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Manu P. Villatoro
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Manu P. Villatoro (Foto: Javier Velasco Oliaga)

Entrevista a Manu P. Villatoro: "Un dictador cargado de mentiras puede provocar una debacle internacional si no sabemos detenerlo a tiempo"

Coordinador del libro "La invasión de Polonia"
jueves 10 de marzo de 2022, 17:00h

En "La invasión de Polonia", un libro coordinado por el periodista Manuel P. Villatoro y editado por Pinolia, quince expertos, entre los que se encuentra el director de Todoliteratura Javier Velasco Oliaga, ayudan a componer el relato de los días que precedieron a la invasión alemana de Polonia y cómo esta operación militar dio el pistoletazo de salida a la Segunda Guerra Mundial.

La invasión de Polonia
La invasión de Polonia

Con las tropas rusas ya en Ucrania, cabe echar la vista atrás y preguntarnos por otros momentos históricos en los que la invasión de un país desembocó en una guerra a gran escala.

El ejemplo que muchos líderes mundiales y ciudadanos tienen estos días en la memoria es el de Polonia. La invasión alemana, en 1939, precipitó una serie de acontecimientos que desembocaron en la Segunda Guerra Mundial, el mayor enfrentamiento armado de la historia.

A lo largo de esta obra, el lector podrá profundizar en diferentes aspectos de este episodio. Desde el fracaso de la política de apaciguamiento de los Aliados al drama de los refugiados judíos, pasando por la heroica batalla de Bzura o el establecimiento de los campos de exterminio en Polonia.

Hablamos con Manuel P. Villatoro sobre el pasado y el presente de las guerras europeas.

¿Cómo surge la idea de dedicarle un libro a la invasión de Polonia?

Una de las bazas principales ha sido la celebración de la efeméride de la invasión el pasado 1 de septiembre. Pero lo cierto es que no puede estar más de actualidad. Los diferentes autores hemos alumbrado una obra que nos enseña que, aunque la historia no es cíclica, sí tiene su reflejo en el presente. El germen de la Polonia que conocemos hoy se plantó aquellos días de 1939. El país, como Ucrania, padeció las barbaridades perpetradas por los nazis y los soviéticos contra su población. Vayan por delante los números: el Reich asesinó a casi dos millones de civiles no judíos y a 3 millones de judíos polacos durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que Iósif Stalin dejó su triste impronta en la región con las matanzas del bosque de Katyn. Y eso, por no hablar de las penurias que pasó como estado satélite de la URSS, lo que la ha llevado a formar parte de la OTAN en la actualidad.

Por otro lado, y aunque suene como un cliché recurrente, no debemos olvidar que Polonia es clave en la historia porque, con la agresión, se inició un conflicto armado que llevaba meses cociéndose a fuego muy lento en la vieja Europa.

Hay algunas similitudes entre lo que hemos visto en Ucrania y lo que sucedió en Polonia en 1939. Para empezar ambas fueron invasiones “anunciadas”.

Se podría decir que ambas fueron la crónica de una muerte anunciada. Cuando los ‘panzer’ cruzaron la frontera el 1 de septiembre de 1939, Hitler ya llevaba reclamando desde hacía meses la anexión de la Ciudad Libre de Danzig y el acceso al corredor. Desde la primavera, tanto él como Joseph Goebbels calentaban una y otra vez los ánimos de los ciudadanos germanos en este sentido con discursos altivos mientras los Chamberlain y los Daladier de rigor miraban para otro lado amparándose en la política de apaciguamiento. Todo ello, a pesar de que ya se había anexionado los Sudetes y Austria en 1938. Con ciertas salvedades, es lo que ha sucedido en los últimos años con Rusia. Vladimir Putin absorbió Crimea en 2014, tenía un ojo puesto sobre el Donbás desde hacía ocho años y, según los analistas, llevaba preparando el asalto de Ucrania y la llegada a Kiev de sus grupos acorazados desde hacía meses.

En 1939 Polonia era, un poco como Ucrania hoy, un país tensionado por dos potencias. ¿La lección es que estos países “frontera” entre bloques o potencias tienen siempre las de perder?

Si me lo permite, esta es una muy buena pregunta. Más que las de perder, diría que son países que tienen un magnetismo especial para las potencias que se hayan a su alrededor por su capacidad para hacer de ‘colchón’. Aunque siempre depende de la época. El Tratado de Versalles generó una inquina hacia Polonia por parte de Alemania que derivó en una invasión que Hitler ya había esbozado en su ‘Mein Kampf’. Después, el país se convirtió en uno de los estados satélite de la Unión Soviética; uno de sus muchos cortafuegos con sus enemigos occidentales. En ese sentido es algo similar a lo que ha sucedido con Ucrania.

