Nuestro poema de cada día
20/10/2026@11:11:00
Dentro de los escritores de la Generación del 98, Miguel de Unamuno es el de mayor expresividad ideológica. Enemigo del formalismo afectado, “lucha” con el lenguaje intentando doblegarlo para convertirlo en el instrumento idóneo que sirva de vehículo de expresión a su pensamiento -tan contradictorio, tan crítico, tan dramático-; lo que le lleva a un difícil conceptismo con el que en ocasiones rebasa los límites habituales de la expresión. En efecto, su estilo se caracteriza por su viveza y expresividad. Sabe extraer de las palabras todas sus posibilidades semánticas, y su prosa, repleta de paradojas y antítesis -en la línea de su temperamento-, alcanza una extraordinaria intensidad afectiva.
Nuestro poema de cada día
Sorprende la rapidez y energía con que están trazados los perfiles físicos y psicológicos de los personajes de Pío Baroja. Y como ejemplo, ofrecemos el retrato de Yurrumendi.
Nuestro poema de cada día
Pío Baroja describe desde un convento la naturaleza de Mirambel a través de las estaciones, sus colores, sonidos y animales, en una prosa impresionista de tono poético.
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El estilo narrativo de Pío Baroja es antirretórico; un estilo de descuidada espontaneidad que no persigue la frase atildada, sino la claridad y sencillez: "Para mí -comenta Baroja- no es el ideal del estilo ni el casticismo, ni el adorno, ni la elocuencia; lo es, en cambio, la claridad, la precisión, la rapidez".
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La perspicacia psicológica de los retratos de Azorín. I
Azorín es un excelente autor de retratos literarios: además de los aspectos meramente prosopográficos (aspecto físico, indumentaria…), sabe penetrar en la psicología de los personajes retratados, ofreciéndonos una semblanza espiritual y moral que captas los más íntimos detalles de su personalidad . Sirvan como ejemplo los retratos de tu tío Antonio, y de su tía Bárbara.
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Azorín “paisajista”. II
“El cazador español” es artículo inicialmente publicado en el diario “La prensa”, de Buenos Aires, diario con el que a lo largo de una década (1941-1951) Azorín mantuvo una intensa y prolífica colaboración a distancia. Este artículo y otros textos de la misma época han sido recopilados en España en el libro antológico Cuando todo reposa, editado por la Universidad de Alicante en 2025.
Nuestro poema de cada día
La renovación estética de la prosa noventayochista tiene en José Martínez Ruiz- Azorín- uno de sus más egregios representantes. De entre todos los miembros de la Generación del 98, es el escritor de mayor concisión; y para ello emplea una sintaxis simplicísima, a base de la oración breve, con una ordenación lógica de sus elementos. Pero también es el de la mayor propiedad léxica, con un vocabulario -buscado y aun rebuscado tanto en los clásicos como en las "fuentes vivas" de artesanos y labriegos- que sorprende por su inigualable riqueza. Ese gusto por el detalle, por las pequeñas cosas cotidianas en las que no solemos reparar, le permitió a Ortega y Gasset referirse a “los primores de lo vulgar”, en afortunada expresión con que titula su ensayo sobre Azorín -de 1917-, y que resume con claridad un estilo tan personal como inigualable.
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El sombrero de tres picos, “rey de los cuentos españoles”.
El sombrero de tres picos es, sin duda, la mejor obra de Alarcón, y se sitúa en un lugar de privilegio dentro de la brillante narrativa de su época, hasta el extremo de haber sido considerada como “la perla de la narrativa decimonona”. El novelista retrata con enorme expresividad a sus personajes -salpicados de ciertos toques románticos-; posee una enorme habilidad para mantener el interés de la narración, sin dejar que decaiga la acción, urdiendo enredos argumentales que intrigan al lector; hace gala del humor y de la ironía; y exhibe un estilo ameno y fluido. No en vano, Emilia Pardo Bazán -por recoger un testimonio encomiástico de la época- llegó a llamar a la obra “rey de los cuentos españoles”.
Tusquets Editores. 2026
Tusquets presenta en este volumen dos cuentos largos de Yoko Ogawa: Una perfecta habitación de enfermo y Una mariposa en el hueco de la mano, ambos datados de finales de la década de los ochenta del siglo pasado. La traducción del japonés está a cargo de Juan Francisco González Sánchez, también traductor de Haruki Murakami o de otros títulos de la propia Ogawa.
