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Mario Villén Lucena
Mario Villén Lucena (Foto: cedida por el autor)

Mario Villén Lucena: "Hay que meterse en el papel de cada personaje cuando escribes sobre él"

Entrevista con el autor de "Nazarí"
miércoles 25 de noviembre de 2020, 14:00h
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Granadino de nacimiento y de corazón, el sociólogo, politólogo y autor Mario Villén Lucena prosigue con el éxito reciente de “Nazarí” (EDHASA, 2020) la serie de novelas históricas de corte épico dedicadas a la Historia medieval de España, y especialmente las tierras andaluzas que tan bien conoce, y que ya había comenzado con las novelas “El escudo de Granada”, sobre la epopeya de la defensa del castillo de Moclín, que se ganó a pulso ese apodo por su resistencia desesperada ante una fuerza enemiga aplastante, y “40 días de fuego”, que narra la violenta conquista, el saqueo y la destrucción de Sevilla en el siglo IX por hordas vikingas a las que nadie podía resistir, salvo las huestes de Abd al-Rahman II.

Nazarí
Nazarí

Con “Nazarí”, el autor pinopontino, ganador de varios galardones literarios, entre ellos el VII Premio de Literatura Infantil y Juvenil Ciudad de Andújar, traza un fresco histórico tan complejo como apasionante de la primera mitad del siglo XIII: cincuenta años decisivos durante la Reconquista, en los que se entrecruzan las culturas cristiana, árabe y judía, forzadas a convivir, luchar, pactar o someterse entre ellas, y los destinos de cientos de personajes ficticios e históricos (como la reina Berenguela o Fernando III El Santo), centrado sobre todo en la figura legendaria de Ibn Al-Ahmar, emir de Granada y fundador de la célebre dinastía que lleva su nombre.

Con esta entrevista, Mario Villén Lucena revela a los lectores de Todoliteratura sus fuentes de inspiración, comparte algunos de sus secretos para elegir y tratar temas y personajes históricos tan ambiciosos, y reflexiona sobre aspectos poco conocidos de nuestra Historia, tendiendo un puente ameno y muy bien documentado entre aquel siglo remoto y el siglo XXI, que convierte “Nazarí” en una novela de divulgación para todos los públicos que también merecería formar parte de las lecturas recomendadas en la escuela secundaria.

Se han escrito muchas novelas sobre la Reconquista desde el punto de vista musulmán, sobre todo de Almanzor o Boabdil, pero hasta ahora no había novelas dedicadas a Muhammad Al-Ahmar, primer emir nazarí y fundador de la dinastía Nasr que lleva su nombre: ¿por qué lo elegiste, cuando se sabe tan poco sobre él? ¿Cuál fue el detonante: el personaje, esa época concreta, alguna batalla o un lugar o vivencia tuya concretos?

Tal vez precisamente por eso, porque se sabe muy poco de él. A este personaje me lo encontré documentando para mi primera novela y, desde entonces, la idea de escribir sobre él me rondó. Personajes como Ibn al-Ahmar hay muy pocos en la historia. Su historia es una historia de triunfo sin excepción, desde el principio hasta el final. Recogió los restos de al-Andalus que dejaron los almohades y con ellos fundó un emirato y una dinastía fuertes que pervivieron durante más de dos siglos y medio. Además, fue el primer constructor de la Alhambra. Creo que bien merecía ser conocido a través de una novela.

“Nazarí” entreteje decenas de historias de esclavos y regentes, guerreros y místicos, reinas y emires, cristianos, musulmanes y judíos que se encuentran, luchan, huyen, se someten o mueren matando, se enamoran o se aborrecen a muerte, se perdonan o se vengan, y en algunos casos hay personajes que llegan a atravesar casi todas esas etapas: ¿cómo mantienes la ecuanimidad sin juzgar ni tomar partido, y cómo consigues el equilibrio entre todas esas historias individuales y el panorama tan amplio y complejo de la época?

La novela está construida a dos bandas, aunque prevalece la andalusí. A su vez, dentro de cada una, hay diferentes escenarios. Para conseguir ser ecuánime, considero que hay que hacer un esfuerzo de empatía. Como hacen los actores, hay que meterse en el papel de cada personaje cuando escribes sobre él. Si lo logras, evitas interferencias y, sobre todo, prejuicios o estereotipos que pueden contaminar la imagen que estás creando.

