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Intocable
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¿Tengo las manos llenas?

Por Azucena del Valle
En esta ocasión, nuestra colaboradora Azucena del Valle del Tiétar nos sorprende con una duda existencial que tendremos todos antes de partir hacia el infinito o más allá. "¿Tengo las manos llenas?" Cada cual sabrá su respuesta.

- Hoy sí que tengo tocada la patata Vani, que la charleta del sotanas de ayer me ha dejado con la meditación acelerada y toda la noche dándole al cráneo, que estoy en un sinvivir por no saber si a estas alturas de mi dura existencia tengo las manos llenas o las tengo vacías…

-¿Pero dónde te metes que te rayan tanto? Que siempre fuiste fraile sin pasar por monaguillo, pero no sabía que eras reincidente actualmente planteándote tu mismidad de cara a cruzar el túnel, que espero que todavía te queden muchos kilómetros para atravesarlo y disfrutar de ese cuerpo serrano que quiere guerra.

-Pues era un funeral de difunta, como puedes suponer, una tía fetén, divertida y fuerte hasta que la parca decidió, antes de llevársela, putearla un poco dándola a la meditación trascendental todo el día por estar sentada en una silla de ruedas y con la visibilidad reducida. Que te digo que una putada gorda de la vida con lo enrollada que era; pero lo aceptó con dignidad, sin rebelarse y supongo que repasando la existencia difícil a la que tenía que enfrentarse, en esa postración existencial a la que estaba condenada, dejándose cuidar, querer y achuchar por una hermana generosa y buena que le dedicó muchos años de su vida.

- Duro final, sí señor, pero con amor y atención el tránsito, un suponer, parece menos duro que sola aparcada en esos lugares donde dejan a los de la cuarta edad no válidos que no tienen habitáculo familiar donde meter la silla de ruedas, porque no te equivoques, las casas de los hijos no están adaptadas para tanta longevidad.

- Y qué lo digas Vani, que es mejor que se te vaya la cabeza y no enterarte de nada, como le pasa a la abuela de Piluca que ya no sabe ni quién es y solo recuerda cosas de la mocedad, cuando conoció al Ambrosio de joven en la fiesta de Quintanilla.

- Ay Puri, que lo pienso y me descompongo, porque ahí llegaremos todos mejor tarde que antes y no veo yo a la Ayuso que esté avanzando mucho en eso de crear residencias molonas para los viejos, que vamos a llamar a las cosas por su nombre. Y eso de las manos llenas… para darle al coco, porque nadie ha vuelto para contar lo que hay.

- Por eso mi reflexión reflexionada sobre la existencia que llevo, que el pater me lo puso muy claro, que decía que hay gente que intenta ser feliz a través de los hijos, pero le salen unos crápulas y le expolian; otros buscan el amor en la pareja, y a los tres meses se dan cuenta de que se han equivocado y se separan; los más quieren conseguirlo con el sudor del de enfrente, perdón, de su frente, y tampoco porque los sueños solo se alcanzan en América; algunos a través de la creación y el arte, y resulta que para que te llegue la musa tienes que estar trabajando en vez de en las nubes como casi siempre; muchos buscan las respuestas en la ciencia, pero tampoco. Decía el cura que, al final, tienes que tomarte la pastilla por la noche porque no puedes dormir, que tu conciencia no está tranquila; según él, el amor y la felicidad solo puede encontrarse…

- ¡Para Puri! Qué ya sé a dónde quieres llegar, que el buen hombre se cargó en un momento la familia -mujer, marido e hijos incluidos-, la búsqueda de la recompensa a través del trabajo y el esfuerzo y los sueños, el arte y, ¡ahí lo dejo!, hasta la ciencia. ¡Chica, qué barbaridad! ¡para que luego digan que se quedan sin parroquianos!

- Eso pensé yo, cincuenta y tres minutos más tarde, que fue lo que duró el funeral; seguía mi menda perpleja mirando a la concurrencia, casi todas féminas entregadas y silenciosas, que ya habrían escuchado el mensaje en otras ocasiones y estaban desconectadas por la repetición. Que me dio por pensar en la cantidad de abuelos que dejaron de existir durante la pandemia, solos, sin abrazos ni caricias, que es lo que más cura la soledad y alegra el corazón no solo en la vejez, sino a cualquier edad, que, según los datos del IMSERSO, el CCAES o el Ministerio de Sanidad actualizados, solo en España murieron más de 34.000 personas que vivían en las residencias, cuando el total de difuntos dicen que es de 114.000. Muchos más que en otros países europeos. ¿Y tenían las manos llenas después de una vida dura de trabajo y entrega y tanto sufrimiento en la despedida?

Que yo quiero ver la luz de otra manera menos excesiva y más gratificante, que la familia y los amigos son una bendición, que el trabajo te ayuda al desarrollo personal y a la interacción con otros grupos, que la belleza te hacen crecer y mantener el espíritu sin sobresaltos, que si tomas una pastilla para dormir no tiene nada que ver con la conciencia, sino con el estrés y la rapidez que hemos impuesto a la existencia diaria y que la ciencia es la clave del desarrollo y progreso de los pueblos y ayuda a mejorar la vida de las personas, a curarlas cuando tienen los cuerpos desbaratados, a generar nuevos conocimientos y a que mejore la educación de la población y nos enseña a producir alimentos para reducir el hambre y a cuidar de esta lugar que nos han dejado habitar y que se llama Tierra. Y qué narices Vani, que no me sirve solo el amor espiritual, que yo quiero tocarlo con todas mis fibras en alerta, y sentirlo con las manos, el corazón y el alma entera… Y que el cura que yo conozco no se dedica a pontificas ni a escucharse a sí mismo, que se hace querer porque está pegado a la realidad cotidiana, porque es desprendido, generoso, bueno y ayuda a la gente y sé, que hay muchos como el, pero ¡joder! que no me gustan los predicadores ni los que se van por las nubes.

- Cien por cien, Puri, cien por cien

- Si Vani, pero ¿tengo las manos llenas?

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