Hacen falta muchos libros como este en las escuelas para que los más jóvenes entiendan lo que sucedió de verdad

1939 puede parecer muy lejos, pero muchas de las heridas de aquellos años aún no se han curado en Polonia. Para empezar, mantiene una relación complicada con la idea de los campos de concentración, impidiendo por ley que se pueda hablar de nazismo polaco o en Polonia.

Puede sorprender, pero es entendible. No se puede obviar que uno de los campos de concentración y exterminio más tristemente recordados de la Segunda Guerra Mundial fue levantado por los nazis en Polonia. Auschwitz, símbolo de la locura nazi, costó la vida a más de un millón de judíos y a unos cien mil presos políticos. Que el corazón de la barbarie del Holocausto, la matanza sistemática y meticulosa de seres humanos, esté en el mismo país que fue desangrado por Hitler es doloroso incluso ocho décadas después.

Sí que es cierto que, en los últimos años, Polonia ha recibido críticas de Israel y ha sido mirada con cierto recelo por Estados Unidos por aprobar una serie de leyes que buscan perseguir a nivel legal a aquellos que unan su país a los crímenes del Holocausto. Es difícil posicionarse. Lo que sí está claro es que hacen falta muchos libros como este en las escuelas para que los más jóvenes entiendan lo que sucedió de verdad y no caigan en errores recurrentes como llamar a Auschwitz ‘campo de concentración polaco’.

Otro ejemplo es que Polonia ha sido de los países más activos contra Rusia, incluso antes de la invasión. Sin duda, un reflejo de experiencias pasadas. ¿Cómo fue la relación de Polonia con Rusia tras el final de la ocupación soviética?

Siempre ha mantenido relaciones algo turbias. En la Conferencia de Yalta, Stalin, Churchill y Roosevelt acordaron dejar Polonia bajo control soviético. Poco después, las fronteras del país fueron desplazadas en favor de la URSS. A partir de ahí comenzó una pantomima. El Camarada Supremo prometió elecciones libres, pero todo terminó en un pucherazo y en la llegada a la poltrona de un gobierno puesto ‘de facto’ por el Kremlin. Luego fueron perdiendo poco a poco independencia en diferentes ámbitos –por ejemplo, la eliminación del cargo de presidente en favor de un miembro del partido comunista– hasta su ingreso en el Pacto de Varsovia.

Las siguientes décadas fueron un toma y daca en el que los polacos exigían libertad y eran reprimidos por la fuerza. La llegada de Gorbachov relajó las tensiones, como pasó en toda la URSS y sus países satélite, Con ese currículum no es raro que se unieran a la OTAN en 1999 y a la UE en 2004.

Un aspecto poco conocido para el público español es la masacre de Katyn. ¿En qué consistió?

En una locura perpetrada por el régimen de Stalin. A partir de marzo de 1940, y con parte del país bajo su poder, el Ejército Rojo desplazó a miles de polacos –entre 17.000 y 22.000, atendiendo a las fuentes– hacia el bosque de Katyn, ubicado a unos veinte kilómetros de Smolensko (Bielorrusia). Allí mataron a la mayoría entre abril y mayo. ¿La excusa? Según Lavrenti Beria, que aquellos oficiales, combatientes, reservistas e intelectuales eran peligrosos para el régimen comunista. El método fue estremecedor: les llevaban a un búnker lleno de sacos terreros para aislar el sonido de los disparos, les pedían que se quitasen los objetos de valor y les metían una bala en la nuca.

Los cadáveres de todos aquellos hombres fueron enterrados en el bosque de Katyn. Permanecieron ocultos hasta que fueron descubiertos por soldados alemanes. Hay que decir que, a nivel propagandístico, Stalin jugó bien sus cartas y acusó de aquella matanza a los nazis. Lo que se llama una ‘operación de falsa bandera’. Y cuajó. Todo quedó escondido hasta los años ochenta, cuando una investigación corroboró la responsabilidad soviética.

Por último, ¿qué lecciones nos dejó la invasión de Polonia a los europeos que no deberíamos olvidar?

Una que estamos viendo estos días: que un dictador cargado de mentiras puede provocar una debacle internacional si no sabemos detenerlo a tiempo.

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