Cada bando actúa según sus propias motivaciones. Que en ocasiones éstas choquen con otras contrarias no significa necesariamente que uno de los dos sea mejor que el otro. Eso precisamente es lo que intento respetar en todo momento: describir hechos o acciones sin entrar en valoraciones y huyendo del maniqueísmo.

“Nazarí” abarca medio siglo de historia, tres civilizaciones, docenas de protagonistas y cientos de personajes secundarios: ¿cómo te planteaste la novela, investigando a fondo primero y trazando un guion detallado (y cuánto tiempo has necesitado para ello), o te lanzaste a escribir y fuiste añadiendo datos conformes ibas avanzando en la trama?

La historia es demasiado compleja como para embarcarse en ella sin un guion. Documenté en profundidad y creé un armazón sobre el que avanzar. Eso sí, ese esqueleto no estaba tan detallado como para no dejar margen a la improvisación, que considero fundamental en el proceso de escribir. De esta manera, intenté equilibrar la historia conocida, que mantuve intacta en el guion, con abundantes ficciones que fui intercalando en ella conforme la narración lo requería.

La novela muestra personajes, tradiciones, creencias y mentalidades tan dispares entre sí que son prácticamente irreconciliables, pero consigues que simpaticemos incluso con los más brutales o herméticos, y haces que interactúen entre ellos de manera verosímil y natural: como persona del siglo XXI y autor de novela histórica, ¿qué aspecto te resultó más difícil de comprender y de reflejar?

Me alegra mucho que valores este aspecto. Aquí tuvo mucho que ver mi formación como sociólogo. Mi carrera me dio las herramientas necesarias para profundizar en las personalidades teniendo en cuenta su origen social, los valores compartidos, el entorno… Una vez que tienes todos esos datos, toca de nuevo hablar de empatía. Hay que “actuar”, meterse en el pellejo del personaje y dejar que interactúe tal como crees que lo haría en su contexto histórico y social. En el fondo, es como si escribiera en primera persona, desde el punto de vista profundo de cada personaje, aunque sus diálogos y acciones los describa una tercera persona. Personalmente, no me gustan los personajes estereotipados, los malos que rezuman maldad en cada acto que acometen, ni los buenos virtuosos que no cometen errores ni sufren descensos a los infiernos. La realidad es una escala de grises, siempre.

¿Te propusiste transmitir un mensaje o una idea concretos cuando decidiste escribir “Nazarí”, o te sedujo el personaje y te planteaste la novela como homenaje a Al-Ahmar?

Ambas cosas. Lo primero fue el personaje y su historia, que me atrajeron desde el primer instante. Pero luego, como creo que les ocurre a todos los escritores, en la novela inserté esas ideas y mensajes que refieres. A nivel histórico, la idea que quería transmitir es que la historia de al-Andalus no es unitaria. Se atravesaron diferentes fases. Las invasiones africanas de los almorávides y almohades supusieron un radicalismo islámico sin precedentes en la península. El gobierno andalusí de Ibn al-Ahmar supuso una vuelta a la tradicional moderación y un período, con sus altibajos, de buena relación con Castilla.

Los colores parecen tener un papel simbólico importante y recurrente en la novela, sobre todo el rojo, el amarillo y el gris (del metal y de la tierra): ¿fue algo deliberado o surgió espontáneamente a partir, por ejemplo, del apodo “El Rojo” que lleva el protagonista y varios miembros de su familia?

Surgió de forma espontánea, pero atendiendo a una realidad. El rojo fue el color de la dinastía nazarí, llegando incluso a utilizarse papel bermejo para los documentos oficiales de la cancillería alhambreña. La fijación de los nazaríes por el rojo proviene de ese apodo, como bien dices. La casualidad quiso que Ibn al-Ahmar se topara en Granada con las ruinas de una vieja fortaleza que se conocía como “al-hamra”, la roja, y decidió construir sobre ellas la sede de su poder en todo al-Andalus.

