Nunca el teatro es mentira
11/03/2026@15:15:00
Ni siquiera sé si existo. Me lo cuentan, me encuentro con gente que me habla, asisto al teatro, escribo, leo e, incluso, como, duermo, sueño y, creo, hago otras cosas.
Es una denuncia. Es una tristeza, un dolor, una persecución, una diáspora, la locura de la pertenencia y no dejar que otros tengan su espacio y se pueda convivir, no ya sin rencillas, sino sin guerras.
Todo cabe en ellas
Todas las mujeres que por la noche van a oscuras y oyen, con temor, el silencio de corazones acelerados. Que oyen la soledad, la que hace despertarse y provoca insomnio y nadie reconoce porque va por dentro, y nadie se da cuenta.
Este fin de semana, en el Teatro del Barrio acoge "Yo soy 451", un largo monólogo distópico de Xavo Giménez, componente de la compañía La Teta Calva. La obra está inspirada en la célebre novela "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury (1920-2012), conocido también por su obra "Crónicas marcianas", publicada en 1953. Esta obra se considera una de las distopías más notables jamás escritas, donde el totalitarismo lleva a cabo una brutal campaña para erradicar los libros, que son prohibidos y destruidos por los bomberos, quienes realizan esta tarea en una inversión de la lógica.
El dolor de dejar ir
“Quién iba a prever que el amor, ese informal, se dedicara a ellos tan formales”. Este poema de Mario Benedetti me ha venido a la memoria al escuchar a Jaime y Marla hablar, comentar, recordar, lamentarse de esa relación que fue la mejor, que fue especial, que conllevó amor como nunca antes y, sin embargo, no acabó cuajando.
Todo, siempre, nuestro, juntos
Cada vez que empiezo una reseña, una crónica nueva teatral, debo preparar el terreno. Por supuesto, acudo a ver la representación, no suelo tomar notas, aunque algunas veces sí, normalmente tampoco indago en la sinopsis, en el historial del grupo, dirección, texto, interpretación y, podríamos decir, voy a que me sorprendan. Después, ya indagaré, me documentaré, ahondaré en la temática, y analizaré, en general, toda la puesta en escena. Y, eso sí, esa misma noche, aunque sea impúdicamente tarde, escribiré esa reseña con el terreno bien preparado, quemado, despejado de malas hierbas, artigado, para procurar ser ecuánime, sincero, profundo, analista y, ¿por qué no?, emocional y poético.
Lo tenemos merecido
¡Qué pequeño resulta el enemigo si yo soy más grande! Al menos, eso es lo que hay que creer en estas tragedias griegas, donde el oráculo dice lo que va a suceder sin posibilidad de cambio alguno en el destino prescrito. Y el coro, además, al unísono, repitiendo ideas y conceptos que asaltan a la cabeza.
Sobre la comunicación epistolar
Estimados espectadores: me dirijo a vosotros, con toda la humildad del mundo, para ofreceros mis impresiones de la obra que está actualmente en el Teatro de la Abadía, Una forma de vida, basada en la novela del mismo título de Amélie Nothomb sobre un soldado con obesidad mórbida que escribe a la autora por medio de cartas y se establece una relación epistolar que los une y conecta más profundamente de lo que ellos mismos se pensaban.
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Hay que mojarse
PLEAMAR
Pareciera que hay gente que nace al borde de una playa, de una orilla de mar, de repente, y se quedan inmóviles, o corren a esconderse y, súbitamente, los demás se asombran.
¿Quién nos desata?
De mi pecho nace un nudo que es imposible de deshacer, a no ser que me arranques el corazón. Sería "El nudo gordiano". Puedo abrirte mi pecho, desgarrarme, asomarme al abismo y ahí tendrás que decidir qué solución tomar.
Cariátides sosteniendo el manto infinito de la ausencia
Ítaca, Ítaca, Ítaca, no es una cuestión de calles, ni de calas, ni de paisajes idílicos en una isla de ensueño. Hay una Ítaca por cada uno de nosotros.
En el fondo de cientos de comedias y dramas del Siglo de Oro se hallan textos que son joyas esperando pacientemente su oportunidad de salir de nuevo a la luz, para solaz y divertimento de los espectadores de hoy en día, para conocimiento de los entusiastas de la escena, desarraigándose del abismo del polvo difuso y controvertir a los que consideran que sus temas y personajes están desfasados, anticuados, fuera de lugar y de tiempo.
Soledad y silencio
Al cumplir cierta edad, no digamos cuánta, mucha, (además, lo bueno es que se van cumpliendo, de lo contrario el camino es que se ha truncado ya), se agolpan en las sienes, en el cuerpo, en el corazón, tantas esperanzas que después pasaron de largo. Esas ilusiones que se cumplieron o no, pero de las que ya no se puede retroceder, porque, como escribió José Manuel Caballero Bonald, “somos el tiempo que nos queda”.
Héroe pícaro
¡Atentos Vuestras Mercedes, que ha llegado al Teatro Alcázar, teatro de la villa (y corte), aquel histrión de pelo alborotado y níveo a declamar unas cuantas palabras y verdades para gozo de damas, caballeros, escuderos, mozas… y gatos!
El contador de historias
Con esta vida que llevamos de vorágine y rapidez, de prisas, que parece que vamos perseguidos o persiguiendo a alguien, en esta huida hacia adelante que no nos reporta, en realidad, nada, a veces, cuesta darse cuenta de lo que tenemos.
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