Con razón más que suficiente, el maestro Leopoldo Marechal desconfiaba de aquellos narradores que jamás habían incursionado en la poesía (como cultores o artífices del poema). Los motivos, que Marechal no especificó, son, con todo, muy fáciles de adivinar: la música de la palabra sólo se halla (y se aprende) y reside en el ancho territorio de la poesía. La recomendación más atinada que se le puede acercar a un joven que desee incorporar para sí (o aprender en qué consiste) la musicalidad que debe tener la prosa es que lea toda la poesía española escrita en el transcurso del Siglo de Oro: no conocemos escuela más fecunda.
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Miguel de Unamuno describe Castilla como una llanura austera, seca y de contrastes extremos, y sostiene que su paisaje monótono y áspero influye en el espíritu castellano, apartándolo de lo material y orientándolo hacia lo ideal.
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El empleo emotivo de la adjetivación. III
De paseo por Monóvar, Castalla, Sax, Villena, Elda… desde su evocación por Azorín.
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Con la publicación de El caballero encantado (1909), Pérez Galdós abandona el realismo estricto de las primeras décadas de su producción para adentrarse en el “realismo mágico”, en el que los elemento fantásticos y las figuras alegóricas están envueltos en un halo de lirismo. El fragmento que reproducimos seguidamente está protagonizado por Gil, identidad mágica que adopta don Carlos de Tarsis y Suárez de Almondar, “marqués de Mudarra, conde de Zorita de los Canes», un aristócrata ocioso que explota a sus peones, convertido en un humilde jornalero de los campos de Castilla por intervención del personaje alegórico “La Madre”, que representa a España. El novelista introduce a veces pasajes de idealización de la naturaleza y del paisaje castellano; sin embargo, por lo general se centra en su cruda aridez y no tanto en embellecerlo, pues se vale de ella para denunciar el caciquismo, el abandono agrario y la miseria de la España rural. La escena de labranza que transcribimos a continuación sirve para reivindicar el duro trabajo agrícola.
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El inconfundible estilo de Azorín. II
Las estructuras sintácticas de la prosa azoriniana son muy sencillas: frente a los párrafos elocuentes y caudalosos, tan característicos de la novela del siglo XIX, Azorín prefiere el párrafo corto y las oraciones breves y simples unidas por yuxtaposición o por coordinación copulativa; y con verbos en presente de indicativo, que le permiten una mayor interacción “actualizada” con el lector -ya fuera de un tiempo y un lugar concreto-, al que no tiene reparos en dirigirse a menudo para lograr así una vía de comunicación más afectiva y afectiva. Prosa, pues, la suya despojada de toda ornamentación retórica.
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El fragmento de "Las mieles del rosal" de Ramón María del Valle-Inclán describe un paseo en barca por un río sereno, donde Eulalia experimenta nostalgia y placer. La prosa destaca por su lenguaje poético y sensorial, evocando tranquilidad a través de imágenes vívidas y una cuidadosa selección léxica que sugiere belleza y calma.
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"Pepita Jiménez" (1874) es el máximo exponente de la prosa lírica de Juan Valera. De las tres partes de que se compone la obra (“Cartas de mi sobrino”, “Paralipómenos” y “Epílogo. Cartas de mi hermano”), la primera de ellas -una recopilación de las cartas del seminarista don Luis de Vargas- posee fragmentos de un altísimo clima poético, ya sea cuando se describe idíìlicamente la naturaleza, ya sea cuando se manifiestan los conflictos que aquejan el alma del seminarista, ya sea en la forma en la que se expresa la idealización del amor.
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La humanización de los borricos, II. Con independencia del carácter poético de la prosa de Platero y yo, rica en imágenes sensoriales, nos parece oportuno subrayar esa maestría de Juan Ramón Jiménez en el uso del léxico para conseguir crear los oportunos climas afectivos. Así sucede, por ejemplo en los capítulos titulados “La carretilla” y “La cuadra”, que reproducimos y analizamos seguidamente.
