04/10/2025@11:11:00
Probablemente fue así, con las mareas vivas de septiembre azotando el litoral del Cantábrico. En un margen de diecisiete años, siempre en septiembre, en el de 1908 y en el de 1925, San Sebastián vio nacer primero una insólita Sociedad Oceanográfica alzada desde el voluntarismo, la primera de este país. Y, fruto de ella, el Palacio del Mar, nuestro Aquarium. Más que una fiesta, la historia de nuestra Oceanográfica y de su Palacio del Mar es una novela. Había que contarla.
Desde el silencio, el lento punteo de una guitarra acústica como detenida ante un umbral, como a la espera de otra guitarra, la que ya viene, abrazada a su compás. Dos amigos se encuentran después de mucho tiempo. Se suma una voz. Parece que va a celebrar ese reencuentro, pero siembra la duda. Una duda existencial, entre lo que pudo ser y no fue. Así se abre la composición que marcaría el rock psicodélico de los ’70, la más melancólica y la más icónica, una obra maestra. Aquel ‘Wish You Were Here’ de Pink Floyd, nacido hace cincuenta años, un 12 de septiembre de 1975.
De Galicia a Tarifa, setenta mil hectáreas calcinadas en la última semana. En lo que llevamos de verano, más de trescientas mil. El triple que el año pasado. ¿La mitad que el próximo? La pregunta se sostiene en todo lo que la precede. Desde mucho antes de que se acuñara el término Cambio Climático, España ya presentaba la geografía de un secarral. La inmensa mancha árida por la que cabalgaban Don Quijote y Sancho, gobernada por el “sanchopancismo” nacional. ¿En qué se sustancia? En ese mantra entre irrisorio e irritante que preside todos los informativos: “Seguimos muy pendientes”. La tercera pregunta cabe en dos palabras: ¿De qué?
Protocolo de Ginebra, 1977: la comunidad internacional establece la prohibición de bombardear instalaciones nucleares. Junio de 2025: EE.UU. bombardea las iraníes de Nathanz, Ispahán y Fordo, ésta última a sólo cien kilómetros de Teherán, sin que la comunidad internacional mueva una ceja, ni nadie pregunte por los efectos del polvo radiactivo expandiéndose sobre la población.
La muerte de un hijo, para sus padres, convulsiona el sentido mismo de la vida. Tanto más si se trata de un niño afectado por una enfermedad en su fase terminal. Lo cuentan dos películas inolvidables: ‘La habitación del hijo’, de Nanni Moretti, y ‘Alabama Monroe’, de Felix Van Groeningen. En esta, la música bluegrass y la felicidad de la pareja acentúa el drama que les sobreviene: la muerte de sus dos niñas, una accidental, la otra en una lenta agonía. Los padres quedan fulminados, su mundo se desploma, la espiral de dolor los aboca a un duelo que se prolongará hasta el fin de sus días.
Cuando leí la noticia de la concesión del Princesa de Asturias de Humanidades a un perfecto desconocido para mí, Byung-Chul Han, me tentó pensar que se trataba de un nuevo Jianwei Xun. Jianwei, el autor de Hipnocracia, un presunto filósofo chino formado en Berlín, bajo el que se ocultaba una inteligencia artificial. Han, un filósofo coreano formado en Múnich, autor de una serie de libros en su misma línea, pero sin chatbots por medio, luego humano. Con una paradoja que dejo para el final.
Horas antes de que se produjera el Cero energético, y al conocerse la noticia de procesamiento del hermano del presidente, el Gobierno respondía con su clarividencia habitual: “Va a quedar en nada”. ¿Por qué? Conocemos la respuesta, por más que se acumulen las pruebas de cargo: todo es ruido, bulos de la extrema derecha. Sucedió con la Pandemia, ¿lo recuerdan? : “mata más el machismo que el virus”. Sucedió con el escándalo Tito Berni, como sigue sucediendo con las declaraciones de Aldama -¿qué ha sido de él?-, o con el caso Begoña Gómez. Y, por supuesto, como sucederá con Gran Apagón.
