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artículo literario

Cuando le concedieron la Medalla Fields, el Nobel de los Matemáticos, su única credencial era un pasaporte Nansen. Dos años después lideraba a los “enragés” del Mayo del ’68. Luego vinieron sus ensayos místicos, la ruptura con todo, el retiro a un paraje perdido del Pirineo francés donde vivió en soledad total durante 23 años. Para entonces Alexandre Grothendieck ya era considerado el último genio de nuestro siglo pasado. Una mente maravillosa comprable a la de John Nash, un soñador de espacios infinitesimales en los que Euclides se hubiera perdido. A su muerte, en 2014, dejaba cuarenta cajas repletas de manuscritos inextricables donde podría cifrarse la ecuación del fin del mundo.

El presente libro, mi cuarta publicación literaria histórica y biográfica, EL REY ALFONSO VII EL EMPERADOR DE LEÓN” (Editorial Cultural Norte de León. 2018), nos retrotrae a un drama en la Alta Edad Media, que consiste en el momento en que el Reino de León va a perder la dirección de la Reconquista en Hispania o las Españas (España y Portugal) frente al Reino de Castilla, que secularmente fue un condado y reino dependientes siempre del Reino de León o Regnum Imperium Legionensis, aunque no desaparecerá, sino que ambos irán de consuno sin diluirse uno en el otro. Pero, cronistas como Santo Martino o Lucas de Tui no lo aceptarán nunca.

Dejamos a un lado la lectura de «Jung y la creación de la psicología moderna» de Sonu Shamdasani o la reelectura de textos como el mágico «Laberinto del Amor» del Humano y Sabio profesor Óscar Pujol o el trabajo del estudioso Fernando Mora con su magistral «Ibn Arabi. Vida y enseñanzas del gran místico andalusi para sumergirnos en la labor de un editor.

Cuando nos vemos frente a un ser humano que nos impresiona por ser realmente alguien superior ¿no nos conmoveremos, en lugar de asustarnos, por el conocimiento de que ha conseguido su grandeza solo a partir de sus flaquezas?

(Lou Andreas- Salome, bíografa de Freud)

¿Dejamos a un lado a nuestros intelectuales? Esta pregunta con cierta tristeza nos la hizo hace ya algunos días un buen amigo y al ver la nueva obra publicada por Destino "Historia Mundial de España" nos viene de nuevo ese mismo comentario a la cabeza. ¿Será cierto?

«Lejos de cualquier cosa que pudiera resultarle familiar,

Incapaz de hallar ni siquiera un solo punto de referencia,

Descubrió que sus pasos, al no llevarlo a ninguna parte,

Lo conducían al interior de sí mismo»,

(Paul Auster- La invención de la soledad)

No ha muchas semanas que, viendo yo un partido de fútbol en la televisión, oí cómo el comentarista calificó de “inaudito” un gol de libre-directo ejecutado por un exquisito jugador argentino. El tal había lanzado maliciosamente el balón por debajo de la barrera y ajustado a la base del poste: no por arriba y al ángulo superior, como en él es habitual. Así que cuando oí “inaudito en él” pensé que el comentarista quiso decir “inédito en él”, y lo justifiqué diciéndome que a un exfutbolista no podía exigírsele el habla de un académico. Además, los hablantes de una lengua solemos hacer diabluras con ella, y en ocasiones el uso común sale vencedor frente a la etimología (para desesperación de los puristas).

En Madrid todavía rige aquella sentencia de D’Ors de “a las siete de la tarde o das una conferencia o te la dan”. Y si se anda con tino en la selección, cualquiera, en cuatro o cinco años, conferencia a conferencia y exposición a exposición, completa un bachiller de lo más presentable.

Buena parte de los escritos propagandistas son simple falsificación. Los hechos son suprimidos, las fechas alteradas y las citas sacadas de contexto y manipuladas para cambiar su significado.

(George Orwell)

Contemplando la panoplia de las bellísimas y prósperas ciudades actuales de Méjico, como Veracruz, Méjico D.F., Guanajuato, Guadalajara, Medellín o Zacatecas, recordando las Leyes Nuevas promulgadas por el emperador Carlos, las universidades y centros asistenciales creados por el Virreinato, el cese de una religión sangrienta y prehistórica y la obligada filosofía que debía acompañar a los conquistadores y frailes en la conquista de Nuevo Mundo, resulta incomprensible la petición del perdón solicitada por el presidente López Obrador, que demuestra una ignorancia supina de la historia de su país y una malevolencia política muy considerable.