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Miguel de Cervantes Saavedra
Miguel de Cervantes Saavedra (Foto: Archivo)

Cervantes, soldado de corazón, en Siracusa y Villafranca Sícula, bases militares en Italia

«Oh dulce España, patria querida», Miguel de Cervantes Saavedra
domingo 08 de marzo de 2020, 17:00h
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El benemérito historiador Carlos Belloso Martín, de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, en su excelente artículo «Miguel de Cervantes, soldado en el Mediterráneo. Nuevos datos para su biografía (1571-1575)». Cervantes, soldado de la Infantería Española, Revista de Historia Militar (2016, 77-105), pone en letras de molde el nuevo documento, dejado en el tintero por los eruditos, sobre el acuartelamiento de los hermanos, Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) y Rodrigo de Cervantes (1550-1601), de la compañía del capitán Manuel Ponce de León (1539-1549), del «Tercio de la Sacra Liga» del Maestre de campo, Lope de Figueroa y Barradas (1541/42-1585), en la base naval de Villafranca Sícula, situada en la colina de San Calogero, de la provincia de Agrigento de Sicilia en el invierno de 1572.

Empero, antes de proseguir con el tema, conviene subrayar, además, que tras la expedición militar de Navarino en 1572, la compañía del capitán Manuel Ponce de León, donde sirvieron Miguel y Rodrigo, permaneció en Sicilia acorde a la carta del 5 de noviembre de 1572, redactada en Mesina, por Don Juan de Austria (1547-1578), y descubierta por el profesor Belloso Martín (La Antemuralla…, 126), y no fue instalada en Nápoles como lo declaran incorrectamente los biógrafos cervantinos hasta hoy día. Al lado de ello, Belloso Martín apoyándose en el nuevo testimonio de 1572, titulado «Repartimento de allogiamento de compagnie» del Archivo General de Simancas, E., legajo 1.137, documento 37 y documento 69, citado parcialmente por los historiadores David García Hernán, de la Universidad Carlos III de Madrid, y Enrique García Hernán, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, en Lepanto: el día después (1999, 94-98), afianza que Miguel y Rodrigo «sentaron plaza en la compañía del capitán Ponce de León, alojado con 102 soldados en Villafranca, hoy llamada Villafranca Sícula» («Miguel de Cervantes…», 84), ubicada entre las localidades de Calamonaci y Burgio de la provincia de Agrigento en Sicilia.

También, la profesora italiana Valentina Favarò, de la Universitá degli Studi di Palermo, reafirma en La modernizzazione militare nella Sicilia di Filippo II (2009) que el Tercio del Maestre de campo, Lope de Figueroa y Barradas, fue distribuido en «Bisaquino, Burgio, Gibellina, Palazzo Adriano, Sambuca, Sciacca y Villafranca» (La modernizzazione…, 118), el Tercio del Maestre de campo, Miguel de Moncada, fue transportado a «Agrigento, Naro y Racalmuto» (La modernizzazione…, 118-119), la compañía del capitán Diego de Urbina fue distribuida en «Cicorgete» (La modernizzazione…, 119), y el Tercio Viejo de Sicilia del Maestre de campo, Diego Enríquez de Castañeda y Manrique (1535-1601), fue consignado a «Coniglione» (La modernizzazione…, 119).

Con relación a Agrigento, la antigua Acragante, cabe destacar que la primera biografía de Cervantes, intitulada la Topografía e historia general de Argel (1612), fue compuesta por el doctor Antonio de Sosa, y fue dada a la estampa por el sacerdote benedictino Diego de Haedo (¿-1612), abad del monasterio de Frómista, Palencia, éste sobrino Diego de Haedo, natural de San Miguel de Haedo, Carranza, obispo de Agrigento, arzobispo de Palermo (1589-1608), Capitán General y Virrey de Sicilia.

Aparte de ello, hago hincapié en que Belloso Martín en su magnífico libro La antemuralla de la Monarquía. Los Tercios españoles en el Reino de Sicilia en el Siglo XVI (2010), documenta el acuartelamiento de Miguel y Rodrigo, soldados de la compañía del capitán Manuel Ponce de León, del Tercio del Maestre de campo, Diego Enríquez de Castañeda y Manrique, -totalmente echado en saco roto por los investigadores en los últimos veinte años-, en la base naval de Siracusa desde los principios 1574 hasta junio del mismo año, tierra de las maravillas de Sicilia, parte de la Grecia Antigua.