Ed. Acantilado. 2026
La memoria de un autor es una parte que podría ser de lo más interesante de su testimonio literario. Y ello por varias razones: por ser él mismo el protagonista (con el buen añadido de los secretos revelados; porque no siendo él el protagonista, ha de aludir a su obra de un modo más preciso y argumentado literariamente, lo que nos revelaría una parte de su cocina de autor; porque el no argumento, según Becket, puede encerrar ejemplos de la mejor literatura…
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Azorín “paisajista”. I
Ante todo y sobre todo, Azorín es un gran paisajista. Pocos como él han sabido percibir el alma de los pueblos castellanos y de sus gentes, y evocar los ambientes vetustos -con ligero sabor arcaico- de tantos lugares de Castilla en los que el tiempo parece que se ha detenido. Azorín se ha dedicado a desentrañar las bellezas que se esconden en las áridas estepas y en las calvas y ceñudas montañas castellanas, en las antiguas ciudades provincianas y en las aldeas perdidas, sumidas en la quietud de su inmovilismo; y las ha descrito con sostenida emoción cargada de lirismo, hasta extremos tales que el sentimiento de la naturaleza es consustancial a esa evocación de la vida castellana tradicional que se desparrama por sus obras. Y precisamente de Castilla entresacamos estos textos con el título global de “Una flauta en la noche”. [El texto de Azorín está dividido en cuatro partes, tres de las cuales van encabezadas por una fecha que alude al paso del tiempo: 1820, 1870, 1900].
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El inconfundible estilo de Azorín. I
Es Azorín, uno de nuestros mayores estilistas. Su teoría del estilo queda plasmada en un capítulo del libro Un pueblecito: Riofrío de Ávila (1916) [1]. Cuenta Azorín -aunque pudiera tratarse de un mero recurso literario, similar al cervantino del autor morisco de El Quijote, el manuscrito encontrado en Toledo- que cayó en sus manos -en la Cuesta de Moyano- el libro Sentimientos patrióticos, publicado en 1791 por Jacinto Bejarano -cura párroco de la iglesia de san Martín en el pueblo abulense de Arévalo-. Y se identifica plenamente con él cuando afirma Bejarano que “El estilo es claro si lleva al instante al oyente a las cosas, sin detenerse en las palabras”; porque “De todos los defectos del estilo, el más ridículo es el que se llama hinchazón”. Y estas máximas se convertirán en la norma suprema del estilo azoriniano.
Los poquitos ratones de biblioteca que solemos escudriñar algún buen libro de Rilke, de Tc Elliot, de poetas de otras tradiciones sin duda que estamos de plácemes. La Academia Sueca en las últimas décadas ha reivindicado el papel de la Poesía en medio de un mundo de narradores contadores de historias, de esas historias que conmueven y que incluso sean capaces de tomarse como libretos para posibles películas, todo siempre en la inmediatez y por entretener antes de reflexionar o de educar.
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Pío Baroja describe el paisaje castellano que recorre Alvarito desde el amanecer hasta la noche, destacando su relieve variado, sus contrastes de color y las escenas rurales que acompañan el viaje.
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Baroja está considerado como el mayor novelista español del siglo XX. Su actitud crítica ante los defectos de la sociedad y la sobriedad de su estilo -que Azorín comparaba con el de Cervantes- le han convertido en el modelo indiscutible de nuestros novelistas de posguerra.
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Para Pío Baroja, la novela "es un saco en el que cabe todo". Y, en efecto, sus novelas son de construcción muy libre y no se ajustan a ningún plan. Predomina en ellas la acción ("La acción por la acción -dice Baroja- es el ideal del hombre”), pero no son menos importantes sus amargas consideraciones sobre la vida y la sociedad, así como la pintura de paisajes -más emotivamente líricos los vascos que los castellanos, por lo general tétricos y hoscos- y de los más variados personajes, cuyos perfiles físicos y psicológicos están trazados con sorprendente rapidez y energía.
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El inagotable acervo léxico de Azorín
El léxico de Azorín es tan variado como extenso; y lo mismo toma vocablos de la legua hablada por los campesinos y por los diferentes artesanos de los rincones de Castilla que visita -dignificando así el habla rural-, como de los escritores clásicos -empleando arcaísmos y vocablos de contenido fuertemente decadentista- y modernos -de los que sabe extraer acertados neologismos. En el artículo “La palabra y la vida” afirma Azorín que “lo que debemos desear al escritor es ser claros, precisos y concisos”. Y añade más adelante: “Cada cosa en el lenguaje escrito debe ser nombrada con su nombre propio; los rodeos, las perífrasis, los circunloquios embarazarán y recargarán y ofuscarán el estilo. Pero para poder nombrar casa cosa con su nombre… debemos saber los nombres de las cosas. Echemos una mirada por la casa y por el campo; a centenares se nos ofrecerán las cosas, los detalles, los particulares, las faenas y operaciones que no sabemos nombrar. Y, sin embargo todo eso tiene o ha tenido su nombre; debemos conocer y usar esos nombres. Si están esos nombres en el habla baja, popular, llevémoslos sin vacilar al lenguaje literario: si están en libros viejos -en los clásicos-, exhumémoslos también sin reparo”.
