Nuestro poema de cada día
14/01/2026@07:07:00
La simplicidad del lenguaje de Gloria Fuertes, los llamativos juegos de palabras, el encanto poético de sus ingenuas imágenes... han sido siempre el mejor caldo de cultivo para atraer a los más pequeños hacia la lectura del verso (y son docenas los títulos publicados por, entre otras, las editoriales madrileñas Escuela Española, Susaeta, Torremozas...) que han logrado aupar a Gloria Fuertes en un lugar de privilegio en la literatura infantil de nuestro país.
Nuestro poema de cada día
El poema de Maite García-Nieto refleja el despertar de la protagonista a través del canto insistente de los pájaros, simbolizando libertad. Su lírica destaca por musicalidad, sencillez y un profundo lirismo, fusionando emociones y naturaleza en una obra que invita a la reflexión sobre el desasosiego y el anhelo de libertad.
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Texto de Ovidio en las Metamorfosis (Libro I, versos 548-552).
Vix prece finita torpor gravis occupat artus,
mollia cinguntur tenui praecordia libro,
in frondem crines, in ramos bracchia crescunt,
pex modo tan verlox pigris radicibus haeret,
ora cacumen habet: remanet nitor unus in illa.
Traducción libre:
“No bien termina el ruego un sueño profundo se apodera de los miembros, / el tierno vientre se cubre de una delgada corteza, / los cabellos se mudan en hojas, los brazos en ramas; / a los pies hace un instante tan ligeros, se pegan raíces inertes, / y una copa arbórea le cubre el rostro: solo de ella la hermosura”.
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Se llama égloga a un género de poesía en que se trata de la vida campestre. Unos pastores entablan en ella un diálogo, generalmente de tipo amoroso, rodeados de un paisaje “ameno,” es decir, de una naturaleza siempre verde, siempre fresca, en eterna primavera.
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1. La expresividad del hipérbaton gongorino. Los poemas de Luis de Góngora presentan un recurso propio de la poesía renacentista: la complicación de la frase con continuos hipérbatos, que tienen su más exacerbada manifestación en la Fábula de Polifemo y Galatea y, más todavía, en las largas estrofas de las Soledades. En estas composiciones, la intensificación del hipérbaton es tan exagerada que dificulta enormemente su comprensión, y no pueden entenderse sin un considerable esfuerzo; como el que llevó a cabo Dámaso Alonso para hacérnoslas inteligibles. Y de entre los distintos hipérbatos que el gran especialista gongorino señala [1], tiene un especial valor estilístico el llamado hipérbaton distensivo, que consiste en separar, distanciándol as, dos palabras que deberían ir seguidas, con objeto de alargar o aumentar la idea expresada; tal y como puede comprobarse en la siguiente estrofa -la sexta- de la Fábula de Polifemo y Galatea:
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Las convulsiones que agitan al ser humano -guerras, persecuciones, horror ante el holocausto nuclear...-, y que alteran la belleza y el orden de la vida, gravitan sobre Jorge Guillén y su obra da un giro radical: desde el optimismo de Cántico se pasa a la protesta del poeta ante la situación de permanente agresión que sufre la condición humana el poeta; y así surge Clamor. No obstante, hay en Clamor hay algunas poemas que demuestran que el poeta no sucumbe ante las circunstancias que le rodean y amargan las vida, y con los que va recuperando ese tono festivo de que hace gala en Cántico. Y a este grupo de poemas pertenece el titulado “Epifanía”, que reproducimos y comentamos a continuación.
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Como poeta y, sobre todo, como músico, Juan del Encina obtuvo gran celebridad con la publicación, en 1496, de su Cancionero, que marca -en el ámbito de la escuela polifónica castellana- el inicio de la polifonía en España; y como dramaturgo, es el autor de mayor renombre en el prerrenacimiento español, y el precursor del teatro español del Siglo de Oro. Además, cómo músico, perteneció a la escuela polifónica castellana, inicio de la polifonía en España. Ejerció el Priorato de San Marcos de León hasta su muerte. Sus restos descansan en la Catedral de Salamanca. Entre sus muchas composiciones sacras, hemos elegido una canción y un villancico.
