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artículo de opinión

En la entrevista que el pasado siete de diciembre pudimos leer en el suplemento de libros de este diario, Los diablos azules, a la escritora Sara Mesa a propósito de la publicación de su última novela, "Cara de pan", interpreté que la autora rechazaba la pregunta que solían hacerle: “¿qué has querido decir con esta novela?”.

Desde la antigüedad un buen método de estudio ha aportado múltiples beneficios físicos y psicológicos a la sociedad, ya que es el área donde el estudiante obtiene la capacidad de procesar información y fomentar aspectos como la motivación, convivencia y el espíritu crítico. Por ello, para facilitar el desarrollo de nuevas habilidades es necesario que el contenido varíe constantemente y esté presentado en distintos formatos, ya sean científicos, tecnológicos e incluso mitológicos, donde el objetivo siempre sea el mismo, que el aprendiz se adueñe de nuevos conocimientos.

La aprobación, en el último Consejo de Ministros de 2018, del Real Decreto por el que se ponían en marcha actuaciones que desarrollan el Informe aprobado por el Congreso de los Diputados sobre el Estatuto del Artista y su ratificación por el Pleno el pasado 22 de enero han sido dos acontecimientos de primer orden. El Decreto supuso la concreción de parte de las 75 medidas planteadas en el documento que aprobó la Cámara en septiembre de 2018 y un primer paso para hacerlo realidad integra en un futuro próximo.

Ya lo decía Dwight D. Eisenhower, tras la liberación de Auschwitz «Graben todo. En algún momento algún bastardo se levantará y dirá que esto nunca sucedió». Vivimos unos tiempos convulsos. Hace ahora ya unos años en que Mariano Rajoy llegó a La Moncloa y parecía no querer abandonarla.

Seguimos debatiendo sobre cuál es la finalidad de la novela histórica. Unos dicen que el entretenimiento, otros que enseñar historia, algunos la encumbran enfrentándola a los ensayos históricos y los que menos la tildan de falsa por fusionar la realidad con la ficción. En esta discusión continuada en encuentros y jornadas literarias pocos escritores plantean una finalidad que a mí me interesa muy por encima de las anteriores: la de la reflexión y la denuncia.

«De niño soñaba con buscar ciudades perdidas… jamás pensé que pudiera verlas…» (Juan Jesús Vallejo) «Allí las piedras son gigantescas, algunas de ellas de más de ciento cincuenta toneladas”» (Juan Jesús Vallejo)

Entrar en las páginas de «Expedición a los Mundos Perdidos» (Editorial Odeón) es estar ante esos documentales en que el narrador tan sólo hace de hilo conductor de las distintas aventuras que ha realizado a lo largo de los años. Juan Jesús Vallejo (Granada, 1970) es una de esas personas que coloquialmente y de una forma cariñosa denominamos, «un culo inquieto» Ha trabajado en todos los medios de comunicación, desde Antena 3, hasta TVE y Cuatro. Entre sus obras anteriores podemos destacar, “Operación Al Andalus” (Corona Borealis, 2001), “Los Secretos del Antiguo Egipto” (Nowtilus, 2002), “Una Noche de Estrellas” (Espejo de Tinta, 2003) Amén de otros trabajos y un gran número de documentales… Y con una ilusión que le hace tener un despacho lleno de documentación, y de carpetas viejas arrinconadas y cuidadas por el paso del tiempo, y libros que han sido leídos en repetidas ocasiones; y que son los testigos de sus viajes a lo largo de los cinco continentes.

«Todo lo que no se da, se pierde» (Proverbio indio)

«Según un reciente estudio de Naciones Unidas más de 150 millones de niños con menos de 14 años en La India trabajan en distintas industrias muchas de ellas localizadas en Bombay. Con unas garantías inferiores a la veinte rupias por día los trabajos forzados están acompañados de malos tratos y de abusos de todo tipo» (Jaume Sanllorente)

Al hablar de la cábala nos encontramos con una tradición mística del pueblo judío llegando hasta nuestros días después de atravesar muchos niveles de revelación, incluso anteriores al tiempo de la entrega de la Torá. Hablamos de una de las principales corrientes de la mística judía. Y designa en su sentido más genérico al misticismo judío en todas sus variantes.

