Nuestro poema de cada día
Antonio Machado ”pintó” su retrato literario un a sola vez, y lo hizo en 1907, vaticinando una trayectoria que, 32 años después, terminaba en Colliure, con un poeta “ligero de equipaje”, fiel a sí mismo.
Nuestro poema de cada día
[Despedida del paisaje soriano, en 1910, II]
Antonio Machado evoca con melancolía y amor los paisajes de Soria en una silva arromanzada, donde describe colinas y álamos que simbolizan su conexión emocional con la tierra. La poesía refleja su nostalgia y deseo de alegría para sus gentes, fusionando naturaleza y sentimiento en una expresión lírica profunda.
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El poema "La saeta" de Antonio Machado expresa la devoción del pueblo andaluz hacia Jesús, simbolizando su sufrimiento y fe. A través de una estructura rítmica y anáforas, el poeta se distancia del Jesús crucificado para rendir homenaje al hombre que caminó sobre el mar, reflejando su propia visión espiritual.
Nuestro poema de cada día
Hoy se cumple el 87º aniversario de la muerte de Antonio Machado en Colliure.
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El poema "Otros días" de Antonio Machado describe un paisaje primaveral en Soria, lleno de vida y color. La riqueza de la tierra se contrasta con la tragedia del asesinato del labrador Alvargonzález por sus hijos. El fragmento refleja la belleza natural y la conexión del hombre con su entorno.
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La «preocupación religiosa» ha sido una constante en la obra poética de Dámaso Alonso -el tema de Dios más como problema que como solución, su búsqueda incesante, su interpelación continua...-. Basta con leer muchos de los poeas escritos entre 1944 y 1985: Oscura noticia (1944), Hijos de la ira (1944), Hombre y Dios (1955), Dudas y amor sobre el Ser Supremo (última obra poética, publicada a finales de 1985). Y solo solo de manera ocasional se ocupa Dámaso Alonso de la Navidad.
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Dos hermosísimos poemas de Diario de un poeta recién casado ponen la figura de la madre en primer plano: los titulados “Idilio” y “Madre”.
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En "Los olivos", Antonio Machado describe un paisaje triste y desolador cerca de Úbeda, donde la pobreza y la melancolía predominan. A través de imágenes vívidas, critica la hipocresía religiosa y reflexiona sobre el sufrimiento humano, enfatizando la desconexión entre el hombre y lo divino en un entorno árido.
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[Despedida del paisaje soriano, en 1910, I]
En "Campos de Soria", Antonio Machado retrata la vida rural y el paisaje de Soria, evocando tanto su belleza como su decadencia. A través de imágenes vívidas del trabajo en el campo y la melancólica descripción de la ciudad, expresa su profundo amor por esta tierra, a pesar de su ruina.
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La segunda parte del poema “Los olivos”, que forma parte de Campos de Castilla, recoge el desgarrón afectivo que la localidad jienense de Torreperogil y su entorno le provocan a Antonio Machado, ante su atraso en todos los órdenes de la vida, su religiosidad opresiva basada en una hipócrita piedad… Recordemos, que Machado está realizando una excursión en coche de caballos desde Úbeda a Torreperogil, y continuando hasta Peal, en la entrada a la Sierra de las Villas y a Cazorla). Y este es el citado poema del poeta sevillano, cuyos versos finales, interrogación retórica incluida, plantean el angustioso contraste entre la falsa piedad y la violencia que representan los cañones alemanes de von Kluck en la primera Guerra Mundial:
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En Nuevas canciones, y bajo el número CLXI se agrupan 99 “Proverbios y cantares”, dedicados a José Ortega y Gasset. Y hemos elegido cinco de estos “proverbios” (los números II, XXIV, XLIX, LXVII y LXIII), y no precisamente al azar; porque cualquiera de ellos constituye una verdadera sentencia; esto es, expresa un “dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad” (DRAE); y además, no ha perdido la menor vigencia, y su agudeza eleva el rango de lo que habitualmente llamamos “sentido común”: la escucha activa para un diálogo fructífero (II); el esfuerzo personal como expresión de una personalidad sólida (XXIV); la denuncia de las “medias verdades” (XLIX); el antídoto contra la soledad: compartir sentimientos y afectos (LXVI); y el reconocimiento del valor emocional como virtud (LXVIII).
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El poema de Federico García Lorca, dirigido a su amor, evoca la belleza y el dolor de la ciudad encantada de Cuenca. A través de interrogaciones retóricas, el poeta expresa sus sentimientos contradictorios, fusionando naturaleza y emociones. La obra refleja su anhelo y sufrimiento amoroso en un contexto lírico profundo.
Nuestro poema de cada día
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Cultura libresca y originalidad artística
En cuanto a las influencias literarias en Federico García Lorca a la hora de componer los Sonetos del amor oscuro, se observa la de Luis de Góngora precisamente en el poema que lleva por título “Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma” (eufonía y cromatismo de la adjetivación, acertada distribución de los vocablos en el verso para obtener esquemas rítmicos de grata musicalidad, hipérbatos…); y quizá la de San Juan de la Cruz en el soneto “El poeta pide a su amor que le escriba”, que se cierra con estos dos versos: “o déjame vivir en mi serena noche / del alma para siempre oscura”. Sea como fuere, la originalidad de García Lorca es incuestionable, y la novedosa fuerza plástica de sus imágenes, de fuerte contenido homosexual, supera con creces los prejuicios de la época en la que fueron escritos estos sonetos, elogiados por la crítica actual con los más deslumbrantes epítetos.
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