Con el estreno del año, el gran suceso editorial de 2025: "Hipnocracia. Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad". Lo firmaba un filósofo chino, Jianwei Xun, de quien nada se sabía. El misterio se acrecentaba con lo disruptivo de su tesis. Somos cobayas de una nueva forma de control social, la Hipnocracia: vivimos en un estado de trance permanente, manipulados, teledirigidos, hipnotizados por los medios.
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Seguían fuera de control más de cincuenta incendios del largo centenar que vienen asolando el territorio nacional, y los informativos daban cuenta de la demolición de la primera vivienda de las otras tantas que devastaron el Levante tras la Dana, de la que pronto se cumplirá un año. Diez meses de demora, y una “ayuda” de cinco mil euros para el propietario que lo había perdido todo. “¿Qué hago yo ahora con cinco mil euros? ¿Qué hago…?”, le faltaban las palabras que se volvían llanto, el de la desesperación, el de la desolación, el del más absoluto desamparo.
Cada fin de semana de cualquier operación salida, sea la de julio o la de agosto, un promedio de veinticinco mil vuelos sobre el espacio aéreo nacional. Es de suponer que la mayoría de los pasajeros está deseando embarcar. Ahora bien, sentémoslos en el diván: ¿cuántos preferirían quedarse en casa antes que subir a su avión?
"A moro muerto, gran lanzada”. Basta esta sentencia del Refranero para entender la mutación de los medios afines al Gobierno tras el estallido del informe UCO acerca de la incalificable trama de corrupción implementada dentro del PSOE. Hay que posicionarse de cara a la sucesión: los bulos de la víspera se invierten en pruebas de cargo, y las palmas en lanzas. Pero el “moro”, el presidente, no asume su defunción. Aun reducido a su esqueleto -físico y político-, resucita con una patética huida hacia adelante.
Costaría discernir que fue lo más patético en ese corral de peluches electroacústicos y horteridad urbi et orbi, que conocemos como el festival de Eurovisión. Si la performance de casquería que representó a España o el mensaje previo de RTVE, no sólo fuera de lugar, sino digno del analfabetismo coronado que acreditan sus asesores: “Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Justicia y paz para Palestina”. ¿Cómo que “frente a los derechos humanos”? Será “frente a la vulneración” de los derechos humanos, que es de lo que se trata y en lo que todos estamos de acuerdo.
A medida que Margarita los nombraba se diría que iban entrado uno tras otro en la sala, despacio, sin hacer ruido. Primero, el bisabuelo Blas, maestro armero eibarrés. Luego el abuelo Eusebio, el primero en recabar prestigio internacional, cuyas piezas, presentada en la Exposición Universal de Londres de 1851, se cotizaban por encima del millón de libras. Luego el padre, Plácido, el genio del damasquinado, que nació con él, y no en Toledo, como el acero toledano tuvo su primera veta en Mondragón. Al fin el gran Ignacio Zuloaga, pintor.
A finales de 2023 senté a Nostradamus a la mesa de Navidad. ¿Qué vaticinaba para 2024? La muerte de un Papa y su relevo por otro “de piel sombría”. Así se publicó en esta página el primer martes de ese año. Un año de error parece bien poco a cinco siglos de distancia. ¿El próximo Habemus Papam coronará a un pontífice de piel sombría?
El concepto surgió de la mente de Isaac Asimov. Entendía por psicohistoria un cruce de historia, sociología, psicoanálisis y matemáticas destinado a predecir el futuro de nuestra especie. Ciencia ficción, pero abierta a una visión más amplia que la que nos sirve la historia convencional en la que se incluyen motivaciones inconscientes, pulsiones latentes y, por supuesto, manipulación de mentalidades. En base a este modelo, el protagonista de ‘Fundación’, el matemático Hari Seldon, vaticina el colapso de su imperio galáctico. Debe ser por eso que cada vez recurrimos más al Big Data y la Inteligencia Artificial para evitar el nuestro.
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