La carta del 12 de febrero de 1574 en Palermo del conservador de Sicilia, Esteban de Monreal, a «Friedensfürst» (1527-1598), encontrada por Belloso Martín, comprueba por primera vez que los hermanos Cervantes prestaron su brillante servicio militar en la compañía de 144 soldados de Ponce de León, acantonada en el presidio de Siracusa (La Antemuralla…, 306) a pesar de que el 15 de febrero de 1574 en Nápoles, los oficiales de la armada le desembolsaron a «Miguel 30 escudos a buena cuenta de su sueldo» (K. Sliwa, Documentos…, 44), y el 10 de marzo de 1574 en Nápoles, Don Juan de Austria ordenó al licenciado Navas de la Puebla, Juez y Auditor General de la Armada, «dar cualquier dinero que estuviera en su poder de los procedidos de las condenaciones de cámara y gastos de justicia para liquidar 30 escudos» al héroe de Lepanto (K. Sliwa, Documentos…, 44). Pese a ello, hasta ahora los eruditos dejaron al lado los hallazgos de capital importancia de Belloso Martín y propagaron equivocadamente que Cervantes estaba en Nápoles en el otoño de 1573, y seguidamente se trasladó a Cerdeña. No obstante, esta afirmación no es cierta en absoluto, puesto que Belloso Martín testimonia que el héroe de Argel estuvo en «Siracusa desde principios de 1574 hasta junio de 1574» («Miguel de Cervantes…», 2016, 88).

Aún, el 1° sargento Miguel Ángel Domínguez Rubio, Regimiento de Infantería, «Tercio Viejo de Sicilia», N° 67, sostiene adecuadamente que «hay que rechazar que los documentos de pago de atrasos a Miguel de Cervantes fechados en la ciudad de Nápoles en febrero y marzo de 1574 lo sitúen en aquella ciudad: Orden a los Oficiales de la Armada para que librasen a Miguel de Cervantes, sol­dado de la compañía de D. Manuel Ponce de León, 30 escudos a cuenta de su sueldo, Nápoles 15 de febrero de 1574’ y ‘...deis a Miguel de Cervantes treinta escudos que le mando librar, del cual tomaréis su carta de pago, con la cual y la presente os serán recibidos y pasados en cuenta. Nápoles a 10 de marzo de 1574. Lo que nos cuentan estos documentos es que se deben unos atrasos a ciertos soldados que, en su momento, y formando parte del tercio de Figueroa estaban vinculados a la armada de D. Juan de Austria por lo que son sus oficiales, quienes deben pagarles estos atrasos, aunque estu­vieran ya en otro tercio... De análoga manera, en el asiento firmado en Palermo en noviembre de 1574 es el pagador general de la Armada de la Liga, años 1571-1574 Juan de Morales de Torres, quien hace los pagos por los atrasos: Asiento de 25 escudos pagados a Cervantes a cuenta de su sueldo, por libranza del duque de Sessa. Palermo 15 de noviembre de 1574’» («Cervantes…», 171).

Respecto a la ciudad de presidio en «Zaragoza de Sicilia», ciudad griega más antigua de su civilización, es verosímil que «nuestros lobos de mar» se hayan podido estacionar, verbi gratia, en el Castello Casanova, el Castello Maniace, justo en la punta de la isla de Ortiga, casas civiles de la susodicha ciudad o en las poblaciones más cercanas de la isla siracusana para la custodia, la guardia y la protección de Siracusa, donde los soldados mejoraban las fortificaciones y las defensas, lanzaban la campaña, emprendían el socorro, reemplazaban a las compañías consumidas y extenuadas tras meses de sostener una vida muy agotadora y fatigosa en las plazas del Norte de África, sirva de ejemplo, en Bona, Gaeta, La Goleta de Túnez, y Mehedia, y por la noche salían hacia Levante para hacer el corso sobre las naves y plazas enemigas, espiar los movimientos de los otomanos y recoger información en los meses de verano.