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La santa de Ávila llegó a fundar 17 conventos de carmelitas descalzas, lo que le acarreó serios disgustos con la Inquisición. Y para animar la monotonía de sus largos viajes, y también para alegrar la vida conventual, cultivó, de manera ocasional, la poesía de carácter religioso, a la que confirió un estilo ardiente y apasionado, y en la que, no obstante, emplea un lenguaje espontáneo y sencillo, en razón de a quiénes va dirigida. Y dentro de esta escasa producción lírica de santa Teresa de Jesús se encuadran siete villancicos: cuatro en los que recrea escenas pastoriles en torno al misterio del nacimiento del Niño Dios, dos en torno a la Circuncisión, y uno dedicado a los Reyes.
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De la extraordinaria capacidad de Francisco de Quevedo para la expresión del sentimiento amoroso es indubitable testimonio el soneto titulado “Amor constante más allá de la muerte” (“Cerrar podrá mis ojos la ostrera / sombra que me llevare el blanco día...”), considerado por Dámaso Alonso como “probablemente el mejor de la literatura española” [1]. Sin duda, Quevedo alcanza en él, tal y como acertadamente señala Esteban Gutiérrez, la formulación definitiva de un motivo muy presente en su poesía amorosa: el de la trascendencia del amor, de su amor, que vence a la muerte, pero con la diferencia sustancial de que aquí el amor trascendido no solo ocupará su alma, sino también su cuerpo. Este es el impresionante soneto:
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Excepcionalmente, Manuel Machado evoca, como es propio de los escritores de su tiempo, en el poema “Castilla” -incluido en Alma, su primer libro-, lo esencial del espíritu castellano que encarna la figura del Cid Campeador, empleando con gran habilidad los recursos propios de la estética modernista. Este es el poema.
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“Fray Luis de León -escribe el padre agustino Ángel Custodio Vega- es sin duda un gran escriturario, un gran teólogo, un gran filósofo, un gran tratadista moral y un escritor castellano de primer orden. Pero es ante todo y sobre todo Poeta “por inclinación de su estrella”, por don generoso y especial del cielo. Él, con su contemporáneo y simpatizante san Juan de la Cruz, mantiene la jefatura de la poesía lírica -poesía por excelencia- desde el siglo XVI; y no parece que surja por ahora un nuevo rey de la lira castellana, que pueda arrebatarles el cetro de la misma con derecho. Son muchas las condiciones humanas y divinas que se requieren para ello, difíciles de darse, si no es en un momento de exaltación fáustica de todos los valores raciales y religiosos, como fue la de aquel siglo dichoso llamado con justicia de Oro”. (Cf. Fray Luis de León: Poesías. Barcelona, editorial Planeta, 1975. Colección Hispánicos Planeta. Introducción, I, IX).
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El Auto de los Reyes Magos -o Representación de los Reyes Magos, título propuesto por Feernando Lázaro Carreter-, de autor desconocido, es la obra teatral más antigua de la literatura española (su compoñsición es de mediados del siglo XII). Se conserva un fragmento de 147 versos polimétricos -con predomino de alejandrinos, eneasílabos y heptasílabos-; y esta polimetría constituye un anticipo lejano de esa variedad de metros que caracterizará nuestro teatro del Siglo de Oro.
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Leer a Rubén Darío es entrar en un mundo artístico de exquisita perfección en el que el lenguaje poético brilla por su belleza plástica (riqueza cromática, musicalidad de sonoridad estridente…). Y de la estética modernista de Darío hemos escogido dos textos propios de la Navidad: el poema “Los tres Reyes Magos”, formado por cuatro serventesios de perfecta andadura rítmica con los que el poeta se acerca al tema de los Reyes Magos -unos reyes que contemplan en silencio el triunfo del amor en la figura de Cristo-; y el poema -completo- “La Rosa Niña”, en el que también figuran los Reyes Magos; un poema en el que los recursos modernistas de sugestiva belleza sensorial no logran obstaculizar la profunda espiritualidad que rezuman sus versos.
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Tres poetas para empezar el año con buen pie: la suntuosidad de Rubén Darío, la espiritualidad de José María Pemán y la despreocupación formal de Gloria Fuertes.
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En "Seis caprichos", Federico García Lorca explora la guitarra como símbolo de emociones profundas. A través de versos heterométricos y metáforas, presenta su dualidad: desde la alegría del baile hasta el llanto melancólico. La guitarra se convierte en un vehículo para expresar la tristeza y el dolor del alma andaluza.
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