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LITERATURA > FIRMA INVITADA

PLAZA DE GUIPÚZCOA
Que te pego, Macron
Que te pego, Macron
Vivimos en la ignorancia. No sabemos nada del televoto eurovisivo, el embarazo de Tamara sigue siendo top secret y del apagón, al final dirá Red Eléctrica que ha sido un castigo bíblico, las 10 plagas de Egipto 2.0. Pero soy optimista y en medio de esta opacidad informativa vislumbro atisbos de luz.
Ábalos y Koldo
Ábalos y Koldo
Dice mi amiga Gloria que a los ricos les tiene que dar más pena morirse. No estoy segura. Es una reflexión interesante, pero llena de matices y aristas que podrían llevarnos a lugares insospechados. Por acotar el terreno, yo creo que no se trata de ser rico o pobre, sino de qué manera matas el tiempo hasta que te mueres.
Miguel de Cervantes Saavedra
Miguel de Cervantes Saavedra

(Una reflexión ética)

Unamuno publica la Vida de Don Quijote y Sancho en 1905 [1], “coincidiendo por acaso, que no de propósito, con la celebración del tercer centenario de haberse publicado por primera vez el Quijote. No fue, pues, una obra de centenario.” -según afirma el autor en el Prólogo a la segunda edición, en enero de 1913-.
Travesía atlántica de inmigrantes ilegales, imposible sin la colaboración de barcos-nodriza, de mafias de tráfico con seres humanos y de la ayuda delictiva de ONG y “oenegeros”
Travesía atlántica de inmigrantes ilegales, imposible sin la colaboración de barcos-nodriza, de mafias de tráfico con seres humanos y de la ayuda delictiva de ONG y “oenegeros”

Mi casa, donde comen 3 o algunos más

Sin falsas modestias, puedo afirmar y afirmo, como hubiera dicho Adolfo Suárez, que soy un “cordon-bleu” y un buen anfitrión. Aquellos que han disfrutado de mi hospitalidad y degustado mi cocina pueden avalarlo. Digo esto para traer a colación ese refrán tan español que reza así: “Donde comen 3 comen 4”. Según este aforismo, cuando hay comida para tres, por lo menos en mi casa, hay comida suficiente no para cuatro sino para algunas personas más. Ahora bien, digo y digo bien, para unas pocas personas más, no para un batallón.

Dulcinea de El Toboso
Dulcinea de El Toboso
Como todo caballero andante, Don Quijote debe estar enamorado de una hermosa mujer, que tiene siempre en el pensamiento cuando inicia cualquiera de sus aventuras (y a ella alude, por ejemplo, en estos términos: “¡Oh Dulcinea del Toboso, día de mi noche, gloria de mi pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura” (primera parte, capítulo XXV). Pero en verdad, la dama de sus sueños -Dulcinea del Toboso- no pasa de ser una sencilla campesina -Aldonza Lorenzo-, de la que Sancho Panza, desde su visión rústica de la realidad, elogia sus virtudes como mujer que pertenece a su misma condición social; una mujer que contrasta con la visión idealizada de Don Quijote. Merece la pena recordar este fragmento (primera parte, capítulo XXV), en el que Cervantes, echando mano de fina ironía, descubre quién es Dulcinea del Toboso: la hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales:
Niños palestinos tratan de hacerse con una ración de comida en un reparto de alimentos en Jan Yunis este viernes
Niños palestinos tratan de hacerse con una ración de comida en un reparto de alimentos en Jan Yunis este viernes (Foto: Abdel Kareem Hana - AP)
Hay veces que me canso de ser hombre...
George Steiner
George Steiner

Uno de estos pasados días, mientras sus compañeros cardenales –no sé si con una pizca de mala idea- elevaban a Prevost al trono de Pedro, un amigo que trabaja en un conocido programa de Televisión Española, me reveló en un mensaje privado de X que en todos los años que viene desarrollando su carrera profesional en el ente público (palabra, por cierto, esta de “ente”, que ya por sí misma nos transporta a una atmósfera distópica y orwelliana) jamás había visto algo parecido a lo que sucede estos días. Se refiere, por supuesto, a las ideas -fruto de una doble inspiración, proveniente de los espíritus amalgamados de Nerón y Berlanga- del nuevo director de la pública, en términos de programación. Y sobre todo, habla del maltrato brutal a algunos programas culturales de gran solera. Como comprenderán, no puedo revelar la identidad de ese amigo para no comprometerlo, pero quienes me siguen en X y sufren mi terne y contumaz cinefilia, sacarán seguramente las conclusiones adecuadas.

Doctor José María Manuel García-Osuna y Rodríguez
Doctor José María Manuel García-Osuna y Rodríguez (Foto: Verónica Manjón Cid)

Libro publicado en la editorial "El Lobo Sapiens/El Forastero". León. 2024

I.- ANÁLISIS PREVIO SOBRE HERNÁN CORTÉS.

Este es mi octavo libro de Historia que he publicado. Realizado por un interés primigenio por tres cuestiones. La primera por un interés obvio por el personaje, del que solo se conocen, por la mayoría de los hispanos, pinceladas y en ocasiones dirigidas no hacia el mejor de los fines. Cuanto más me fui aproximando a su idiosincrasia, mejor llegué a tener la convicción de que era un personaje sobresaliente, reconociendo que, como todos los seres humanos habidos y por haber, que presentaba sombras, pero he llegado a la convicción de que nunca deseo ser una persona en la que predominase lo críptico.

Pepe Mujika
Pepe Mujika
Nada hace pesar tanto el corazón como la muerte de un hombre justo. Ahora, cuando se trata de un exgobernante, se le suma el dolor y el desconsuelo.
Benito Pérez Galdós
Benito Pérez Galdós (Foto: Cuadro de Joaquín Sorolla)
Es necesario llegar a Benito Pérez Galdós (1842-1920) para que se restaure nuestra tradición novelística. Cuando Pérez Galdós publica su primera novela, La fontana de oro [1] -que parece preludiar los Episodios Nacionales-, no se habían escrito aún ni Pepita Jiménez [Juan Valera, 1874], ni Las ilusiones del doctor Faustino [Juan Valera, 1875], ni El escándalo [Pedro Antonio de Alarcón, 1875], ni Sotileza [José María Pereda, 1885], ni Peñas arribas [José María Pereda, 1885]”. Porque, en efecto, Pérez Galdós es nuestro mayor novelista después de Cervantes, y puede emparejarse con cualquiera de su siglo (Dickens, Balzac, Zola, Flaubert, Doistoievski o Tolstoi); y pocos novelistas europeos -más bien ninguno- pueden competir con él en capacidad creadora: así lo atestiguan los cerca de ocho mil personajes producto de su rica inventiva; unos personajes que sorprenden por su variedad y por su caracterización psicológica, que permite comprobar el interés que el autor siente por su condición humana.
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