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Elena Ramírez y Antonio Muñoz Molina
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Elena Ramírez y Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina presenta su novela “Como la sombra que se va”

“Me gusta que la voz del narrador se pueda cambiar”

miércoles 26 de noviembre de 2014, 22:18h
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A Antonio Muñoz Molina le encanta la Residencia de Estudiantes, quizá sea porque él se siente un intelectual de los albores del siglo pasado donde en ese marco se concitaba lo más granado de nuestros pensadores y artistas. Con ésta, es la tercera vez que asisto a la presentación de un libro suyo en la Residencia y como las anteriores, no ha dejado de parecerme el marco perfecto para hablar de literatura.

  • Antonio Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina (Fotos: Javier Velasco)
Antonio Muñoz Molina (Fotos: Javier Velasco)

En esta ocasión ha sido “Como la sombra que se va”, una novela que parte al enterarse que el asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, pasó, en su huida diez días en Lisboa. ¡Atiza! Lisboa. Han pasado más de 25 años desde que escribiese aquella novela suya, El invierno en Lisboa, la segunda de su dilatada carrera, no demasiado fructífera por otra parte, ya que el escritor cordobés es de los que escribe lento y sentido.

La novela que acaba de publicar Seix-Barral coincide con la absolución del policía de Fergusson que mató al joven negro Michael Brown. “En Estados Unidos tienen una ley que aprobaron hace unos tres años que permite disparar a los ciudadanos si se encuentran amenazados”, recuerda en la rueda de prensa que dio para presentar el libro y en la que estuvo acompañado por su editora Elena Ramírez.

No podía tener mejor compañía, ya que hizo un rendido homenaje a profesionales de la industria editorial que mejoran el resultado definitivo. Editores y correctores. “La literatura es un oficio en el que participan muchas personas. Desde las primera personas a las que enseñas una obra, mi mujer Elvira Lindo la primera, hasta el editor, que me aconseja cómo perfilar mejor un personaje, donde me debo de alargar. Ser editor, ser correcto, son trabajos fundamentales sin los cuales una novela no existiría”, afirmó Antonio Muñoz Molina bajo la atenta mirada de orgullo de su editora al ver reconocida su labor por las humildes palabras del escritor.

La presencia de Un invierno en Lisboa está presente en toda la novela. “La ciudad tiene una conexión muy importante en mi vida personal y profesional. Cuando me enteré de que James Earl Ray se escondió en Lisboa no pude por menos que regresar a la ciudad e investigar sobre el personaje”, confiesa. Sin embargo, mucho de lo escrito en 1987 se le había olvidado, incluso tuvo que parar la narración cuando nació su hijo. Ahora volvía a Lisboa con otros ojos y esa vuelta la cuenta en la novela. Para ello utiliza diversas voces narrativas. “Me gusta que la voz del narrador se pueda cambiar, que en unas ocasiones sea como la de un reportero periodístico o como la de un viajero de un libro de viajes. Tiene mucho que ver con la libertad”, desgrana con su parsimonia característica aunque esta vez más cercana e, incluso, más apasionada.

Por eso no es de extrañar que le gusten autores como Herman Melville, “hace lo que quiere con la narración, interrumpe la trama para contar alguna característica zoológica y vuelve a retomarla. Lo mismo le ocurre a Proust, el escritor más libre que conozco. Soy un apasionado de la libertad de la escritura, pero también de cualquier tipo de creación, quizá se deba a los años que pasamos viviendo una dictadura, al finalizar comenzaron a llegar libros que no habíamos podido leer, películas que no habíamos podido ver, músicas que no habíamos podido escuchar. Recuerdo el poder visual y sonoro de películas como La naranja mecánica, con música de Parsons y Ligeti”, rememora.

La libertad es una de las características de su literatura. Le gusta que los libros no paren de modificarse. Aunque también es consciente de que un libro tiene mucho de arquitectura. “Primero se hace el plano y luego se convierte en realidad”, comenta. Sólo que en el plano, como en el libro, se pueden hacer modificaciones para dejar un trabajo más sugestivo y ahí entra, como explicó anteriormente, el trabajo del editor, corrector, etc.

Pero también el azar juega un papel primordial en un proceso de creación. “Las circunstancias que tienen que juntarse para escribir una novela son muchas y en ocasiones es el azar y otras motivaciones inconscientes. Yo me dejo llevar un poco a ciegas en el trabajo”, reconoce sin ambages el escritor de Úbeda al que le gusta estar solo cuando está escribiendo y “cuanto más aislado mejor”, afirma.

Pero hay otros aspectos fundamentales que le han llevado a escribir Como la sombra que se va y es su predilección por los movimientos civiles americanos. “Para mí fueron heroicos, ambiciosos, imaginativos y, a la vez, prácticos. Se pusieron objetivos concretos que eran posibles de conseguir. Sus dos cualidades fundamentales fueron: la no violencia y el sometimiento creativo a la ley o lo que es lo mismo, obedecer las leyes de manera creativa. Todo muy ejemplar y muy medido”, señala.

En ese momento comienza a poner sobre la mesa cifras de las desigualdades americanas. “Si en USA hay un 13% de población afroamericana, la población carcelaria se eleva hasta el 50%”, alega. Pero si cree que el racismo está implícito en muchos estados americanos cree que es peor la pobreza que padecen y la desigualdad creciente que se está viviendo, más, incluso, que hace veinte o treinta años. Los hispanos son otro colectivo que padece los mismos problemas pero en menor medida.

“Esta pasión por los derechos sociales me hizo leer una biografía sobre Martin Luther King y allí encontré lo de Ray en Lisboa. Este fue el germen de la novela. Lo demás ya vino rodado, ya que encontré muchísima documentación sobre su viaje a la capital portuguesa y en abundancia. De ahí que no quisiese hacer una novela totalmente inventada. ¿Para qué? Me pregunté. Si en ocasiones la realidad es mucho mejor que la invención”, analiza sosegadamente el autor de La noche de los tiempos, una de las mejores novelas que se ha escrito sobre la Guerra Civil Española.

Antonio Muñoz Molina se cuestiona si hubiese podido escribir con tanta libertad y con tanta documentación sobre algún hecho histórico reciente de nuestra historia. “En América se desclasifican los archivos y puedes encontrar fácilmente toda la documentación que hay de ese periodo histórico. Te puedes enterar de la persecución a la que fue sometido Martin Luther King por el FBI de los tiempos de Hoover y Robert Kennedy, hasta de los anónimos que le enviaban a él y a su mujer, si bien es verdad que con su asesinato cambiaron la actitud. Pese a ello tuvo que ser la Policía Montada del Canadá quien detuviese a Ray”, puntualiza con ironía.

Con toda esa documentación no podía por menos que concebir una novela real y verosímil. “Yo no estoy dentro de la cabeza de King o de Ray, pero sí puedo suponerlo gracias a todo la información que se conserva. El tiempo va dando forma al recuerdo y también al relato”, opina y finaliza diciendo que en su opinión “la estructura narrativa más perfecta que hay es la de la novela policiaca”. La que él ha utilizado, para Como la sombra se va, no se queda muy atrás. En esta historia, la sombra sigue siendo muy alargada.


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