«Este camino es afilado como una navaja, intransitable, y es difícil viajar por él; esto declaran los sabios» (III-14)

«Aquel que no se ha apartado de la mala conducta, cuyos sentimientos no están controlados, que no está tranquilo y cuya mente no está en calma, nunca puede alcanzar el Atman, ni siquiera con el conocimiento» (II-24)

(Katha Upanisad)

Traducción: Eduardo Zeind Palafox

Desde muy temprana edad, tal vez desde los cinco o seis años, supe que creciendo debía ser escritor. Entre los diecisiete y veinticuatro años de edad procuré abandonar tal idea, e hícelo consciente de que zahería mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano tendría que asentarme y redactar libros.

Siendo muy joven comenzó a sentir la necesidad de viajar para conocer nuevas culturas y pueblos diferentes al nuestro. En su imaginación nuestro autor Francesc Bailón Trueba (Barcelona- 1968) no paraba de soñar y de imaginarse rodeado de unos hombres y mujeres totalmente desconocidos.

Traducción: Eduardo Zeind Palafox

La pretérita semana anoté que arte y propaganda nunca se separan totalmente, y que lo que se supone es puramente estético juicio es siempre corrompido por amplios afanes morales o políticos o religiosos. Y añadí que en conflictivos tiempos, tales como los recién idos diez años, en que la persona pensante no podía ignorar los sucesos que lo circundaban ni soslayar partidismos, esos sustanciales afanes fueron empujados hasta la superficie de la conciencia. El criticismo deviene más y más cínicamente partidista, e incluso la pretensión de imparcialidad se dificulta. Mas no se puede inferir de ello que no hay tal cosa como el juicio estético, que toda obra de artista es ramplonería, sólo panfleto político que puede juzgarse como tal. Si así razonamos movemos nuestra mente hasta calleja sin salida, en la que ingentes y obvios acontecimientos devienen inexplicables. Para ilustrarlo examinaré gran pieza de moral, de criticismo no estético -criticismo antiestético, dígase-, que es de lo más egregio que se ha escrito: el ensayo de Tolstoi acerca de Shakespeare.

Lo maravilloso en nuestra tradición literaria comienza con una Noche de Reyes que tiene mucho en común con la colección de cuentos más celebrada de todos los tiempos: Las mil y una noches. Evocamos a Shahrazad, la ingeniosa muchacha que consiguió esquivar la muerte narrando cada noche un relato maravilloso ante un califa insomne, y con cada una de sus historias nos preguntamos si la literatura puede desafiar a la vida. Como en el desafío del genio ante Aladino, dentro de este libro de libros arde una lámpara incandescente que ilumina más de dos mil años de historia. De hecho, en las tablillas de la biblioteca de Asurbanipal ya existía una que contiene el embrión de las Mil noches. De siglo en siglo, de Persia a la India, del sánscrito al chino, hasta el árabe de los abasíes y los omeyas, este libro-sueño, obra abierta por excelencia, ha venido creciendo a partir de su leyenda sin que se sepa a ciencia cierta cuál fue su comienzo ni dónde paró su final. Un enigma más, entre las muchas paradojas que envuelven su misterio y su sentido.

¿Qué es un aforismo sino pensar bellamente y de forma concisa, añadiendo fulguración a la ideación? Se trata de decir mucho con poco, valiéndose de la capacidad sugeridora de la poesía y de la capacidad analítica de la filosofía. Esta mixtura planta cara a los estándares preestablecidos porque rompe los rígidos encuadramientos de los géneros y encuentra ubicación en lo fronterizo. Ese lugar de contacto donde el intercambio genera riqueza de sentidos.

A veces la combinación de leyes, normas y rutinas formales nos obligan a pensar si no estaremos viviendo en un país de imbéciles, sordos, ciegos e increíblemente mal intencionados. La Ley del 2012 (Real Decreto Ley 5/2013), fue abrumadora al cruzar los datos de Hacienda con los de la Seguridad Social, obligando a la pobreza a todos los creadores, casi de cualquier actividad, en los últimos años de sus vidas.