De igual forma, por primera vez pongo énfasis en que Cervantes atravesando el Mare Nostrum durante sus intervenciones secretas, por ejemplo, se acercó a «las torres del mar Negro» (El Amante Liberal), donde el cacereño Álvaro de Sande (1489-1573), muy íntimo amigo de Rodrigo de Cervantes, padre de Miguel, fue encarcelado durante 5 años, -donde el que entra jamás sale-, y fue liberado por 60.000 escudos de oro en 1565. Así que no todo fue miel sobre hojuelas como los pintan algunos cervantistas.

Huelga recalcar, además, que Belloso Martín aclara correctamente que para alojarse en casas civiles sicilianas cada soldado recibió «un billete sobre el cual estuvo inscrito el nombre de su huésped, siendo responsable por el material puesto a su disposición, evitando deteriorarlo, perderlo o llevárselo, y abonando su alquiler de las casas y los demás gastos de manutención y otros que han tenido con sus pagos» (La Antemuralla…, 325). Asimismo, cita las «Ordenanzas del Duque de Terranova para la Infantería española del Tercio de Sicilia», elaboradas el 14 de diciembre 1571, y narra que «durante los meses de invierno en que los soldados estaban en sus alojamientos, los capitanes estaban obligados a ejercitarles y meterles en ordenanza al menos dos veces cada mes; a que los soldados practicasen el arte de la guerra en escuadrones y haciendo escaramuzas; y que se les debían ensenar a disparar con los arcabuces…» (La Antemuralla…, 325).

Igualmente, basándome en la documentación fiable aseguro que en el tiempo libre Miguel y Rodrigo visitaron, example gratia, la Basílica de San Giovanni, el Teatro Griego, la Latomía Orecchio di Dionisio, la Latomía del Paraíso, la Fuente de Aretusa, Neápolis, el Templo de Apolo, el Templo de Zeus, y la Tumba de Arquímedes, cuyas influencias se notan en las obras maestras del famoso escritor alcalaíno. Domínguez Rubio cita al profesor Manuel Fernández Nieto, de la Universidad Complutense de Madrid, -ambos apoyan mi punto de vista-, quien relata que «la inactividad militar, con las tropas in­vernando sin ningún plan concreto -invierno de 1574- la pudo suplir con la asistencia a las distintas academias literarias que existían. Una tarea no ex­cluía la otra como se puede comprobar en los excelentes soldados-escritores que acompañaron a Carlos V ... No son nada descabelladas las suposiciones de un Miguel lector, interesado en los autores y obras que luego recogerán en sus escritos y que, tal vez, pudo leer y comentar en alguna de las reuniones académicas» («Cervantes…», 161).

Por lo que atañe al Maestre de campo, Lope de Figueroa y Barradas, protagonista de El alcalde de Zalamea (Alcalá de Henares, 1651), de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), pongo en claro que Lope puso en marcha su carrera militar «siendo de hedad de quinçe años… se fue a segir la guerra contra la boluntad de sus padres» según «Para una biografía de Lope de Figueroa: notas críticas y nuevas aportaciones. Parte primera: hasta la jornada de Djerba y el final de su cautiverio por los turcos (1564)», 2013, 273-384), del benemérito historiador italiano Salvatore Leonardi, Socio correspondiente de la Accademia di Scienze, Lettere e Belle Arti degli Zelanti e dei Dafnici de Acireale, y conforme al historiador malagueño Juan Luis Sánchez Martín, ex editor de las Researching the Lace Wars, Dragona, y Researching & Dragona, Lope ««empezó a servir de diez y seis años, y para este efecto salió fugitivo de su casa, pasó a Italia» («Lope de Figueroa y Barradas…», 2011, 103-07).

Gracias a los inapreciables documentos de Belloso Martín se acredita la estancia militar de Cervantes y Rodrigo, soldados de corazón, en las bases militares de Villafranca Sícula, y Siracusa, ciudad griega en Italia, cuyos objetivos militares fueron, inter alia, proteger el Santuario de la Madonna delle Lacrime (Santuario de la Virgen de las Lágrimas), centro de peregrinación de católicos de todo el mundo. A más, dichas joyas testimoniales del historiador Carlos Belloso Martín no solo brindan especial interés para la reconstrucción de la trayectoria de la biografía del héroe de Lepanto, sino también para la Historia de España, Italia, Sicilia, Siracusa y Villafranca Sícula. ¡Enhorabuena! «Laus in Excelsis Deo».

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