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Edición testing
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Guada y Julieta
Crecieron las rencillas desde tiempos ancestrales. Son rivalidades que vienen de antaño y, aunque se quiera pasar sobre ellas como de refilón, acaban apareciendo las desavenencias, los odios, las críticas y, sobre todo, los intereses. Y, en medio de todo ello, el amor, la fragilidad de dos pechos que se han encontrado, aunque pertenezcan a familias enconadas.
| | Viejos tiempos (Foto: Lucía Romero) |
"Hay cosas que yo recuerdo que quizá nunca sucedieron, pero como las recuerdo, suceden”
El eco de las palabras queda suspendido en el aire, hasta que se rescata en forma de recuerdo y, entonces, esas palabras cambian, modifican la realidad, dejan de ser el reflejo de lo que ocurrió o, por el contrario, reflejan lo que no ocurrió nunca, pero así se sienten en forma de vivencia pasada.
Desahuciados
“Ganarás la luz”, decía León Felipe en uno de sus libros escritos a raíz del destierro, del exilio obligado por las circunstancias adversas de la derrota en la guerra civil española.
Mundo onírico mezclado con la realidad
Hemos venido aquí a conocer cuál es El cuarto de Atrás, de Carmen Martín Gaite. Para entender un mundo onírico mezclado con la realidad, los recuerdos con el presente, para conjurar la vida, porque, como bien dijo la propia autora en otra de sus obras, “Lo raro es vivir”.
A ti no te tiene porqué pasar
Un epitafio en forma de teatro. Cuando la matriarca de una familia fallece, todo lo que parecía atado y bien atado, lo que hacía que esa familia se congregase y mantuviera las formas de la concordia y la aparente unidad, de pronto, se desmorona, surgen las verdades ocultas, las rencillas calladas, las críticas que antes eran veladas.
El tiempo, como muy bien se nos recuerda al inicio, es ese motor que todo lo puede, e incluso perdona. El tiempo y su capacidad para redimir la locura y la venganza. El tiempo y su tránsito hacia el perdón, la rectificación o la dicha. Axiomas, todos ellos, que caracterizan esta adaptación de una de las obras tardías de Shakespeare, en las que abandona ese misterio que reinaba su producción teatral inicial.
Resplandor que no se detiene
Hay bellezas que no están, necesariamente, en el rostro. Están en la personalidad, en la música, en la voz, en la embriaguez de vivir, en la celebración del arte, en la pasión por la vida.
El amor y la búsqueda de la felicidad frente a la chanza, el embuste, o el engaño como patrimonio de esa vida que, al primero que se le precita encima, es al que la patrocina. Siempre se dice que la mentira tiene las patas muy cortas, y a eso es a lo que asistimos en esta magnífica reposición de La señorita de Trévelez de Carlos Arniches en versión de Ignacio García May y dirección de Juan Carlos Pérez de la Fuente.
| | Todas las casas (Foto: La Megías) |
Cuéntame un cuento
No puedo saber lo que ocurre al mismo tiempo que a mí me está sucediendo algo, pero sé que está pasando.
| | Ya no queda nada de todo esto |
Cada uno tenemos nuestra historia
Entro en el teatro y lo hago en mi barrio. No me siento raro en él. Sus palabras, sus personajes, sus situaciones, sus historias son mías, las hago mías, las entiendo, me siento partícipe de ellas.
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