"La relación del ser humano con la naturaleza es muy diferente hoy en día a como fue hace siglos"

La naturaleza es otro personaje importante, uno que no perdona y hace sufrir y madurar a musulmanes y cristianos con sus inclemencias, sequías, tormentas y extremos de temperatura: ¿es algo que también te propusiste destacar, o se deslizó en la novela de manera espontánea?

La relación del ser humano con la naturaleza es muy diferente hoy en día a como fue hace siglos. El frío y la lluvia, sin duda, eran peor afrontados antaño. Ni las viviendas ni los caminos estaban tan preparados como hoy para resistirlos. Si quieres dotar de realismo a una novela histórica, debes tener esta circunstancia en cuenta. Hay documentación que lo menciona, como aquélla que se refiere a las pertinaces lluvias que dificultaron el camino de Fernando III desde el norte hasta Córdoba para contribuir a su asedio. De hecho, en ese viaje Fernando contrajo la enfermedad que lo acabó matando años más tarde.

Por otro lado, leí algunos estudios que refieren un cambio climático en esta etapa medieval que influyó en los modos de vida de la época. También quise reflejarlo.

Nazarí” tiene tantos personajes inolvidables que es difícil elegir a uno por encima de los demás, también entre las mujeres. Si tuvieras que elegir a un personaje, un bando, un lugar de la novela para volver a nacer en ese pasado, ¿cuál sería, y por qué?

Los personajes que más me llaman la atención son el propio Ibn al-Ahmar y María, pero no los elegiría por razones obvias. Demasiado tormento… Tal vez me pondría en el pellejo de Ismail, el hermano del protagonista. Su vida es bastante más tranquila, a la sombra de su hermano, y acaba sus días en la costa como gobernador de Málaga. Un destino muy parecido al que miles de europeos han elegido en nuestros días, jajaja.

Después de que el protagonista, un cabecilla musulmán que es ante todo guerrero del Islam, curtido por la guerra, la miseria, la pérdida de su tierra, heridas, derrotas, la muerte atroz de muchos seres queridos y la traición de aquellos en quienes más confiaba, ¿por qué decidiste que actuara con una magnanimidad y una compasión que seguramente habrá sorprendido a más de un lector, en contraste con la dureza despiadada que muestra antes, y comparándolo con los actos que cometen hoy día algunos que se definen ante todo como guerreros del Islam? ¿Es una aportación tuya personal e involuntaria al personaje, o una concesión a la sensibilidad y los valores del lector actual, o bien una forma de salir del paso de una situación peliaguda sin que el protagonista se convierta en odioso?

Cualquier idea, incluso el mensaje paz y amor de Jesucristo, se puede tergiversar y utilizar para cometer atrocidades como la tortura, la quema de personas o la invasión de reinos. La locura no es una cuestión de religión, es algo inherente al ser humano, que utiliza las ideas para darle rienda suelta. En todas las religiones ha habido y habrá locos de este tipo. Como comentas, en el Islam actual hay algunos de éstos. También los hubo en la edad media. Los almohades, por ejemplo, representaban al sector más extremista y despiadado de la época. Los andalusíes los odiaban, no se identificaban con su forma de entender el Islam y los acabaron expulsando de sus tierras.

Ibn al-Ahmar representa una forma del Islam puramente andalusí, mucho más moderada. En al-Andalus se consumía vino, por ejemplo, y hubo períodos, como el omeya, en el que los poemas cortesanos ensalzaban las relaciones homosexuales. Impensable en otros ámbitos islámicos. El protagonista está marcando por este carácter flexible, por esta falta de rigorismo. Como líder ambicioso, muestro su faceta decidida, valiente, impulsiva. Como musulmán andalusí, ofrezco el contrapunto de laxitud. No podemos olvidar que las propias crónicas musulmanas nos afirman que este emir apenas sabía leer, lo que imposibilitaría la lectura del Corán, algo difícil de encontrar entre otros musulmanes.

De esta manera, a través de esas dos facetas, concilio esos aspectos contradictorios que sabiamente has destacado en tu pregunta.

El gran error que cometemos es no asumir nuestro pasado musulmán como algo propio

¿Crees que la literatura hispana actual trata con ecuanimidad la época de la Reconquista, y qué elementos o enfoque echas en falta?

