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"Los templarios", Dan Jones

Ed. Ático de los Libros. 2025
viernes 09 de enero de 2026, 21:20h
Los templarios
Los templarios
El presente libro lujoso de Ático de los Libros es una primera edición, en tapa-dura conmemorativa de abril de 2025. Estamos, por lo tanto, ante una de las obras paradigmáticas sobre aquellos caballeros que tanto supusieron en la Europa del Medioevo. Los hombres de la Orden Militar del Temple eran guerreros, pero religiosos, utilizando la espada y la oración, y asimismo paradójicamente pobres pero orgullosos banqueros. Sus hábitos sí hacían al monje, ya que portaban una cruz roja brillante, que representaba la sangre de Cristo, por la que ellos estaban dispuestos a entregar su vida. La Orden del Temple fue una de las órdenes militares para la recuperación y la defensa de Tierra Santa contra el Islam.

Los templarios nacieron en 1119 basados en los principios de castidad, obediencia y pobreza, el último de los cuales fue representada en el sello oficial del maestre, que mostraba a dos hermanos armados compartiendo un solo caballo, pero la orden pronto creció en riquezas e influencia. Los altos cargos de la orden en Tierra Santa y en Occidente contaban entre sus amigos (y enemigos) a reyes y príncipes, reinas y condesas, patriarcas y papas. La orden contribuyó a financiar guerras, prestó dinero para pagar rescates de reyes, gestionó las finanzas de monarquías, recaudó impuestos, construyó castillos, dirigió ciudades, reclutó ejércitos, interfirió en disputas comerciales, emprendió guerras privadas contra otras órdenes militares, ejecutó asesinatos políticos e incluso contribuyó a convertir a hombres en reyes”.

Sea como sea, siempre fueron idolatrados por el pueblo, que los contemplaba como auténticos héroes locales y, sobre todo, defensores de la esencia del cristianismo frente al, para las gentes del Medioevo, la demonización del Islam. Hasta tal punto es así la cuestión que muchos de sus ingentes ingresos eran aportados por pequeñas aportaciones de hombres y mujeres de los pueblos de Europa, sobre todo en Francia; además, lógicamente del patronazgo de la alta nobleza. Luego, ellos prestaban a los monarcas el pecunio suficiente para poder hacer frente a los gastos de la pertinente monarquía, sobre todo para los monarcas franceses, Capeto o Valois, etc. Obviamente, y ya desde el principio tuvieron críticos, que no aceptaban que solo debieran responder ante el Papa, enseguida ya en la sede de Aviñón. No obstante, sí existieron apoyos eximios de la orden, por ejemplo, es preciso destacar a Bernardo de Claraval, que los saludó como la nueva orden de caballería, aunque los que los denostaban ya los calificaban como la nueva monstruosidad. Pero, sea como sea, cuando fueron disueltos, acompañado el hecho de torturas, arrestos en masa y persecuciones sin cuento, y todo ello para conducirlos a la hoguera; la conmoción y la sorpresa con cierto caudal de disgusto llegó a todos los hogares del mundo cristiano europeo conocido. Su pavoroso final conllevó la magnificación de su leyenda.

Entonces, ¿quiénes eran los templarios? En ocasiones es difícil decirlo. Los templarios han aparecido en numerosas obras de ficción, series de televisión y películas, donde se los ha retratado de forma variopinta: como héroes, mártires, matones, explotadores, víctimas, criminales, pervertidos, herejes, alborotadores depravados, guardianes del Santo Grial, protectores del linaje secreto de Cristo y agentes de una conspiración mundial capaces de viajar en el tiempo. Dentro del ámbito de la historia comercial existe toda una pequeña industria artesanal dedicada a desvelar los secretos de los templarios. Con ello, se sugiere que han participado en alguna conspiración intemporal para ocultar los secretos más oscuros del cristianismo y se da a entender que la orden medieval continúa viva, manipulando el mundo desde las sombras. De vez en cuando, estas obras resultan muy entretenidas, pero nada de lo que dicen tiene mucho que ver con los templarios”.

El presente libro sobre la gran orden militar medieval del Temple está dividido en cuatro partes, un epílogo y algunos apéndices. Y, además una brillante y enjundiosa bibliografía: La primera se llama PEREGRINOS, donde se describe claramente como nació la orden, a principios del siglo XII, fundada por el caballero francés Hugo de Payns en Jerusalén, con la finalidad de que sirviese para proteger a los cristianos europeos occidentales, que pretendían seguir los pasos del Hijo de Dios a lo largo de su vida pública en Tierra Santa. Tras la aprobación papal de su regla, escrita por San Bernardo de Claraval, se establecieron en la mezquita de al-Aqsa, en el monte del Templo de Herodes “el Grande”, que en la época de Jesucristo miraba a la fortaleza de la Torre Antonia, desde donde el prefecto del pretorio vigilaba las explosiones de libertad de los judíos, y que era preciso reprimir. Entre sus primeros seguidores se encontraría el conde Fulco de Anjou, que sería uno de los antepasados de los Plantagenet, y que más tarde sería rey de Jerusalén. En unos veinte años ya serían bastantes más de los nueve originarios, ya que los cruzados más conspicuos se integrarían en el grupo, su objetivo sería claro y estribaba en la protección de los peregrinos, conservando Tierra Santa para los seguidores de Cristo, y teniendo claro lo que era preciso hacer para cumplir su prístino objetivo. La segunda se define como SOLDADOS, y nos narra, con una gran calidad narrativa e historiográfica, como ya se fueron conformando como una unidad militar de élite, y siempre en la vanguardia de las cruzadas. Su papel decisivo lo sería en la Segunda Cruzada, la del Rey Luis VII de Francia y Leonor de Aquitania. En este capítulo se nos refiere como crean los caballeros toda una serie de castillos, los kraks de los caballeros, para defenderse de los embates mahometanos.

