PLAZA DE GUIPÚZCOA
Cada vez nos lo montamos peor. La polarización política nos ha deshumanizado. Hasta hace poco, cuando celebrábamos homenajes y efemérides de hechos extraordinarios, los Medios, eran igual de predecibles y tendenciosos, pero ponían más corazoncito. ¿Dónde estabas tú cuando derribaron las Torres Gemelas? Te preguntaban como si les importara.
Su cuerpo se fue apagando poco a poco desde su llegada a la ciudad de Roma. Unos días antes de su muerte, el malogrado poeta británico le transmitió a Joseph Severn, su fiel amigo y cuidador hasta el final, el famoso epitafio que está grabado en la lápida junto a una lira a la que le faltan la mitad de sus cuerdas como símbolo de su aciago destino.
Hace un tiempo escribí una crítica literaria sobre la novela de Emily Brontë, Cumbres Borrascosas, sin haber visto su adaptación cinematográfica. Hoy, después de salir del cine, puedo reafirmarme en una idea que rara vez falla: los libros casi siempre son mejores.
Tenía en la cabeza que a Pinocho le crecía la nariz. Y nada más. Pero le ocurren muchas más cosas. Lo ayuda un hada, que al principio es como su hermana y después es como su madre. Lo avisa un grillo. Lo come un tiburón y lo va a buscar allí dentro su padre con una linterna. Lo informa un caracol. Salva a su padre Gepetto. Se transforma en asno junto con su amigo el macarra. Le roban su dinero un gato y una ardilla.
PLAZA DE GUIPÚZCOA
Los jóvenes de la generación Y o Z no tienen ni idea de lo que significa el título de esta columna. Y los Alfa Centauro de 16 tacos ni te cuento. Les sonará a un rap de C. Tangana o Bad Bunny. Los chicos de ahora cambian la religión por los valores cívicos. Prefieren un tipo fashion de espiritualidad pop como el nuevo álbum de Rosalía.
Solo en el Quijote, hay 1.274 referencias al mundo clásico (531 en la Primera Parte y 743 en la Segunda). Virgilio es citado 94 veces, Ovidio 58, Homero 47, Aristóteles 46, Horacio 45, Platón 32, etc.
En el debate por Groenlandia, un eurodiputado danés ha mandado a Trump a la mierda. “Señor presidente, váyase a la mierda”, ha dicho en inglés, rotundo y enfático. Para qué andarse con eufemismos y chorradas.
FIRMA INVITADA
Por Eva Losada Casanova
Cuando hablo de la intencionalidad de la escritura, mi memoria regresa una y otra vez, como niño hambriento, a uno de los grandes personajes del escritor madrileño Luis Landero. Recuerdo como, a lo largo de la lectura de El guitarrista, este personaje se pasea por los rincones de su vida exclamando a los cuatro vientos que está escribiendo una novela, lo hace con una mezcla de altanería y desasosiego. ¡La novela del eterno novelista! Aquella que no solo nunca se acaba sino que comienza cien veces, quizá mil. La edad temprana es ese campo de cultivo en el que la romántica idea de ser escritores va y viene como una cometa. Colorida y libre. Queda muy bien hacer volar nuestra cometa mientras compartimos unas tapas en un bar o bajo un hipnótico y peligroso cielo estrellado. El problema es que llega un momento en el que ese trozo de tela se hace pequeño en un cielo limpio y azul o bien cae en picado y descompuesto a nuestros pies.
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Éramos noveles actores, refugiados políticos en Francia, almas heridas por la dictadura de Pinochet. Nuestras voces eran subversivas: voces de regreso a la vida, voces de renacimiento, voces arrojadas al mundo para gritar el dolor.
La primera de mis novelas que una editorial publicó, en 2014, fue La marca de la luna. Después vinieron cuatro más. Todas ellas en sellos importantes. La última, El Paseo de los Canadienses, llegó a las librerías justo antes de la pandemia.
Llegó la era de los lentes metiches — METAches — y nadie dijo nada.
Son elegantes. Son caros. Son poder.
El diccionario tembló, el intelectual burgués rasgó vestiduras, mis huesos se sacudieron, mis nietas, las nietas que estaban viendo el espectáculo en el medio tiempo del Super tazón, rieron, cantaron, existieron.
Esto de vivir en Ávila y escribirle a todo lo que me resulta mágico, maravilloso, me ha despertado reivindicaciones innatas.
El enclave arqueológico Mezquitas funerarias de Málaga situado en la calle Agua nº 22, conserva dos mezquitas funerarias y un mausoleo del periodo almohade, cuya construcción se produjo de forma sucesiva entre los siglos XII y XIII aunque el uso del espacio perduró en época nazarí. Estas estructuras formaban parte de la necrópolis de Yabal Faruh, uno de los cementerios de la Málaga islámica, que estuvo en uso desde el siglo X hasta la conquista de los Reyes Católicos. Durante esos casi 500 años de uso fue creciendo en extensión y densidad de enterramientos, alcanzando en su época de máxima expansión, una superficie que se desarrollaba desde las inmediaciones de la Puerta de Granada hasta calle Agua y desde la ladera de Gibralfaro hasta El Ejido.
Publicamos una nueva columna poética de Gustavo Gac-Artigas.
FIRMA INVITADA
Por Margarita Melgar, autora de "El verano de nunca acabar"
A la gente le extraña muchísimo que Margarita Melgar seamos dos (Ana Sanz-Magallón y Montse Ganges), y que escribamos novelas. También escribimos guiones, pero esto no sorprende tanto: como espectadores ya sabemos que las películas son cosa de muchos. Pero como lectores, seguimos esperando que el autor sea esa Sherezade que se sienta a nuestro lado para susurrarnos solo a nosotros una historia, así que una novela escrita a cuatro manos suscita más preguntas. Por lo menos dos: cómo y por qué.
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