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El empleo emotivo de la adjetivación. II
A base de sensaciones cromáticas y auditivas, Azorín va describiendo el paisaje urbano de Yecla al amanecer.
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Si bien El sombrero de tres picos se enmarca en el realismo, hay en este cuento mucho de comedia costumbrista. Alarcón idealiza a sus protagonistas -el tío Lucas y la señá Frasquita- y embellece al máximo la relación entre ambos, envolviendo el amor conyugal en un halo de profundo calado poético. Incluso el molino en el que habitan y su entorno hacen las veces de locus amoenus y aportan un clima de felicidad extrema. El tono lírico que emplea Alarcón en el retrato de ambos personajes le sirve para poner de manifiesto que la auténtica belleza y la dignidad de las personas no depende de la clase social a la que se pertenece ni del físico corporal, y convierte a dos simples molineros en modelo de perfección humana.
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El empleo emotivo de la adjetivación. I
El siguiente fragmento está tomado de Los pueblos, obra en la que Azorín se nos muestra como excepcional observador de la realidad española, de sus campos y aldeas olvidados por el tiempo y dormidos en sus recuerdos, a los que se acerca con mirada crítica y profundo deseo de reforma.
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La perspicacia psicológica de los retratos de Azorín. II
Del texto “El abuelo Azorín” reproducimos y comentamos solo una parte, más que suficiente para extraer el retrato literario del “bisabuelo paterno”, que Azorín hace de él, basado en la interpretación de un cuadro, original de un pintor desconocido que un día pasó por Yecla, en la primera mitad del siglo XIX y, de manera casual, se topó con tan interesante personaje y tuvo la ocasión de inmortalizarlo.
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Pérez Galdós ante la “sinfonía coral” de la miseria y su espiritualización lírica
En la descripción de las tres viejas pordioseras que piden limosna a las puertas de la iglesia de san Sebastián -en la novela Misericordia-, Pérez Galdós sabe extraer poesía y belleza de la pobreza más extrema, que presenta impregnada de un lirismo que va más allá de lo puramente estético. Por muy desagradable que resulte la “mendicidad profesional”, Pérez Galdós se las ingenia para que el lector sienta una intensa “misericordia poética” ante el sufrimiento humano. El fragmento que reproducimos y comentamos a continuación, con una prosa de marcado calado rítmico, trasciende la mera visión costumbrista, insuflada por un aliento a la vez trágico y lírico.
Nuestro poema de cada día
La poetización de la pobreza extrema y de la mendicidad a través de la mirada compasiva de Pérez Galdós
A la hora de situarse ante la pobreza en el Madrid de finales del siglo XIX, Pérez Galdós trasciende el “documento social extremo” -más propio del determinismo naturalista”- para inyectar en su relato -y en particular en la descripción de lugares y personajes- un lirismo de gran eficacia estética, transido de una alta dosis de espiritualidad que lo convierte en auténtica poesía en prosa. Sírvanos como ejemplo -tomado de la novela Misericordia- la descripción de la Iglesia de San Sebastián y de los mendigos que se amontonan en sus puertas en demanda de caridad a los feligreses.
"Una novela de bandoleros", de Alejandro Marín, es una obra que te atraviesa. Una huida desesperada hacia la muerte. Un western contemporáneo.
Virginia Woolf recoge la tradición inglesa de la comedia de relaciones sociales que popularizaría por Wilkie Collins y Jane Austen para reformularla en la modernidad. “Noche y día”, una de las obras más desconocidas de la autora, supone el redescubrimiento de un lado de esta autora esencial.
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Uno de los momentos de mayor lirismo trágico de toda la obra de Pérez Galdós: Los fusilamientos de los Sargentos de San Gil
Un lirismo de tinte trágico envuelve la recreación que Pérez Galdós hace del fusilamiento de los sargentos de San Gil, un acontecimiento histórico acaecido el 25 de junio de 1866, y que dejó tan impresionado al escritor que lo recoge tres veces en su obra: aparece en la novela Ángel Guerra (1890-1891), en un episodio nacional -La de los tristes destinos (1907), novela que cierra la cuarta serie-, y en las Memorias de un desmemoriado (1915-1916). El lirismo al que aludimos se traduce en una estética de la compasión popular: el pueblo de Madrid llora desconsoladamente el destino de los sargentos condenados, y su ejecución adquiere los tintes de una tragedia compartida. Es la sublimación del dolor, revestido de un hondo lirismo elegíaco. Leamos y comentemos un fragmento en el que una trágica realidad histórica queda reflejada con la sensibilidad literaria de la que siempre hace gala Pérez Galdós.
