La presencia de la madre en dos poemas del "Diario de un poeta recién casado", de Juan Ramón JiménezDos hermosísimos poemas de Diario de un poeta recién casado ponen la figura de la madre en primer plano: los titulados “Idilio” y “Madre”.
Idilio
¡Con qué sonrisa, en el paisaje rosa,
la madre joven hace, con su mano,
más larga la manita tierna
del niño, que la alza,
en vano, a las cerezas!
Un pajarillo, cerca, canta,
y el sol, bajo el rosal, trenza, vibrando,
sus rayos de oro con la yerba fina;
y el agua brota, blandamente,
perfumada de rosas encendidas
y de rosas en sombra.
¡Amor y vida
se funden, como el cielo con la tierra,
en un esplendor suave
que es, un instante, eterno!
Juan Ramón Jiménez: Diario de un poeta recién casado.Madrid, Taurus (edición del centenario), 1982. Volumen 13), pág.162.
Componen el poema 15 versos blancos distribuidos convencionalmente en en tres agrupamientos estróficos (versos 1-5, 6-11 y 12-15). En los versos se combinan heptasílabos (versos 4, 5, 11, 14 y 15), eneasílabos (versos 3, 6, 9 y 10) y endecasílabos (versos 1, 2, 7, 8 y 13). Y en cuanto a los endecasílabos, rítmicamente considerados, los hay de dos tipos: sáficos (versos 2 y 8) y heroicos (versos 1, 7 -que contiene una marcada antirritmia: “y el sól, bajo el rosál, trénza, vibrándo”,- y 13). La ausencia de rima queda compensada con un variado vocalismo en las palabras finales de verso: /ó-a/ (versos 1 y 11), /á-o/ (versos 2 y 7), /é-a/ (versos 3, 5 y 13), /á-a/ (versos 4 y 6, /í-a/ (versos 8, 10 y 12), /é-e/ (verso 9), /á-e/ (verso 14) y /é-o/ (verso 15). Es importante para la consecución del ritmo la distribución de pausas internas (son pausados los versos 1, 2, 4, 5, 9 y 13; y polipausados los versos 6, 7 y 15), así como la presencia de dos encabalgamientos: “la manita tierna / del niño” (versos 3-4) y “un esplendor suave / que es” (versos 14-15, que contienen un encabalgamiento oracional). Este comentario métrico pudiera parecer baladí, pero no lo es, ya que de la sabia combinación de todos los elementos analizados se desprende la grata eufonía que recorre todo el poema, con una grata musicalidad que sirve parea enmarcar expresivamente la dulzura de su contenido. De inspiración, acendrada sensibilidad y dominio técnico se vale Juan Ramón Jiménez para poner en pie un poema cuyo ritmo interior viene impuesto por el paralelismo de ideas: la madre, el niño; los seres de la Naturaleza -arriba en el cielo, abajo en la tierra-; todo en perfecta e idílica armonía. Y de ahí el verso que encierra el leitmotiv del poema “Amor y vida” (verso 12) fundidos. Y su ritmo es enormemente lento como su contenido requiere-, lentitud obtenida no solo a base de pausas internas y versales, sino gracias a las categorías gramaticales empleadas: algún gerundio (verso 7: “vibrando”) y adverbio en -mente (verso 9: “blandamente”) y, sobre todo, mucho adjetivo, con su carga significativa rica en valores connotativos: “Paisaje rosa” (verso 1), “madre joven” (verso 2), “mano más larga” (versos 2-3), “manita tierna” (verso 3), “yerba fina” (verso 8), “rosas encendidas” (verso 10), “esplendor suave” (verso 14), “(esplendor) eterno” (versos 14-15). En el caso de “esplendor suave”, hay una sugestiva sinestesia; y ribetes sinestésicos encontramos también en los versos 9-11: “y el agua brota, blandamente, / perfumada de rosas encendidas / y de rosas en sombra”. Por otra parte, el poema está transido de luminosidad y cromatismo: “paisaje rosa” (verso 1), “cerezas” (verso 5; su piel lisa es de color encarnado más o menos oscuro), “y el sol, bajo el rosal” (verso 7), “los rayos de oro” [de+nombre con valor adjetival: “rayos de oro” = “áureos”] y “la yerba fina” (verso 8), “el agua […] perfumada de rosas encendidas” (versos 9-10), “un esplendor [brillo] suave” (verso 14). Y “el paisaje” es “rosa” precisamente por el colorido de las flores del “rosal”: “rosas encendidas” y “rosas en sombra” (versos 10 y 11), aportan al paisaje la suavidad de su fragancia y su color. El poema se cierra con dos versos aparentemente paradójicos: “en un esplendor suave / que es, un instante, eterno” (versos 14-15). La fugacidad de un instante de tanta belleza -una brillantez grata a los sentidos- queda, así, inmortalizado. Y la emotividad que embarga al poeta cuando describe ese instante en que “Amor y vida / se funden (versos 12 y 13) se manifiesta, entre otros aspectos, en la entonación exclamativa que recorre los agrupamientos estróficos primero y tercero. En cuanto a “Madre”, es un poema de profunda espiritualidad, que encierra el emotivo reconocimiento del hijo a la figura de la madre, que siempre está “ahí”, sin que el paso de los años -que tantos cambios traen aparejados- le hagan mella en su condición de madre; y que es equiparable al mar, todo uno, por debajo de esa constante mudanza en su aspecto.
