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LITERATURA > FIRMA INVITADA

Maudy Ventosa y Javier Velasco Oliaga
Maudy Ventosa y Javier Velasco Oliaga

Corría el año 1918, cuando el 19 de noviembre, en el corazón de Madrid, en pleno barrio de Chamberí, venía al mundo la benjamina de una larga familia de periodistas que sería bautizada como Encarnación Margarita Isabel Verdugo Díez. El malagueño Alfredo Verdugo Landi, linotipista y cajista de imprenta en el diario “El Sol”, y su esposa, Leonor Díez Gállego, no podían imaginar que aquella pequeña acabaría convirtiéndose en la primera mujer -y la mejor- reportera de sucesos del siglo XX en España. Llegaría, incluso, a ser tan famosa como su abuelo Joaquín Verdugo Landi, que escribía crónicas taurinas en verso en la prensa malagueña, o su tío Francisco, ambos periodistas de Prensa Española y del ABC.

Hombre de mediana edad en banco de plaza vacía, observando el horizonte al atardecer entre murallas antiguas.
Hombre de mediana edad en banco de plaza vacía, observando el horizonte al atardecer entre murallas antiguas. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI)
Vivir una soledad no deseada en una ciudad muda, es como tener un aguacero inmediato y no tener el paraguas chino que aunque se vuelque hacia arriba con el viento inesperado, al menos protege hasta el primer soportal. En cuaquier papelera caerá retorcido como los sueños enjaulados del trotamundos que llevamos dentro. Una vez un cantero abulense, de esos de voz también canteada por los años, me dijo que las piedras hablan y que la lluvia las termina de acomodar, de biselar. Tambien estan solas a merced del tiempo devorador de su brillo, en la soledad de sus gárgolas, que te protegen, pero también te aísla entre el silencio de los arcos, testigos inmortales y callados de tu paso.
Cuarta pared
Cuarta pared

«Cuarta pared» es un concepto nacido en el teatro del siglo XIX —esa pared invisible que separa el escenario de la platea— y trasladado después al cine, la televisión y el cómic. Aplicarlo a una novela de 1605-1615 es, en rigor, un anacronismo cómodo.

Artesano trabaja en cerámica en su taller, rodeado de herramientas y piezas húmedas, bajo luz de tarde.
Artesano trabaja en cerámica en su taller, rodeado de herramientas y piezas húmedas, bajo luz de tarde. (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI)

Las manos del artesano, endurecidas por el tiempo y la fricción, moldean la materia. Madera, metal, arcilla; sustancias inertes que, bajo su toque, adquieren forma. Un proceso repetitivo, casi mecánico, que se repite a través de los días, los años. Crea belleza, dicen algunos. Funcionalidad, añaden otros. Pero la belleza es una ilusión efímera, una construcción mental que se desvanece con la comprensión de la insignificancia. La funcionalidad, un breve aplazamiento de la inevitable decadencia. Sus herramientas, extensión de su cuerpo, reflejan su propia inexorable descomposición. El filo se embota, el mango se agrieta. Igual que él. El cuerpo, una máquina imperfecta que se deteriora con cada ciclo de trabajo. Los músculos se tensan, las articulaciones crujen, un recordatorio constante de la fragilidad inherente a la existencia. Cada pieza terminada, un pequeño triunfo sobre el desgaste, una breve resistencia a la entropía que no hará mella en el gran diseño de la nada.

Cecilia Álvarez
Cecilia Álvarez

Tuve el gusto de compartir en el Encuentro de Poetas de Salamanca en octubre de 2018 con una modesta poeta de las canarias, yo quedé profundamente conmovido al leer el libro que ella me regaló y dedicó. Ante eso, me siento obligado con tal artista, de esbozar estas palabras sobre Cecilia y sobre "Almenara de Sueños".

Carmen Laforet
Carmen Laforet (Foto: Archivo)

Nuestra Emily Bronte es Carmen Laforet. Voy a ir una semana a Tenerife y decido leer “La isla y los demonios” de Laforet, que se desarrolla en Gran Canaria, pero habla de Tenerife. Dice que los demonios son las pasiones humanas, que son mucho más de siete. Y las pasiones constituyen a las personas y ayudan a conocerlas. Y forman parte de su vitalidad profunda, de su abismo. Lo mismo ocurría en “Cumbres borrascosas” y en las obras de Shakespeare.

Se cumplen noventa años del asesinato de Federico García Lorca
Federico García Lorca
Federico García Lorca
El odio tiene mucho que ver con la envidia -desde los mitos bíblicos-. La envidia atufa a odio. Odiar no es un derecho ni una condena, sino un sentimiento privado con movilidad propia que las personas civilizadas tienen que saber llevar con cierta elegancia y disimulo público. El odio -nuestro pecado capital junto con la corrupción- se debe privatizar siempre. Politizarlo puede ser una manera de justificar un crimen. Este fue uno de los ingredientes más amargos y asquerosos que se le echó al guiso de nuestra Guerra Civil. Hubo muchas raciones que no se debieron repartir, pero se hizo por puro cainismo bíblico latente que se destapó brutalmente en un contexto bélico.
Milicianos en la Guerra Civil española
Milicianos en la Guerra Civil española (Foto: Archivo)

La Guerra Civil terminó hace casi noventa años, pero para algunas familias la pérdida de sus seres queridos no terminó con el final de la guerra. Miles de personas fueron asesinadas, desaparecieron y fueron enterradas sin que sus familias pudieran recuperar sus cuerpos, conocer con certeza qué había ocurrido o realizar un ritual de despedida. Esa ausencia no quedó necesariamente en el pasado: en algunos casos, sus efectos han llegado hasta hijos y nietos que nunca vivieron la guerra.

mexicanos lopezneira
mexicanos lopezneira

Schopenhauer y Berkeley lo teorizaban. Calderón de la Barca lo ponía en escena: La vida es sueño… el sueño, a lo mejor, del idealismo de Platón, de sus ideas inmutables y de la resiliencia a lo eterno. Quizás era así. O quizás, después de siglos, las ideas parecen no ser tan perennes, sino más bien como el río de Heráclito: cambiante, mutable, serpiente.

Las cadenas de sor Juana
Las cadenas de sor Juana

Con ocasión del “Mes de las mujeres en traducción” dedico este texto a dos excelentes traductoras, Andrea G. Labinger y Nicole Laurent-Catrice, quien es además excelente poeta, con quienes he tenido el privilegio de trabajar colaborativamente en traducciones al inglés y al francés, respectivamente, de poemas del vate chileno Gustavo Gac-Artigas.

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