Nuestro poema de cada día
Pérez Galdós y la reanudación de la tradición novelística española del Siglo de Oro. Es necesario llegar a Benito Pérez Galdós (1842-1920) para que se restaure nuestra tradición novelística. “Entre ñoñeces y monstruosidades dormitaba la novela española por los años de 1870, fecha del primer libro del señor Pérez Galdós. Los grandes novelistas que hemos visto aparecer después eran ya maestros consumados en otros géneros de literatura, pero no habían ensayado todavía sus fuerzas en la novela propiamente dicha. No se habían escrito aún ni Pepita Jiménez [Juan Valera, 1874], ni Las ilusiones del doctor Faustino [Juan Valera, 1875], ni El escándalo [Pedro Antonio de Alarcón, 1875], ni Sotileza [José María Pereda, 1885], ni Peñas arriba [José María Pereda, 1885]”. [1] Y, en efecto, Pérez Galdóses nuestro mayor novelista después de Cervantes, y puede emparejarse concualquiera de su siglo (Dickens, Balzac, Zola, Flaubert, Doistoievski o Tolstoi); y pocos novelistas europeos -más bien ninguno- pueden competir con él en capacidad creadora: así lo atestiguan los cerca de ocho mil personajes producto de su rica inventiva; unos personajes que sorprenden por su variedad y por su caracterización psicológica, que permite comprobar el interés que el autor siente por su condición humana.
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Juan Valera no pretendió reflejar en sus obras los ambientas más crudos de la sociedad, como hicieron otros escritores realistas, sino que se mostró partidario de “el arte por el arte” y las impregnó de un poderoso aliento lírico, Su prosa narrativa, especialmente en los pasajes descriptivos, y más si se trata de la naturaleza andaluza, está dotada de una alta carga poética que deja al descubierto su su fuerte sensibilidad estética. A modo de ejemplo, transcribimos dos fragmentos del artículo misceláneo “La cordobesa”, escrito en 1872.
Nuestro poema de cada día
La “estética mesurada” del estilo de Valera: la descripción de Rosita
Juan Valera publicó por entregas, entrre octubre de 1874 y junio de 1875, Las ilusiones del doctor Faustino, en la Revista España y, como libro impreso, en ese mismo año de 1875. El protagonista de la novela, Faustino es un personaje con sueños de grandeza, pero abúlico y perezoso, encorsetado en la debilidad de su carácter. Sirva como ejemplo lo que el doctor Faustino piensa de sí mismo: “Cuando miro el centro de mi alma, el abismo que tal vez el orgullo abrió allí, me finjo que soy grande como un dios. Cuando miro mis actos y los resortes de mi voluntad, que a tales actos me inducen, se me antoja que soy más vil que un perro. Por cierto que y en él se ha pretendido ver, al menos en su juventud, un trasunto del propio Juan Valera.
Nuestro poema de cada día
El inconfundible estilo de Azorín. III
Cuando Azorín describe, va recogiendo las sensaciones y vivencias que en él despiertan los seres descritos, al tiempo y con el ritmo en que estas se van produciendo. Así puede contemplarse en este otro texto -perteneciente a la novela Antonio Azorín- en el que el escritor descrire -en una descripción de corte impresionista, salpicada de vocablos de uso local- una casa de campo murciana.
Reseña del libro "Manual de Fechorías Sexuales"
Cuando un león jefe de la manada huele primero y luego ve acercarse un rival que aspira quedarse con sus dominios y su territorio, se dispone para la lucha. Si el que triunfa es el desafiante, el derrotado marcha hacia un espacio que los humanos, titulares del virus de la palabra, llamamos el exilio. Acto seguido aniquila a toda la prole del vencido, y aquí de nada sirve el intento de las hembras por ocultar a sus cachorros. Todos morirán. De inmediato posee a las hembras y funda un nuevo linaje.
Nuestro poema de cada día
A la etapa modernista de Valle-Inclán pertenecen las cuatro Sonatas -Sonata de Otoño, Sonata de Invierno, Sonata de Primavera y Sonata de Estío-, así como las Comedias Bárbaras y el libro de poemas Aromas de leyenda. Progresivamente, Valle-Inclán se aparta del estilo modernista y crea una prosa enormemente expresiva con la que deforma y degrada la realidad con terrible ironía y mordacidad.
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