Los autores, sobre todo por encima de Despeñaperros, suelen tomar el punto de vista cristiano. Hay excepciones, por supuesto, en el norte y en el sur. Los cristianos fueron los vencedores del proceso histórico que conocemos como Reconquista, pero no significa que la historia de los perdedores, la de al-Andalus, no sea nuestra. Sería como afirmar que la historia del bando republicano de nuestra guerra civil no es nuestra precisamente por eso, porque perdieron la guerra. A nadie se le ocurre pensarlo. Bueno, tal vez a alguien sí.

El gran error que cometemos, a mi entender, es no asumir nuestro pasado musulmán como algo propio. La población andalusí, mayoritariamente, era autóctona conversa al Islam. Los contingentes árabes y bereberes siempre fueron una minoría en al-Andalus. Un andalusí, físicamente, no se diferenciaba de un leonés. Después, cuando terminó el proceso de conquista, muchos se quedaron en la península y quedaron integrados en las poblaciones cristianas.

Es curioso, pero este error está muy extendido y afecta incluso a ciertos investigadores. Hace unos años se llevó a cabo un estudio genético para rastrear las huellas de al-Andalus, detectando el porcentaje de sangre árabe o africana. El rastro de al-Andalus, por lo que acabo de explicar, hay que buscarlo en nuestra gastronomía, en nuestro vocabulario, en nuestra forma de comportarnos y en todo ese bagaje cultural que pervive en nuestros días, más que en la genética.

En definitiva, hay que afirmar rotundamente que la historia de al-Andalus es nuestra historia.

Nazarí” es mucho más extensa, compleja y exigente con el lector que tus novelas anteriores: ¿te lo habías propuesto así, como un reto especial, o se convirtió en tu obra más ambiciosa hasta la fecha según ibas avanzando con su escritura?

Estoy de acuerdo, es bastante más compleja y madura. Pero así debe ser. En cada nuevo proyecto que afronto asumo la meta de mejorar. Cada nueva novela debe aspirar a ser mejor que las anteriores. En un prólogo leí a Muñoz Molina afirmar que para un escritor su mejor novela no es la que acaba de terminar, sino la que está por escribir. Siempre miramos hacia adelante, buscando esa evolución necesaria.

La historia del protagonista, de su lucha y de un período concreto se abre y se cierra limpiamente en tu novela, sin dejar flecos sueltos, pero abre muchas vías nuevas para retomar la historia de esa dinastía y de Granada en el futuro. ¿Tendrá una continuación, o si la hay la centrarás en una época y un protagonista posteriores?

Me planteé seriamente continuar. En un principio, la historia estaba planificada como una trilogía, pero finalmente, aconsejado por la editorial, construí un único libro que tuviera un buen final. No me arrepiento, estoy satisfecho con el resultado, pero también es verdad que queda mucha historia por contar sobre Ibn al-Ahmar, y no descarto hacerlo en un futuro.

Describes Andalucía, y la zona de Granada en particular, casi como un enamorado hablaría del objeto de su pasión: ¿qué representa Granada para ti, qué lugar ocupa en tu vida como persona y recreador literario de la Historia?

Granada es mi tierra, la de mi familia. Me he criado jugando sobre las ruinas de un castillo nazarí de la antigua frontera del emirato. He pateado mil veces el Albaicín, Bib-Rambla, la Alhambra y el Realejo. Granada tiene un carácter especial que enamora al instante. Como digo en la novela: son cuatro ciudades en una, y cada una tiene su carácter propio, su personalidad. Sin embargo, no son estancas, se relacionan y se funden armónicamente en los espacios públicos. Esa interacción entre espacios y culturas tan diferentes sólo la he visto en Granada. Cómo no vivir enamorado de ella…

A la hora de plantearte “Nazarí”, ¿qué fue primero? ¿El protagonista del que “irradia” toda la trama y que se “envuelve” con los demás personajes y acontecimientos, o fue la época y sus características lo que condicionó todo lo demás, incluidos los personajes?

Lo primero fue el personaje, que me abrazó y me suplicó que escribiera su historia nada más encontrármelo. Pero él me llevó de la mano a su época, y me hizo enamorarme de ella…

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Mario Villén Lucena
Mario Villén Lucena (Foto: cedida por el autor)
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