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Nicole d’Amonville Alegría
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Nicole d’Amonville Alegría

Entrevista a Nicole d’Amonville Alegría, traductora de "La púa de rastrillo", de Víctor Català

"Víctor Català no sólo enfrenta al lector a sí mismo, sino que le recuerda su responsabilidad en el mundo que habita"
Por Briseida Cidoncha
miércoles 27 de octubre de 2021, 11:00h

Aunque muchos letraheridos lo saben, es importante decir desde el principio que Víctor Català es, fue, una mujer: Caterina Albert (1869-1966). Y que si se escondió bajo un nom de plume masculino (y no fue la única), es porque ese manto le daba libertad y hacía posible que su obra fuera publicada sin injerencias paternalistas y que llegara a un público más amplio. Un público que debería crecer aún más gracias a La púa de rastrillo (Club Editor), 11 relatos que nos descubren a una escritora potente, compleja y valiente. Hablamos con Nicole d’Amonville Alegría, que firma la traducción.

La púa de rastrillo
La púa de rastrillo

¿Nos puede presentar brevemente a Víctor Català?

Víctor Català (Caterina Albert) se halla entre los mejores escritores del siglo xx. Albert supo desde muy temprano que estaba destinada a la literatura, disciplina que exploró en todos sus ámbitos, como demuestran sus numerosos versos, sus dos novelas y su centenar de relatos. Su obra, guste o no, no deja indiferente, porque no sólo enfrenta al lector a sí mismo, sino que le recuerda su responsabilidad en el mundo que habita.

¿Por qué usaba seudónimo, y seudónimo masculino además?

No es un caso aislado en la literatura universal. Existen numerosos ejemplos de mujeres que en el siglo xix, y hasta finales del siglo xx, utilizaron un pseudónimo masculino no sólo para poder escribir con absoluta libertad, sino también para que su obra fuera publicada sin injerencias paternalistas y leída por un público más amplio que el estrictamente femenino. Lo que distingue a Caterina Albert es que eligió continuar firmando como Víctor Català, aún cuando su identidad era ya ampliamente conocida.

¿Cómo se explica que Víctor Català sea aún una desconocida para los lectores en castellano?

Diría que porque su obra es poco conocida aun en Cataluña. Su novela Solitud, que gozó de un éxito inmediato, es de lectura obligatoria en las aulas, pero en una edición estudiantil; el resto de su obra ha tenido que esperar hasta el siglo xxi para ver la luz. De ahí que la única obra de Víctor Català traducida al español hasta la fecha haya sido Soledad. La novela fue objeto de dos traducciones (1907 y 1986), ambas deficientes, que la propia autora desautorizó, por lo que el libro desapareció del mercado.

Su lugar en las letras catalanas, ¿está plenamente establecido?

No, como muestra el hecho de que aún no esté a disposición del público una edición fidedigna de sus obras completas, lo que constituye una imperdonable laguna en el seno de la literatura catalana. Por fortuna, Club Editor está subsanando ese tuerto con gran éxito.

Tengo entendido que su obra está empezando a llegar a otros países, EE.UU. entre ellos. ¿Por qué ahora?

Conjeturo que ello se debe, en parte, a la necesidad de compañía en estos tiempos de absoluta soledad e incertidumbre. En general, regresar a los clásicos es sentirse acompañado. En el caso concreto de la obra de Víctor Catalá, tratándose de un clásico reciente, quizá haya llegado su momento, porque la autora no sólo se erige en defensa de los desprotegidos, sino también de la vida animal, vegetal y mineral, lo que la convierte en una ambientalista avant-la-lettre.

Entiendo que la lectura que hacemos hoy en día de los cuentos recogidos en de La púa de rastrillo tiene poco que ver con la que hicieron los lectores de su tiempo…

Caterina Albert fue una escritora muy adelantada a su tiempo: tuvo que enfrentarse a todo tipo de prejuicios de naturaleza social, religiosa y política, producto del sexismo y el paternalismo. Confío en que en el lector del siglo xxi posea la distancia necesaria para apreciar su obra en su justa valía, porque pese a los logros alcanzados en materia de derechos, aún queda mucho camino por recorrer.

A día de hoy, estos cuentos admiten una primera lectura que podríamos llamar «feminista», porque la autora denuncia la situación de la mujer de su tiempo. ¿Le parece un calificativo adecuado para la autora y su obra?

Sí, en la medida en que lo fueron en su día Teresa de Ávila y Juana de Asbaje, o en el siglo xix, Emily Dickinson y las hermanas Brontë, por poner cuatro ejemplos. No si nos referimos al feminismo entendido como un «ismo».

Desde un punto de vista estrictamente literario, ¿qué hace grande a Víctor Català?

Su absoluto dominio de la lengua en todos los aspectos, semántico, fonético y formal.

¿Qué importancia tuvo su obra para la literatura catalana?

Sospecho que ha influenciado a muchos más escritores que los que, a día de hoy, están dispuestos a reconocerlo.

¿Es Soledad, que usted también acaba de traducir (para Trotalibros), su mejor obra?

No, lo que no quita que sea una de sus cumbres. Víctor Català tiene tanta obra y abarca tantos géneros que diría que Soledad es un pico en una cordillera de numerosos picos.

Seguimos utilizando para referirnos a Caterina Albert el nombre de pluma que ella eligió. Se me ocurre que quizá habría que recuperar para ella su nombre real… ¿No dejó nada estipulado al respecto?

No, que yo sepa. Sin embargo, la persona literaria masculina que adoptó y que conservó hasta su muerte es alegato suficiente. De ahí que tanto los editores de Club Editor, como el de Trotalibros, como la sobrina nieta de la autora hayan estimado que esa máscara debía conservarse.

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