El dolor de dejar ir
“Quién iba a prever que el amor, ese informal, se dedicara a ellos tan formales”. Este poema de Mario Benedetti me ha venido a la memoria al escuchar a Jaime y Marla hablar, comentar, recordar, lamentarse de esa relación que fue la mejor, que fue especial, que conllevó amor como nunca antes y, sin embargo, no acabó cuajando.
Todo, siempre, nuestro, juntos
Cada vez que empiezo una reseña, una crónica nueva teatral, debo preparar el terreno. Por supuesto, acudo a ver la representación, no suelo tomar notas, aunque algunas veces sí, normalmente tampoco indago en la sinopsis, en el historial del grupo, dirección, texto, interpretación y, podríamos decir, voy a que me sorprendan. Después, ya indagaré, me documentaré, ahondaré en la temática, y analizaré, en general, toda la puesta en escena. Y, eso sí, esa misma noche, aunque sea impúdicamente tarde, escribiré esa reseña con el terreno bien preparado, quemado, despejado de malas hierbas, artigado, para procurar ser ecuánime, sincero, profundo, analista y, ¿por qué no?, emocional y poético.
Lo tenemos merecido
¡Qué pequeño resulta el enemigo si yo soy más grande! Al menos, eso es lo que hay que creer en estas tragedias griegas, donde el oráculo dice lo que va a suceder sin posibilidad de cambio alguno en el destino prescrito. Y el coro, además, al unísono, repitiendo ideas y conceptos que asaltan a la cabeza.
Sobre la comunicación epistolar
Estimados espectadores: me dirijo a vosotros, con toda la humildad del mundo, para ofreceros mis impresiones de la obra que está actualmente en el Teatro de la Abadía, Una forma de vida, basada en la novela del mismo título de Amélie Nothomb sobre un soldado con obesidad mórbida que escribe a la autora por medio de cartas y se establece una relación epistolar que los une y conecta más profundamente de lo que ellos mismos se pensaban.
Poeta de corbata
Sola en la sala, versos con faldas, tus manos me atrapan, isla ignorada, fui partícipe de tu soledad acompañada, viniste conmigo a decirme que la poesía no es un cuento, mientras yo te leía en voz alta.
Paralelismo humano
Érase una vez… un encuentro, una convivencia, un río con un sol encima, un grupo de amigos de distintas precedencias, con diferentes costumbres, hasta con hablas poco similares.
Nadie es perfecto
La perfección está en los sentimientos. Dependemos de muchas cosas, de muchos factores, de nacer en una familia acomodada, en una sociedad occidental, en una gran ciudad, en un arrabal, en el fin del mundo.
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En el fondo de cientos de comedias y dramas del Siglo de Oro se hallan textos que son joyas esperando pacientemente su oportunidad de salir de nuevo a la luz, para solaz y divertimento de los espectadores de hoy en día, para conocimiento de los entusiastas de la escena, desarraigándose del abismo del polvo difuso y controvertir a los que consideran que sus temas y personajes están desfasados, anticuados, fuera de lugar y de tiempo.
Soledad y silencio
Al cumplir cierta edad, no digamos cuánta, mucha, (además, lo bueno es que se van cumpliendo, de lo contrario el camino es que se ha truncado ya), se agolpan en las sienes, en el cuerpo, en el corazón, tantas esperanzas que después pasaron de largo. Esas ilusiones que se cumplieron o no, pero de las que ya no se puede retroceder, porque, como escribió José Manuel Caballero Bonald, “somos el tiempo que nos queda”.
Héroe pícaro
¡Atentos Vuestras Mercedes, que ha llegado al Teatro Alcázar, teatro de la villa (y corte), aquel histrión de pelo alborotado y níveo a declamar unas cuantas palabras y verdades para gozo de damas, caballeros, escuderos, mozas… y gatos!
El contador de historias
Con esta vida que llevamos de vorágine y rapidez, de prisas, que parece que vamos perseguidos o persiguiendo a alguien, en esta huida hacia adelante que no nos reporta, en realidad, nada, a veces, cuesta darse cuenta de lo que tenemos.
“Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte” escribía en el primer verso del poema ‘Hombre’, Blas de Otero. “Al borde del abismo”, continúa, en el poemario ‘Ángel fieramente humano’.
Un mundo onírico lleno de equívocos
Las pequeñas compañías de cómicos, titiriteros, saltimbanquis, faranduleros y mil nombres más que les podemos dar a esos representantes de textos dramáticos, trágicos y divertidos, musicales, vodeviles, dancísticos, mímicos… siempre depende de que alguien esté interesado en financiarlo o, al menos, pagar lo estipulado, lo convenido, lo ajustado para hacer las delicias y ser el deleite de propios y extraños, para ahondar en la raíz de la cultura, del entretenimiento, del solaz y la diversión, de la justicia poética, de la denuncia social, de engrandecer el panorama emocional y sentimental de los espectadores.
Voluntarios de acompañar al viento
Si las abejas se extinguieran, las consecuencias serían catastróficas, provocando una crisis alimentaria, la pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas. Pero no solo las abejas, son tantos los aspectos de la naturaleza que debemos cuidar para no revertir en un planeta inhóspito e inhabitable, que no terminaríamos nunca de enumerarlos. Árboles, céspedes, ríos, montañas, mares, campos, cuevas, minas…
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