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"Vikingos. La historia definitiva de los pueblos del norte", de Dan Jones

Ed. Ático de los Libros
Por José María Manuel García-Osuna Rodríguez
martes 30 de noviembre de 2021, 18:00h
Vikingos
Vikingos

Estamos ante otro libro brillante de la editora Ático de los Libros. Se refiere al estudio y análisis del pueblo que ocupó las tierras actuales de Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia, y algún retazo finlandés. Me estoy refiriendo a los belicosos hombres del norte, que enseñorearon su poderío y su idiosincrasia por la indefensa Europa del Alto Medioevo.

La época vikinga fue testigo de una expansión sin precedentes de los pueblos escandinavos. Comerciantes, piratas, exploradores y colonizadores vikingos viajaron desde América del Norte hasta las estepas asiáticas y navegaron por todos los mares. Pero, durante siglos, estos pueblos se nos han presentado a través de una óptica distorsionada para satisfacer los gustos de cronistas medievales, dramaturgos isabelinos, potencias imperialistas y muchos otros”. Para todo ello tenemos, en este volumen, a un auténtico especialista, ya que es arqueólogo y profesor-catedrático en la Universidad sueca de Upsala.

Por primera vez, gracias a los estudios del prof. Price, se realiza una obra absolutamente fidedigna sobre este pueblo, basada toda ella en las últimas investigaciones historiográficas y los descubrimientos arqueológicos. Los hombres del norte europeo conocían el significado del vocablo “vikingo” o vikingr, que era aplicado a una sola persona, pero no se utilizaba para calificar a su época de ese modo y manera. Para estos Normannorum la nómina se equiparaba al de pirata y definía a un oficio marginal en su propia época. “Ni siquiera entonces era esta una palabra necesariamente negativa ni estaba siempre asociada a la idea de violencia; adquiriría estas connotaciones en los siglos posteriores a la época vikinga. Por si fuera poco, el término no se refería a los escandinavos en exclusiva, sino que se aplicaba a los saqueadores bálticos en general e inclusive se utilizaba en Inglaterra”. Sus incursiones nunca respetarían las fronteras. La palabra vik define, con toda nitidez, al accidente geográfico que es una bahía. Este pueblo vigilaba a todas aquellas naves que navegaban en sus proximidades y las atacaban. Por extensión se llegó a aplicar a todos aquellos que llegaron a tener algún tipo de relación con los escandinavos. Algunos historiadores británicos utilizan el término en minúscula para referirse al pueblo en general, mientras que la mayúscula para sus parientes piratas. “En este libro se utilizará ‘vikingo’, en minúscula, y el término se definirá a través del contexto”.

Se ha documentado que tuvieron relaciones y conocimientos con más de una cincuentena de culturas. Su curiosidad exploratoria geográfica fue muy amplia; ya que viajaron por Eurasia y el Atlántico Norte. Sus enfrentamientos violentos con los monarcas ingleses y francos fueron constantes. Llegaron hasta la Península Ibérica, enfrentándose al Rey Ramiro I de Oviedo, y hasta al emir omeya del momento histórico, Abd Al-Rahman I. En la isla de Tablada se establecieron los supervivientes, se convirtieron al Islam, y se dedicaron a fabricar quesos. Llegaron hasta la Península del Labrador, en la tierra que fue definida como Vinland, desde la gran isla de Groenlandia. Los Varegos fueron la guardia personal del emperador de Bizancio, y los vikingos-rusis dieron origen la Rusia y Ucrania medievales. “Siendo, como soy, un arqueólogo, no es sorprendente que gran parte de este libro se base en los resultados de las excavaciones y el trabajo de campo. Sea a través de objetos, edificios, tumbas o muestras para análisis científico de cualquier tipo, todo esto guarda, en esencia, una relación con las ‘cosas’ o, por usar un término académico que captura el concepto bastante bien, con la ‘cultura material’”.

En más de 600 páginas, que no carecen de interesantes y esclarecedoras ilustraciones, se va desgranando todo el devenir vivencial histórico de este pueblo magistral. Además de las fuentes o crónicas escritas más o menos contemporáneas, los hombres del norte tienen sus propios textos, se definen como ‘sagas’, historias vívidas pero posteriores a los hechos que narran. Pura y simplemente la palabra se debe traducir por ‘historia’. Las primeras de ellas se escribieron en Islandia hacia finales del siglo XII. Las hay de dos tipos; unas se llaman familiares o islandesas, y otras son las fornaldarsögur o ‘historias de los tiempos antiguos’ o legendarias. Los vikingos no estaban solos o aislados del mundo europeo medieval, compartían y se relacionaban, muchas veces con demasiada violencia, con otros seres humanos, pero asimismo con otras cosas, en este último caso se encontraban sus múltiples divinidades; que los diferenciaba de las creencias monoteístas del resto de pueblos de Europa, seguidores de Yahvéh-Dios Todopoderoso y de su Hijo Unigénito Jesucristo; la colisión religiosa sería inevitable.

En el centro de todo su universo se encontraba el Árbol o Yggdrasill o fresno gigantesco, que se debe traducir como ‘el Caballo del Terrible’; uno de los apelativos que definían a su poderoso dios Odín, que encarnaba la planificación, el mando inteligente, la suerte y la agresión sin control. Otro de sus dioses se llamaba Thor, que encarnaba la fuerza bruta y el oficio de luchar sensu stricto. Freyja era la malicia, y la crueldad precisa para triunfar en situaciones difíciles y complicadas. La pléyade de nombres propios vikingos, desde su violenta aparición en Lindisfarne, es innumerable, destacando Erik el Rojo, o el gran rey Knut que unió bajo su cetro a Noruega, Dinamarca e Inglaterra, pero deseo destacar a Ragnar Lothbrók, quien atacó París en 845, “obtuvieron unas asombrosas siete mil libras de plata y oro a cambio de dejar la ciudad en paz”. ¡Obra extraordinaria!Virtus et vitium sunt contraria. ET. Ab imo pectore”.

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