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El abandono al sistema ferroviario español
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El abandono al sistema ferroviario español (Foto: Cibeles AI)

“UNA TRAGEDIA ANUNCIADA”

Por Álvaro Bermejo
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beralvatelefonicanet/7/7/18
sábado 31 de enero de 2026, 12:11h
Imputemos una parte de la tragedia a la fatalidad. Ese tren Iryo que acababa de descarrilar en Adamuz, apenas nueve segundos antes de que el Alvia que venía en la dirección contraria colisionara con sus vagones de cola. En nueve segundos, cuarenta y seis muertos. Pero al día siguiente dos descarrilamientos más, también con víctimas.

Se suman a los treinta que se produjeron en 2025. A las más de cien roturas de carril verificadas en la última década. A las denuncias constantes del sindicato de maquinistas -SEMAF- alertando acerca de las vibraciones de los trenes, el deterioro de las vías, las descompensaciones en las catenarias, la degradación “profunda y acelerada” del material rodante. Sin que este Gobierno tomara las medidas oportunas. El cruce de evidencias nos lleva a otra colisión: la de la fatalidad con la irresponsabilidad inexcusablemente criminal de quienes no hicieron lo que debían por evitarla.

Como sucedió tras el Apagón de abril, el presidente Sánchez se excusa en una investigación “muy compleja” que se saldará con otro apagón, el informativo. Los datos objetivos no esperan. Desde que se inauguró la red de alta velocidad española, en 1992, y al tiempo que se liberalizaba el mercado multiplicando por cinco el número de trenes, su trazado se ha ampliado hasta los cuatro mil kilómetros -la más extensa del planeta, después de China-, pero la inversión en mantenimiento ha caído un 40%. Con la mitad de trazado, Francia destina a este capítulo más de cinco mil millones. España no pasa de novecientos.

¿Por qué no se invierte más en mantenimiento? Porque el mantenimiento no da votos. Porque no hay presupuestos, y no pasa nada -ya ven que sí pasa-. Porque el erario se dedica a otros menesteres. Caso Koldo: de portero de puticlub a consejero de Adif, siete mil euros mensuales.

¿Qué criterios de valía o conocimiento del sector presentaba cuando fue puesto ahí por el Gobierno? Los mismos que Óscar Puente, el ministro del ramo. El de los discursos triunfales: “El tren vive en España el mejor momento de su historia”. “El trazado actual, sin tocarlo -el subrayado es mío-, permite ir a 350 kilómetros por hora”.

Declaraciones dictadas con pleno conocimiento de las alertas previas del sindicato de maquinistas. Declaraciones dictadas desde una prioridad: expandir el relato de la positividad tóxica, gobernar desde la ideología y no desde la gestión de la realidad. Con el aplauso de sus socios de gobierno y su leal electorado.

Allá por los ’90, Jiri Menzel dirigió una película magistral inspirada en la novela de Bohumil Hrabal, ‘Trenes rigurosamente vigilados’. Sucedía en Checoslovaquia, bajo la ocupación nazi. Se diría que aquí estamos viviendo la inversión de la metáfora, bajo un régimen democrático. Nadie vigila los trenes, salvo inaugurar trazados tan insolventes como el de Extremadura, tan eternamente postergados como el del País Vasco, o tan abandonados como el de Andalucía.

Añadamos otro título referencial: ‘Puente sobre aguas turbulentas’: las de este ministro que, una semana después de la tragedia, comparece ante los medios jactándose de su “gestión impecable” -con cuarenta y seis muertos en su conciencia-. Como si su función fuera dar explicaciones de lo sucedido, y no la propia de su ministerio: evitar que suceda.

¿Quién nos garantiza que no volverá a ocurrir? Nadie. ¿Aprenderemos? Por supuesto que no.

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