Obviamente ejemplificadora de una época de estudio, la Edad Media, que es la mía propia! «Sacerdos, seu quivis alius legitimus Ecclesiae minister, vexatos a daemone exorcizaturus».

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