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“Un tío con una bolsa en la cabeza”, de Alexis Ravelo

Por Javier Velasco Oliaga
domingo 03 de enero de 2021, 23:00h

Con el original título de “Un tío con una bolsa en la cabezaAlexis Ravelo nos ofrece una insólita historia más negra y asfixiante que una noche sin luna ni estrellas. El escritor canarión comenzó su andadura literaria publicando un libro de relatos para, enseguida pasar a la novela de género negro con “Tres funerales para Eladio Monroy” -su protagonista fetiche-. En la novela negra, su ascensión ha sido meteórica y su última entrega es sencillamente magistral. Un prodigio de imaginación.

Un tío con una bolsa en la cabeza
Un tío con una bolsa en la cabeza

Cuando en 2016 decidió dar el paso a publicar con la editorial Siruela, debió de decidir sorprendernos con cada una de sus nuevas obras. Sus cambios de registros han sido continuos, pero siempre regresa a lo que más le gusta y mejor hace que es la novela negra, y sorprender o epatar a sus lectores. Otra vez más lo ha conseguido con ese tío, Gabrielo para los amigos y lectores, que es el paradigma de la clase política española: el corrupto.

La novela es un largo monólogo, al estilo de “Cinco horas con Mario”, pero más corto de unos 18 minutos aproximadament; el tiempo que se supone que una persona aguantaría con una bolsa de basura cubriendo su cabeza. En esa agonía donde atisba su posible final, el protagonista recuerda los pasajes más significativos de su vida. Tanto a nivel personal como profesional, profesional de la corrupción claro está, donde es un auténtico maestro.

El libro está escrito en primera persona y ustedes se preguntará si está escrito en primera persona es porque sobrevive. Bueno, no les voy a dar muchas pistas. El caso es que cuenta su vida, sus divorcios con sus mujeres, sus infidelidades y su carrera como político –desde muy joven- en el partido independiente PISE, un grupúsculo que venía de la extinta y gloriosa UCD. Su partido gobernó durante muchos años en la población de San Expósito. Pueblo inventado de manera maestra por Ravelo, donde todos sus habitantes o por lo menos sus políticos son unos hijos de puta, con perdón. Quizá de ahí el nombre.

El pueblo es inventado, pero podría ser cualquier localidad de la costa, tanto canaria como peninsular, donde el turismo es la principal fuente de ingresos de sus habitantes. La principal fuente de ingresos de sus políticos son los sobres que se encuentran casualmente en los aseos de los restaurantes del municipio. Como verán algo que todos sabemos o al menos intuimos.

Alexis Ravelo, como el que no quiere la cosa, hace un repaso a nuestros más de 40 años de democracia en los mal llamados ayuntamientos democráticos. Democráticos sí, porque hay elecciones y se vota, pero deberíamos llamarlos corruptos. Ahí, el canarión tira de prensa y nos muestra un largo rosario de corruptelas que se dan en casi todos los consistorios, salvo honrosas excepciones que haberlas haylas, pero que ahora mismo no recuerdo ninguna. Esa corrupción es herencia directa del franquismo. Los políticos ya venían aprendidos y los que no hicieron un curso acelerado. Y todo ello, lo cuenta con ese humor tan canario y dulce que suele desplegar en sus obras. Vamos que a mí Gabrielo me cae bien y su mentor Colacho, un Séneca de la corrupción, también. Parece un buen tipo que sólo tiene un par de defectillos: le gusta en dinero más que a un tonto una tiza y le gusta ponerse con todo lo que caiga en sus manos. Eso de las tarjetas black es tan corriente que el autor no puede por menos que reflejarlo.

También nos muestra en la novela un pequeño estudio sociológico de la sociedad en general y de la política en particular. Menos mal que es ficción porque alguien se podría sentir ofendido. Donde no llega el periodismo, llega la ficción. También los medios de comunicación salen mal parados. Se desviven por pillar cualquier campaña publicitaría al precio que sea.

Ni que decir tiene que describe a la perfección ese mundo de la política municipal que tantas ramificaciones tiene. La idea de la novela la sacó de un pequeño artículo periodístico donde secuestraban a una concejala en 2017 a la que dejaron con una bolsa de basura en la cabeza. Esa es la anécdota, el resultado es un gran trabajo de imaginación y literatura que funciona a las mil maravillas. La novela, pese a tener algunos giros lingüísticos muy insulares, que le dan una gracia muy especial, se lee con fluidez. Vamos que a mí se me hizo corta, lo contrario que me suele pasar con casi todas las novelas que leo. Es la típica historia que no quieres acabar, de ahí que me la volví a leer otra vez, porque Ravelo te hace disfrutar con su magnífica prosa. Además, te hace reflexionar sobre la política. En mi inocencia, yo creía que el poder corrompía, después de leer “Un tío con una bolsa en la cabeza”, sé que “al poder se llega ya corrompido”. Como a la novela negra.

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