Madre
Te digo, al llegar, madre,
que tú eres como el mar;
que aunque las olas
de tus años se cambien y te muden,
siempre es igual tu sitio
al paso de mi alma
No es preciso medida
ni cálculo para el conocimiento
de ese cielo de tu alma;
el color, hora eterna,
la luz de tu poniente,
te señalan, ¡oh madre!, entre las olas,
conocida y eterna en su mudanza.
Juan Ramón Jiménez: Diario de un poetarecién casado. Op. cit., págs. 252-253.
Este otro poema se compone de 13 versos blancos, combinación de heptasílabos (versos 1, 2, 5, 6, 7, 8, 10 y 11) y endecasílabos (versos 4 -melódico-, 8 -con acentuación solo en las sílabas 2.ª y 10.ª- , 12 y 13 ambos heroicos-), más un verso pentasílabo -el 3, que no parece actuar de pie quebrado: “que aunque las olas”-: versos reunidos en dos agrupaciones estróficas (1-6 y 7-13). No hay rima, aunque sí mucha variación vocálica en las palabras finales de verso -hasta diez diferentes-: /á-e/ (verso 1), /-á/ (verso 2), /ó-a/ (versos 3 y 12), /ú-e/ (verso 4), /í-o/ (verso 5), /á-a/ (versos 6, 9 y 13), /í-a/ (verso 7), /é-o/ (verso 8), /ú-a/ (vrso 10) y /é-e/ (verso 11). Y de nuevo logra Juan Ramón difundir por todo el poema una grata musicalidad. Hay dos encabalgamientos: “olas / de tus años” (versos 3-4) y “el conocimiento / de ese cielo” (versos 8-9). El poema se concibe como un apóstrofe lírico, en el que el poeta (presente en el verso 1, con la forma verbal “digo”, y en el verso 6, mediante un determinante posesivo de primera persona: “mi alma”) se dirige a su madre, nombre este que emplea en vocativo dos veces (versos 1 y 12; en este último caso, entre signos de exclamación y precedido de la interjección “oh”). La madre como interlocutor de este soliloquio figura aludida directamente a lo largo del poema por medio de pronombres personales de segunda persona con diferentes oficios (“tú eres” -verso 2-, “te muden” -verso 4-, “te señalan” verso 12-), y también a través de los determinantes posesivos de segunda persona (“tus años” -verso 4-, “tu sitio” -verso 5-, “tu alma” -verso 9-, “tu poniente -verso 11-). Todo el poema se ha construido sobre el símil “Tú, madre, eres como el mar” (la eterna mudanza de las olas/los cambios físicos y psíquicos que el paso del tiempo imponen). Sin embargo, los sentimientos del poeta hacia su madre permanecen inalterables en lo más profundo de su ser. Y -por continuar desarrollando el símil-, el poeta no necesita ni brújula ni sexante, que son objetos del todo imprescindibles para orientarse en el mar (versos 7-9: “No es preciso medida / ni cálculo para el conocimiento / de ese cielo de tu alma”).
Quizá una mejor comprensión del poema pueda alcanzarse leyendo este otro, incluido en el mismo libro:
Soledad
En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos siempre de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente...
¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!
Juan Ramón Jiménez: Diario de un poeta recién casado. Op. cit., (II. El amor en el mar, XXI), pág. 90.
La impresión de que el mar, lejos de conformar una unidad, está integrado por elementos disgregados y sin la menor trabazón, se logra gracias al constante movimiento de las olas. Sin embargo, el mar es uno, a pesar de esa constante mudanza en su aspecto. [ José Lupiáñez subraya la dimensión metafísica de la soledad, presente en este poema, así como la lucha interna de las olas, que se asemejan a las contradicciones espirituales del autor. Cf. Antología poética. Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Madrid, Anaya, 2001. Nueva Biblioteca Didáctica, núm. 12.
Bibliografía.
Bárbara J. Brunner: “Madre y maternidad en los versos de Juan Ramón Jiménez”. Revista Hispánica moderna. Año 49, núm 2. (diciembre, 1996), págs. 298-306). https://www.jstor.org/stable/30208354?read-now=1&seq=1#page_scan_tab_contents
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En esta misma revista digital hemos comentado los siguientes poemas en las fechas que se indican, y que pueden leerse en los correspondientes enlaces:
24-09-2025. “El viaje definitivo”, “Y yo me iré…”.
06-11-2025. “Alegría nocturna”, “Primavera amarilla”, “Distinto”.
15-12-2025. “Auroras de Moguer”.
15-12-2025. “A Juan Ramón Jiménez (Antonio Machado)/Nocturnos II.
27-12-2025. “Allá vienen las carretas”, “Mar de pintor (Al encausto), “Mar de pintor y en dos palabras”.
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