www.todoliteratura.es
Sandra Iriarte Macho-Quevedo
Ampliar
Sandra Iriarte Macho-Quevedo

DOS ESTRELLAS

In Memoriam Sandra Iriarte Macho-Quevedo
En poco más de año y medio, nuestra amiga y colaboradora Maque ha perdido a su madre, a su marido y a su única hija. No hace falta contar mucho más para comprender su desgarro. Desde aquí le mandamos nuestras más sentidas condolencias y nuestro cariño. Azucena del Valle escribe el panegírico en "Dos estrellas".

Ya estás aquí, mi niña bonita. Mi pequeña Sandra. La luz de mi vida. Llena de sueños y proyectos que te han sido arrebatados de golpe porque la vida no es justa.

Has tardado poco en seguirme. Siempre tan obstinada, no has querido dejarme solo. Pero yo tampoco he querido abandonarte y he preparado tu viaje.

He pedido a las estrellas que titilen engalanadas y brillantes para que el sendero esté bien iluminado y no tengas miedo; al viento que se transforme en brisa y acaricie tu rostro como lo hacíamos tu madre y yo cuando eras pequeña; a la lluvia, que tan solo sea rocío fresco que bese tus pies; a las nubes, que sean algodones en los que pueda descansar tu cuerpo dolorido; a las golondrinas, que te acompañen todo el trayecto para que no te sientas sola; a las flores que expandan su olor y formen una diadema blanca que envuelva tu pelo brillante; a mis manos, que te agarren presto y te den confianza, y a mi corazón, que lata fuerte para que lo notes, me encuentres, y siga siendo refugio cuando te acurruques en él. Mis labios seguirán siendo cálidos cuando deposite el primer beso de bienvenida en tu frente.

Todavía recuerdo la primera vez que vimos tu carita, tus ojos despiertos que chisporroteaban con asombro ante un mundo que te esperaba con ansia. ¡Nos llenaste de amor! ¡Colmaste con creces todas nuestras expectativas! Trajiste dicha y alegría a nuestras vidas porque, ¡te deseamos tanto! Eras lo que queríamos que fueras. ¡Eras nuestra hija bonita!

Fue muy fácil amarte. Reías siempre, con los ojos y la boca soñadora; eras cariñosa con los íntimos y tímida y amable con los demás; decididamente curiosa y muy inteligente a pesar del susto que nos diste cuando, seguramente enfadada por tu dislexia, afirmaste que no querías estudiar. Fue una treta, seguro, porque sacaste la carrera de manera brillante sin acarrear suspensos, engañando a tu madre cuando en el boletín de notas vio una “S” y pensaba que era un temido suspenso. Respondiste ufana, con el humor jodío que practicabas con tu prima, que era un ¡Sobresaliente!

Creciste independiente, fuerte, hasta convertirte en una mujer maravillosa. Dejaste de darnos abrazos, tal vez, porque ya habías entregado tu corazón al hombre que te acompañó hasta el final. Te gustaba recorrer países con nosotros, esquiar, jugar al mus… Ahora afrontas tu último viaje; ese para el que no se necesita equipaje. Atrás se quedan las vivencias, los recuerdos, las personas que nos querían… Tu compañero. Tu madre, esa mujer de la que heredaste la fuerza para no quejarte. Estará enfadada con nosotros por dejarla tan sola. Dile que no nos hemos ido, aunque no pueda vernos. Que nos busque en cada atardecer, en el viento que susurra al oído, en la sonrisa de un desconocido, en la caricia de un amigo, en la belleza de una rosa blanca… Y cuando no pueda dormir, dile que levante sus ojos al cielo. Somos esas dos estrellas que siempre brillaran para ella hasta que volvamos a encontrarnos.

“Recuérdame” (David Harkins)

Puedes llorar porque se ha ido, o puedes

sonreír porque ha vivido.

Puedes cerrar los ojos

y rezar para que vuelva o puedes abrirlos y ver todo lo que ha

dejado;

tu corazón puede estar vacío

porque no lo puedes ver,

o puede estar lleno del amor

que compartisteis.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el

vacío y dar la espalda,

o puedes hacer lo que a ella le gustaría:

sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

Hasta siempre, querida Sandra. S.T.T.L.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+
0 comentarios