Aparecen en esta parte algunos de los personajes más extraordinarios de toda la historia de las cruzadas: el pío pero desventurado Luis VII de Francia; el ridículamente orgulloso maestre templario Gérard de Ridefort, que contribuyó a conducir a los ejércitos de Dios a una batalla apocalíptica en Hattin en 1187; Balduino IV, el rey leproso de Jerusalén, y el sultán musulmán más famoso de todos los tiempos, Saladino, quien asumió como misión particular borrar a los cruzados del mapa y supervisó personalmente la ejecución de cientos de caballeros templarios en un solo día”.

La tercera parte se titula BANQUEROS, y en este capítulo se indica, pormenorizadamente, como los templarios financiaron, sensu stricto, las propias confrontaciones bélicas contra el Islam, adquiriendo o recibiendo un amplio número de propiedades y soldados para vencer a los sarracenos. En el año de 1190, tras su derrota aplastante frente al sultán de los kurdos, Saladino, el paradigmático monarca Ricardo I “Corazón de León” de Inglaterra los ayudaría a rebrotar. En esta parte de la narración literaria se indica claramente como los caballeros del temple asumieron muchas mayores responsabilidades en la defensa de la seguridad de los estados cruzados nacidos en el Oriente Medio y en Tierra Santa.

Lo cual los puso en contacto con alguno de los personajes más memorables del siglo XIII, entre ellos el rey santo francés Luis IX, con quien se llevaron célebremente bien, y Federico II Hohenstaufen, el grandilocuente y librepensador emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que reclamó el título de rey de Jerusalén e inmediatamente entró en guerra contra los hombres cuya misión era defender esa ciudad”.

El cuarto acercamiento se refiere a HEREJES, y analiza, de forma magistral cuales fueron las causas que, magnificadas y utilizadas por su gran número de enemigos, conllevaron la destrucción de los caballeros más poderosos de la historia medieval. Cuando la presión contra el Temple aumento hasta límites insospechados, se hicieron mucho más vulnerables. Todo estaba ya preparado para acabar, de forma abrupta y violenta, contra ellos; esto se va a producir en el año de 1307, cuando un monarca importante e inteligente, como es Felipe IV “el Hermoso” de Francia, y que está sufriendo un claro episodio maniaco-depresivo tras su inesperada viudedad, a lo que une su endeudamiento flagrante con el Temple, y haciendo caso a su retorcido ministro Guillermo Nogaret; decide acabar con la deuda y con sus prestamistas.

Con un papa en entredicho como Clemente IV, que en ocasiones intentó frenarlo pero que en otras fue su cómplice, Felipe IV y sus ministros convirtieron el saqueo de las propiedades de los templarios en una guerra sin cuartel contra la orden en todo el mundo cristiano y, para ello, emplearon métodos que ya se habían usado contra otros objetivos vulnerables, entre ellos la población judía de Francia”. Por todo lo que antecede, este libro es lo definitivo sobre los caballeros templarios, magisterio total en la narración dentro de un estuche literario de más de 500 páginas, donde se citan a distinguidos y brillantes historiadores especialistas en el Temple, como homenaje riguroso a ellos. Los templarios entraban en combate con su habitual bandera blanca y negra, su cabalgada se acompañaba con el canto de su habitual salmo versicular, y dando gloria a Dios Todopoderoso. Por cierto, los historiadores anglosajones se equivocan en el nombre del Ego Sum Qui Sum que no es JEHOVÁ, error total, sino YAHVÉH.

«LA HISTORIA DEFINITIVA DE LA ORDEN DEL TEMPLE. Jerusalén, 1119. Tras la violencia de la Primera Cruzada, un pequeño grupo de caballeros en busca de redención decide fundar una nueva orden religiosa con el objetivo de proteger a los peregrinos cristianos en sus viajes a Tierra Santa. Desde este humilde origen, los templarios crecerían durante los siguientes dos siglos hasta convertirse en la orden religiosa más rica y poderosa de la cristiandad. Su espectacular final, cuando un rey envidioso los acusó de herejía, blasfemia y orgías, no hizo sino acrecentar su leyenda, que perdura hasta nuestros días. Dan Jones aborda la trepidante historia de la Orden del Temple, entrelazada con las cruzadas en Tierra Santa y en España, y crea con su elegante prosa un retrato fidedigno y vívido de los templarios, desde sus combates ataviados con sus icónicas túnicas blancas con una gran cruz roja, hasta la sofisticada red financiera que tejieron en toda Europa, donde gozaron de notables privilegios y del favor de reyes, nobles, papas y emperadores. Esta es una historia épica de guerra, religión, dinero y poder, cuyo sorprendente desenlace, el famoso viernes 13 de 1312, constituye uno de los momentos más fascinantes de la historia medieval». Todo finalizó en una hoguera para herejes, donde el Gran Maestre Jacques de Molay maldijo a sus enemigos. ¡Sobresaliente y necesaria obra! «Fremitu iudiciorum basilicae resonant. ET. Non videre, sed esse».

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